El padrino académico, Juan Antonio González Iglesias, desarrolla el solemne ritual durante la investidura de Pablo García Baena.
El padrino académico, Juan Antonio González Iglesias, desarrolla el solemne ritual durante la investidura de Pablo García Baena. / M. LAYA

García Baena recibe el Honoris Causa por «embellecer la lengua española»

  • El poeta cordobés es retratado por su padrino académico como«un soberano del idioma» durante su investidura en el Paraninfo

Es el poeta más longevo de la lírica española contemporánea. Nació en 1923 en su idolatrada Córdoba y abanderó el grupo Cántico, que germinó a partir de la revista del mismo nombre, que vio la luz en la ciudad del Guadalquivir en 1947 y consiguió extender su fértil producción literaria hasta el año 1957 con la edición de 21 números. Se trata de Pablo García Baena (Córdoba, 1923), quien atesora en su prolífica trayectoria galardones del prestigio del Premio Príncipe de Asturias de las Letras (1984) y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, este último auspiciado conjuntamente por la Usal y Patrimonio Nacional. Precisamente, el activo militante poético de ‘Cántico’ recibió ayer un nuevo homenaje con motivo de su investidura como nuevo Doctor Honoris Causa, en el transcurso de una solemne ceremonia académica en el Paraninfo que fue presidida por el rector Daniel Hernández Ruipérez.

El rector reconoció que era un honor merecido, tras los múltiples reconocimientos literarios que ha recibido el poeta a través de los años, que la Universidad de Salamanca le acogiese en su claustro como Doctor Honoris Causa. Tras recordar a María Victoria Atencia, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 2014 y amiga del nuevo doctor, el rector leyó algunos versos evocadores a Proust y a San Juan de la Cruz de sus libros ’Antiguo muchacho” y’“Rumor oculto’, destacando la presencia del pasado clásico, latino, griego y barroco en su poesía.

El poeta, profesor y padrino de García Baena, Juan Antonio González Iglesias, destacó en su ‘laudatio’ que «no deja de ser sorprendente que cada Doctor Honoris Causa tenga por padrino a alguien que en realidad ha aprendido mucho de él, de modo que el discípulo apadrina inmerecidamente a su maestro». Tras enumerar a las personas que se adhirieron rápidamente a la propuesta del Instituto de Estudios Medievales y Renacentistas de incorporar al poeta cordobés al Claustro de Doctores, el padrino catalogó la poesía de ‘Cántico’ como «una tercera vía literaria, separada de la poesía garcilasista y de la social» que «al reunir lo mejor de ambas demostró que la síntesis puede ser una forma de rebeldía».

Vínculo vivo

González Iglesias subrayó la importancia que la concesión de este honor tiene para una universidad que se encuentra a las puertas de su VIII centenario. Además, García Baena ejemplifica un vínculo vivo y directo entre los poetas de 27 y los estudiantes actuales. Tras leer fragmentos de su prolífica producción literaria, el padrino enfatizó que «García Baena es lo que debe ser un poeta: un soberano del idioma. Minucioso cual orfebre, ha embellecido la lengua española, labrando uno de los léxicos más ricos de toda nuestra literatura». También leyó el soneto dedicado a Salamanca, que el galardonado escribió en 2008 con motivo de la concesión del Premio Reina Sofía.

El poeta laureado agradeció a la Usal el galardón, ya que «conceder el doctorado a toda una obra es concedérselo a toda una vida». También dio las gracias a su padrino, al IEMYR, y a su director, el profesor Pedro Cátedra, por poner su nombre en consideración para este honor. También reivindicó a su padre poético, Luis de Góngora, originario de Córdoba al igual que él, quien «pisó las calles de esta ciudad áurea y entró también en estas Escuelas Mayores, y vio la espléndida Fachada Rica, que en piedra tenía hecho ya lo que él hizo luego con el lenguaje».

Tras su intervención inicial, el poeta dio la palabra a la profesora de Literatura Hispanoamericana, Francisca Noguerol Jiménez, quien leyó el resto del discurso, incluyendo el ‘Soneto a Córdoba’ a través del cual el autor del ‘Polifemo’ y las ‘Soledades’ retrata como ningún otro «la grandeza y el alma de una ciudad, río y torres, campos abiertos o escarpados, nobleza y saber de sus gentes».