El líder de la banda criminal Mara 18 ingresa en el módulo 5 de la prisión de Topas

‘El Mexicano’, de espaldas.
‘El Mexicano’, de espaldas. / Word
  • ‘El Mexicano’ encabeza una organización latina dedicada al tráfico de drogas y armas, los secuestros exprés y la extorsión a empresarios

La prisión salmantina de Topas no solo concentra en sus módulos a elementos yihadistas y miembros de ETA, sino a un amplio abanico de delincuentes altamente peligrosos. Instituciones Penitenciarias trasladó días atrás a esta cárcel, confinándolo en el módulo 5, a Juan Oliver Tobar Magaña, conocido por el apodo de ‘El Mexicano’, el principal cabecilla de la temible Mara 18 en España, que fue detenido en septiembre del pasado año en la localidad madrileña de Leganés.

Mara 18 es una banda criminal originaria de El Salvador que está especializada en el tráfico de drogas y armas, los secuestros exprés y las extorsiones a empresarios. El detenido, según informó la Policía en septiembre de 2016 con motivo de su captura, contaba con numerosas reclamaciones judiciales y portaba documentación falsa en el momento de su arresto, que fue posible gracias a la estrecha colaboración con los servicios policiales de Honduras y El Salvador. Responsables policiales de ambas naciones centroamericanas pusieron en conocimiento del Cuerpo Nacional de Policía que dirigentes de la Mara 18 habían cursado diversas instrucciones a sus miembros para que pusieran en marcha sus acciones criminales en España. Buena parte de los líderes de la Mara 18 se encuentran encarcelados actualmente, desde donde planifican y diseñan la estrategia criminal.

En realidad, los orígenes históricos de las Maras se sitúan en la década de los años 80 en los Estados Unidos, cuando estos grupos comenzaron a germinar como consecuencia de los graves conflictos y las tensiones que afloraron en la sociedad norteamericana fruto de la marginación, los problemas familiares y la delincuencia común imperante.

Aunque los primeros integrantes de las Maras proceden de El Salvador, rápidamente extendieron sus tentáculos criminales a los países vecinos, como Nicaragua, Guatemala y Honduras. También han prolongado su presencia delictiva hacia otras naciones iberoamericanas, comose ha detectado en Perú, Colombia y Ecuador.