Un viaje unamuniano por Francia, Italia y Suiza

Pollux Hernúñez muestra el itinerario de los viajes de Unamuno.
Pollux Hernúñez muestra el itinerario de los viajes de Unamuno. / Efe
  • El director teatral, dramaturgo y traductor Pollux Hernúñez edita un cuaderno inédito

Tenía 25 años cuando su tío Claudio le invitó a un viaje de 49 días por Francia, Italia y Suiza, y Miguel de Unamuno detalló todas sus impresiones en unos cuadernos que pueden considerarse su primera obra literaria y que ahora ven por primera vez la luz en su integridad. «Los escribí pensando para mí y sin el menor propósito de que fuese jamás publicado. Son desahogos de un muchacho», dijo el escritor bilbaíno cuando le propusieron publicarlos. Cumplidos los 80 años de su muerte que liberan su obra de los derechos de autor y del veto de los herederos, Oportet Editores publica ‘Apuntes de un viaje por Francia, Italia y Suiza’, con edición de Pollux Hernúñez y presentado hoy en Salamanca.

El volumen, de 304 páginas, recoge la transcripción completa de los dos cuadernos autógrafos, con sus tachaduras y algunos dibujos de su propia mano, además de notas explicativas, un apéndice de textos unamunianos relaciones con el viaje, un índice onomástico general y la reproducción de varias páginas del manuscrito.

«Ya en estos textos se ve al Unamuno contradictorio (...), que a los 25 años había leído todo y a todos, que escribía mucho y era radical en sus ideas, visceral, muy emotivo, un sabio por observación e intelectualmente riquísimo», apuntó ayer durante la presentación en Madrid Hernúñez, autor también de ‘Venceréis, pero no convenceréis’: La última lección de Unamuno», sobre su polémico discurso ante Millán Astray en la Universidad de Salamanca en 1936.

En 1889 Miguel de Unamuno era un joven doctorado que buscaba trabajo -no superó varias oposiciones- para casarse con su novia, Concha Lizárraga, y había publicado varios artículos. «Era un autor en ciernes», ya que ‘Paz en la guerra’, su «gran novela histórica» sobre las guerras carlistas, no llegaría hasta 1897, recuerda Hernúñez.

Por eso estos apuntes sobre un viaje en el que le fascinó Florencia y «abominó de París» y de la Exposición Universal, se consideran «su primera obra literaria», en la que «describe todo lo que va viendo con un arte unamuniano» en el que no faltan críticas y «latigazos inmisericordes contra cierta gente».

El manuscrito no figuraba en el inventario que se hizo cuando, 30 años después de su muerte, su familia donó a la Universidad de Salamanca todos los documentos que había en su casa. «Páginas inéditas, cartas, tarjetas, notas, libros comenzados, apuntes para obras...», pero no esos cuadernos de viaje.

«Cuándo y cómo salieron no lo sé», reconocía el editor, a quien se los facilitó su propietario, un coleccionista que los compró en el extranjero y que quiere guardar el anonimato. «Estoy lleno de Florencia, enamorado de ella, adivinando tiempos y cosas que apenas conozco; tengo que estudiar su historia. ¡Si estuviera ella aquí, si estuviéramos los dos», escribió Unamuno sobre una ciudad en la que, tras visitar la Galería de los Uffizi y la Pitti, quedó atrapado por la belleza de las vírgenes de fray Angélico.

Francia no le entusiasmó: la Exposición Universal, de la que conservó la entrada, le pareció «el colmo de lo cursi»; el Folies Bergère una «jaula de fieras» repleta de «desnudeces asquerosas, ojos pintados, pelos pegados a la cara, miradas de hambre, provocaciones, mucha carne como flor de estercolero», y despotricó contra la «institución» del «s’il vous plaît» (por favor), que «retrata la inmensa tontería del francés».

Pero antes de recorrer la costa sur de Francia, ciudades como Pisa, Roma, Nápoles, Pompella, Lucerna, Ginebra o Burdeos, los viajeros pasaron por Barcelona. Unamuno, que afirmó que su lengua era su patria, ya consideró por aquel entonces que «a este pueblo, para figurar en lo que vale, le hacía falta un Congreso de Diputados», «adelantándose a la historia», destaca el filólogo.

No será la única obra de Unamuno que se publique este año ya que dos biógrafos franceses ultiman la edición de su amplia correspondencia -»escribía hasta cinco cartas diarias», ha recordado Hernúñez-, un conjunto de ocho volúmenes que contendrá «muchas cartas inéditas», el primero de los cuales verá la luz este año.