Vista de la Rúa con la Catedral al fondo.
Vista de la Rúa con la Catedral al fondo. / MANUEL LAYA

El Plan de la Ciudad Vieja cataloga 717 bienes y añade 21 zonas para su protección

  • El documento propone crear un área de rehabilitación urbana en San Cristóbal-Las Claras

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Hace ya 29 años la UNESCO otorgó a Salamanca, concretamente a su casco histórico, el título de Ciudad Patrimonio de la Humanidad. Ha llovido mucho desde aquel inolvidable acontecimiento acaecido en 1988 y ha habido que esperar hasta ayer, 15 de febrero de 2017, para que el Ayuntamiento confirmase que uno de los requisitos indispensables que debían acompañar dicha designación –la promulgación del anhelado Plan de Gestión de la Ciudad Vieja– ya estaba plenamente redactado y podrá entrar en vigor en los meses venideros, siempre y cuando lo ratifique el pleno municipal.

El primer teniente de alcalde y concejal de Patrimonio, Carlos García Carbayo, presentó ayer los contenidos del Plan de Gestión de la Ciudad Vieja, que tiene como principal finalidad reforzar la protección y conservación del patrimonio e impulsar su puesta en valor. De esta forma, Salamanca se convertirá en la segunda Ciudad Patrimonio de la Humanidad en contar con un plan de estas características, sumando su nombre al de Ávila.

El citado plan recoge ideas, criterios y estrategias de actuación destinadas a conservar y poner en valor la Ciudad Vieja, a la vez que quiere contribuir al desarrollo económico, social y cultural, generando riqueza, empleo y oportunidades. Asimismo se concibe, según resaltó el concejal de Patrimonio, como un eficaz instrumento para mejorar la calidad de vida de los salmantinos y hacer de Salamanca una ciudad más sostenible.

El Plan de Gestión enlaza también con el acuerdo auspiciado por el alcalde en materia de patrimonio, que contempla la ejecución de 20 iniciativas durante este mandato.

Salamanca, según subrayó García Carbayo, cuenta ya con una protección avanzada del patrimonio histórico artístico a través del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) a lo que se suma, dando un paso más, el Plan de Gestión, elaborado en colaboración con la Junta de Castilla y León, impulsándose una visión más integral de la Ciudad Vieja –cuyo ámbito coincide con la primera vía de ronda–, que permitirá poner en marcha planes, programas y actuaciones que enriquezcan el patrimonio.

Entre los objetivos del Plan de Gestión figura garantizar la conservación del patrimonio urbano y arquitectónico, fortalecer su singularidad y compatibilizar los intereses de usuarios, visitantes y residentes.

Punto de partida

El Plan de Gestión parte de un inventario de 717 elementos catalogados con algún tipo de protección en la Ciudad Vieja. Establece, en cuanto a la conservación del patrimonio, medidas concretas para mejorar y revisar el catálogo arquitectónico y arqueológico existente en el PGOU, así como reforzar la normativa vigente en materia del parcelario histórico, usos y condiciones de edificación, la delimitación de los nuevos entornos de protección de los Bienes de Interés Cultural (BIC), así como introducir el paisaje como herramienta de control en la conservación del patrimonio.

El texto incluye medidas para actualizar el catálogo arquitectónico e incluir nuevos elementos de interés, como la arquitectura contemporánea y los llamados patrimonios menores, como esculturas urbanas, portales y comercios emblemáticos. También recopila el inventario de las 162 intervenciones arqueológicas llevadas a cabo en la Ciudad Histórica desde 1986 y define tres áreas arqueológicas.

La primera está configurada por las reservas arqueológicas, en las que la presencia de restos recomienda no efectuar ningún tipo de actividad arqueológica, como sucede con el Jardín de la Merced y el Jardín de Calixto y Melibea.

El segundo bloque está integrado por las áreas de cautela arqueológica, en las que existe una alta probabilidad de contener restos de fortificaciones, tramas urbanas significativas del desarrollo de la ciudad o edificios desaparecidos, como en la plaza de San Juan de Sahagún, donde se podrían ocultar restos de la iglesia de San Mateo, o la plaza de San Justo, que albergó el templo del mismo nombre. En este caso se exigirá autorización y proyecto de intervención arqueológica para la remoción de tierras.

En tercer lugar, emergen en el plan las áreas de protección arqueológica genérica y los yacimientos arqueológicos, que son las zonas extensas relacionadas con la periferia de la ciudad donde existe la posibilidad de hallar restos dispersos, como en la Vía de la Plata y la Vega del Tormes y el Arroyo del Zurguén. Para toda obra en estas zonas se exigirá la pertinente autorización.

El Plan de Gestión incorpora la prohibición expresa de modificar el parcelario histórico, restringe las instalaciones en la fachada de la edificación catalogada, limita la posibilidad de cambios de alineación y precisa las condiciones formales de rótulos, carteles y placas en las fachadas.

Sobresale en el nuevo plan la delimitación de nuevos entornos de protección de los Bienes de Interés Cultural, incluyendo en lo posible manzanas completas. Como novedad, se delimitan 21 entornos de todos los BIC, entre ellos algunos que carecían de este ámbito, como la propia Plaza Mayor, la Torre del Aire, el Palacio de Monterrey, o las iglesias de San Marcos o de Sancti Spíritus. En estos entornos de protección no se permitirán instalaciones duraderas que alteren la visión del BIC y las instalaciones de servicios, alumbrado y mobiliario deberán adaptarse a la estética de la zona, sin generar disonancias de formas, colores o materiales.

Para reforzar la conservación del patrimonio, el Plan de Gestión persigue también la protección de las vistas hacia y desde la Ciudad Vieja, para lo que establecen unas zonas de visibilidad preferente en las carreteras de acceso a la ciudad y unas zonas de intervisibilidad como en el Arroyo del Zurguén o Salas Bajas. Estas zonas gozarán de una protección para preservar la visión del paisaje tradicional, por lo que se restringirán las edificaciones que generen impactos visuales negativos, no se permitirán construcciones que alteren el perfil de la Ciudad Vieja en su visión externa, y se controlarán los materiales de los edificios y las condiciones de urbanización, así como la limitación de emisiones y la preservación del carácter natural de los espacios.

Por otro lado, el Plan de Gestión delimita un área de regeneración urbana, que es la zona de San Cristóbal-Las Claras, donde se aboga por la mejora de las edificaciones y su accesibilidad, de la urbanización y de espacios libres públicos.

El documento incorpora un programa específico de acciones sobre el espacio público y elementos patrimoniales de la Ciudad Vieja, que incluirá un plan de actuación sobre pintadas y graffitis, medidas concretas para hacer frente a la acción perniciosa de las aves, propuestas de señalización turística y actuaciones sobre bienes catalogados que sufran patologías, además de criterios para el tratamiento de los elementos vegetales y la jardinería.