La Encina generó empleo para alrededor de cien personas en riesgo de exclusión

Ana Fe Félix, gerente de La Encina, junto a sus compañeros, el educador social Ángel González y la administrativa Isabel Alonso.
Ana Fe Félix, gerente de La Encina, junto a sus compañeros, el educador social Ángel González y la administrativa Isabel Alonso. / MANUEL LAYA
  • Más del 50% de los 50 empleados de esta empresa están en situación de alta vulnerabilidad social

Las empresas de inserción social y laboral tienen como misión principal combatir la pobreza y la exclusión social. Un ejemplo de este tipo de iniciativas es La Encina Servicios Integrales que fue promovida por Cáritas Diocesana de Salamanca en el año 2000 y que trabaja y sigue los criterios de esta organización en aras de ayudar y apoyar a las personas más vulnerables.

Ana Fe Félix Iglesias es la gerente de esta empresa de inserción. En La Encina en la actualidad hay 50 personas trabajando, 26 de las cuales se encuentran en este momento en proceso de inserción.

Hay que tener muy claro el concepto de este tipo de estructuras empresariales para acercarse a su conocimiento. «Son estructuras mercantiles con un objetivo social, que prestan servicios y son sostenibles», explica la gerente de La Encina. Esto quiere decir que tienen que mantenerse por sí mismas, con los ingresos de su actividad profesional.

El papel de las empresas de inserción social es «favorecer y facilitar un empleo digno, que permitan a las personas formarse, adquirir experiencia y superar una situación difícil que atraviesan por no tener un empleo», anota Ana Fe Félix.

La Encina «nació en un intento de dar respuesta a los altos índices de desempleo que sufrían determinados colectivos en situación o riesgo de exclusión social durante la crisis - situación que permanece- incluso en épocas de crecimiento económico», según se puede leer en la página web www.laencinasalamanca.com, que es el sitio en el que se puede conocer la actividad que desde La Encina desarrollan. En la actualidad, La Encina presta servicios de calidad en los sectores de la jardinería, medio ambiente, limpieza, mantenimiento, plagas y desinfección. Son actividades profesionales que han ido incorporándose en un proceso de crecimiento de esta empresa de inserción laboral. La primera de las actividades, la que marcó el inicio de la andadura de esta iniciativa fue el sector de la jardinería y el medio ambiente;en 2002 comenzaron a ofrecer servicios de limpieza; y en 2013, empezaron a trabajar en el control de plagas:desinsectación, desratización y desinfección.

La evolución de este tipo de empresas tiene que ver, en mayor medida con la rentabilidad que se vaya generando, pues los beneficios han de ser destinados para incrementar el número de contrataciones y para mejorar las infraestructuras de la empresa.

Las empresas de inserción se sostienen con una filosofía basada en dos pilares, «un fin social y otro económico basado en la sostenibilidad».

Otra de las peculiaridades que destaca Ana Fe Félix de este tipo de empresas, que caminan solas una vez puestas en marcha con el apoyo de una entidad social, es que son «empresas de inserción, de tránsito, no son finalistas». Esto quiere decir que su objetivo es que las personas salgan con un oficio aprendido -no que queden a trabajar en dicha empresa-. Por ello se estipula un tiempo de entre 6 meses y 3 años para su permanencia en dicho trabajo. Esta temporalidad, marcada por Ley, está condicionada a dos cuestiones, «que haya trabajo y que el proceso de inserción no falle».

Destacar que, al igual que en cualquier empleo legal, existe un contrato, regulado por un convenio.

Ley de Economía Social

A partir de la Ley de septiembre de Economía Social se determina que «parte de la contratación pública debe ir destinada a empresas de inserción». Esto hace pensar a la gerente de La Encina que aumentarán las partidas de la administración pública destinadas a contratación de servicios por parte de este tipo de empresas. Aun así, en la actualidad el porcentaje de carga de trabajo contratada por entidades públicas como es el Ayuntamiento de Salamanca es la más fuerte de la que tiene esta empresa de inserción.

Esta medida legislativa viene a paliar, en parte, una carencia que la Administración debería cubrir. Se trata de la labor social que ejercen estas empresas de inserción cuyo objetivo no es económico sino social. «Realizamos un trabajo que debería de hacer la Administración pública, es decir, nos estamos ocupando de hacer que sean efectivos los derechos básicos que están contemplados en nuestra Constitución». El perfil de las personas que pueden beneficiarse de un contrato en una empresa de inserción viene determinado por la Ley de Empresas de Inserción. Se trata de «personas con unas características muy concretas con muchas dificultades para conseguir un empleo porque están en riesgo o en situación de exclusión social: parados de larga duración;con problemas penales;inmigrantes sin recursos; víctimas de violencia de género».

Tránsito

Una vez que los empleados terminan su tiempo máximo de empleo de inserción, tienen el apoyo de profesionales que trabajan en esta empresa, como son el educador y trabajadora social. También se les ofrece acudir a los servicios de Empleo DE Cáritas, para tener ayuda de los profesionales de la entidad solidaria y así ver facilitada su reinserción en un empleo ordinario.

Pese al gran papel de estas empresas «sin afán de lucro, enfocadas a que personas sin empleo participen en la vida activa», son en cierto modo desconocidas. Sus beneficios económicos reinvertidos en la inserción laboral de más personas en riesgo de exclusión o en exclusión se suman a otros. Al ser compañías en las que trabajan las personas expulsadas del mercado de trabajo, porque «carecen de experiencia o no tienen habilidades sociales y profesionales suficientes», asumen esas carencias, «les forman de manera integral y les ofrecen un salario».

Estas empresas generan otro aporte para la economía del país, ya que al contratar a estas personas, que antes no tenían empleo, hacen que estas «dejen de ser perceptoras de rentas y pasen a cotizar, con lo que eso supone para las arcas del Estado», subraya Ana Fe Félix.

Por el lado humano, las personas que son contratadas, pasan a ser trabajadores «con mayúsculas». Esto quiere decir que comienzan a percibir un sueldo digno, además «se forman, aprenden y toman conciencia de la nueva situación». El paso por esta experiencia, tienen grandes alicientes para quienes participan en este proceso de inserción. «La persona se trasforma de alguna manera, porque pasa de ser una persona excluida a ser incluida, a tener su peso en la empresa». Consiste en un proceso mediante el que los individuos «recobran la ilusión perdida, el sentido de formar parte». Todos estos aportes, se suman a la adquisición de competencias profesionales que ya han obtenido alrededor de cien personas a su paso por La Encina.

Otra parte es la del personal en plantilla de La Encina, que cuenta con gerente, administrador, educador, oficiales de jardinería, mantenimiento, limpieza, de control de plagas y encargadas de limpieza.