Andrés Romero, al llegar a casa con los medicamentos.
Andrés Romero, al llegar a casa con los medicamentos. / WORD

«Me tocó la lotería el día que recibí por fin mi tratamiento»

  • Andrés Romero: Acaba de terminar el tratamiento para su hepatitis C

  • Tras cuatro años de espera, este afectado de hepatitis C respira aliviado porque en su cuerpo ya no hay rastro del virus

En la imagen de Andrés Romero que acompaña esta información se puede apreciar el brillo en sus ojos. Ese instante refleja el momento en el que llegó a casa tras recibir las cajas de su tratamiento para la hepatitis C. «Me tocó la Lotería», confiesa. Además, fue así, porque recibió la llamada de su médico el 22 de diciembre de 2016, y para él, lo de menos era que ese día cantaran los niños de San Ildefonso. En su primera revisión, a los 15 días de iniciar el tratamiento, en su sangre ya no había rastro del virus, y lo mismo, a las seis semanas. Esta terapia se prolonga durante tres meses (12 semanas), en las que Andrés ha tomado ocho pastillas cada día, seis de Ribavirina y dos de Viekierax.

Mientras se tomó estos medicamentos no tuvo grandes efectos secundarios, y los cuidados a mayores era protegerse del sol más de lo habitual y no realizar esfuerzos físicos fuertes. El momento más especial de todos era cuando en cada revisión le decían que no había rastro del virus de la hepatitis C:«Te quitas un peso de encima y respiras aliviado», confiesa. Y esa sensación todavía la tiene vigente, y resopla, porque es consciente que se ha quitado una gran preocupación de encima. «Cuando salí del hospital con los medicamentos me sentía como una pluma, flotaba». Sin embargo, Andrés también tuvo miedo, de que estuviera dentro de ese porcentaje pequeño en el que el tratamiento puede fallar, pero finalmente, no ha sido así. Y aunque dentro de seis meses tiene que volver a una revisión, puede decir que está curado.

Pero llegar a esta situación no ha sido fácil, y hay que remontarse cuatro años atrás para llegar al momento en el que por primera vez le dijeron que estaba infectado de hepatitis C. «No sé desde cuándo, nunca tuve síntomas», advierte. Todo llegó a raíz de un reconocimiento médico rutinario en la empresa donde trabajaba, donde detectaron que las transaminasas estaban altas. «Fui al médico de Atención Primaria, me repitió los análisis y vieron que los valores habían subido más», relata. En ese momento, le realizaron la prueba de la hepatitis C y dio positivo. Hasta ese momento, Andrés Romero apenas sabía nada de esa enfermedad. No tiene claro dónde se pudo infectar, aunque sospecha de un tratamiento dental que se realizó hace más de 20 años. «Lo pasas mal, le das muchas vueltas a la cabeza, sobre todo pensar si has podido contagiar a alguien, y en la primera en la que pensé fue en mi mujer», detalla. Pero ella se realizó las pruebas y estaba libre del virus de la hepatitis C, con lo que puedo respirar tranquilo.

En el primer fibroscan que le realizaron, en Valladolid, porque hasta meses más tarde no llegó a Salamanca, le cuantificaron un grado de fibrosis de F0-F1, y por lo tanto, le denegaron el tratamiento. En ese momento pensó que habría otras personas infectadas peores que él y que podía esperar. En cuanto conoció la existencia de la Plataforma de Afectados de Hepatitis C de Salamanca se sumó a su lucha y aunque a día de hoy ya está curado, su compromiso se mantiene como el primer día, y siempre estará al lado de los afectados. Andrés lamenta que la sociedad todavía de la espalda a los infectados de este virus, «nos excluyen», especialmente, en el mundo laboral. Pero como argumenta, existen medidas de prevención seguras que permiten que no se transmita la enfermedad.

Desde el diagnóstico inicial, en la vida de Andrés fueron pasando los meses, y sus revisiones, a través de más fibroscan, que determinada el grado de afectación. Al no subir del grado F0-F1, le negaban una y otra vez el tratamiento. Aunque no dudó en reclamar (por escrito) hasta en dos ocasiones.

Finalmente, y por un diagnóstico que no quería que llegase, el grado F3, a punto de sufrir cirrosis hepática, con el susto que conllevaba, Andrés Romero recibió la respuesta positiva que esperaba.