«Si la Iglesia no engancha es porque no conectamos con los problemas de la gente»

    Lauren Sevillano en la puerta de su casa de El Cubo.
    Lauren Sevillano en la puerta de su casa de El Cubo. / Jorge Holguera
    • Lauren Sevillano Arroyo - Consiliario de Frater y párroco, «Debemos crecer en calidad humana, estar más cercanos a la gente, con mayor sensibilidad hacia el mundo del sufrimiento y la pobreza»

    La provincia de Salamanca es rica en cultura, patrimonio e historia, pero también lo es en valores humanos y buenas personas. Desde tiempos remotos la Iglesia da a conocer el buen camino que guían sus sacerdotes en consonancia con el legado de Jesucristo. En la presente entrevista se da a conocer Lauren Sevillano Arroyo, sacerdote de la Diócesis de Salamanca. Fue ordenado el 2 de julio de 1995 en El Cubo de don Sancho, su pueblo natal, por el entonces obispo Mauro Rubio. En la actualidad, desde el 27 de septiembre de 2015, es párroco de Peñaranda de Bracamonte, Palacios Rubios, Poveda de las Cintas, Zorita de la Frontera, Tordillos y El Campo de Peñaranda. Además es el consiliario de la Frater (Fraternidad Cristiana de personas con discapacidad de Salamanca), labor que le encomendó el que fuera obispo de Salamanca, Braulio Rodríguez, el día 19 de octubre de 1998.

    – ¿Cómo se describiría?

    – Muy sencillo. Soy un sacerdote de la Diócesis de Salamanca, que intento parecerme a Jesús, anunciando la alegría del Evangelio. Soy muy pasional, cuando hago algo, lo hago con ganas y con mucha pasión.

    – ¿Qué le llevó a ser sacerdote?

    – En mi caso no fue un flechazo, más bien fue un proceso de enamoramiento, en el que fui descartando otros proyectos en favor de lo que realmente me hacía feliz. No hubo ‘visiones’ ni ‘apariciones’. Como personas vas madurando y poco a poco el proyecto de Jesús te va ganando el corazón.

    –¿Hubo alguna persona influyente en su trayectoria?

    –Sinceramente, la persona que más me sedujo, a medida que la fui conociendo, fue Jesucristo. A partir de ahí, claro que hay otras personas que traducen en su vida, la vida de Cristo: mis padres, el sacerdote que había en mi pueblo, un amigo seminarista,..

    – ¿Qué destacaría de su paso por Pizarrales?

    – La parroquia de Jesús Obrero en Pizarrales fue mi primer envío. Siempre he trabajado en equipo sacerdotal y nunca elegí a los compañeros. Esto te hace crecer en comunión, diálogo y humildad. Recuerdo de Pizarrales, una parroquia en sintonía con el barrio, que caminaba con la gente. Era una comunidad viva, con mucho movimiento misionero. Se cuidaba la formación humana y cristiana. Las celebraciones litúrgicas eran alegres y participativas y sobre todo había una sensibilidad especial con el mundo de la pobreza y el sufrimiento.

    – ¿Y de Alba de Tormes, qué nos cuenta?

    –Alba de Tormes y pueblos de la comarca han dejado en mi vida apostólica una marca positiva de fraternidad. Allí fortalecí el ministerio sacerdotal. Fue una experiencia de trabajo ilusionante y de entrega generosa. Cuidamos con mucho cariño el proceso continuo de catequesis en el que estaban implicados muchos jóvenes, catequistas, sacerdotes y padres. Con esta base impulsamos la evangelización. Conseguimos celebraciones litúrgicas mejor preparadas y cuidadas, en las que disfrutamos de la presencia del Señor entre nosotros, es más, desde la Eucaristía fortalecimos nuestro compromiso con los mayores, enfermos, excluidos y transeúntes, a los que facilitamos un hogar de acogida. Fue una experiencia apasionante. Por otra parte, el espíritu de Santa Teresa de Jesús alentó mi vida y fue una gozada vivir el centenario de su nacimiento.

    – Desde 2015 es sacerdote de Peñaranda de Bracamonte. ¿Qué nos dice de esta nueva etapa en su vida?

    – Hace un año y tres meses que vine a Peñaranda y a cinco pueblos de la zona. EL primer año es de aterrizaje, ver, oír, saludar, conocer a la gente, interesarme por su vida. Aquí la acogida de la gente ha sido fantástica. Solo tengo palabras de agradecimiento. Esta tierra mantiene un sustrato religioso importante. Ahora se trata de cuidar lo sembrado y a la vez, afrontar los nuevos retos y desafíos que plantea la sociedad y el seguimiento de Cristo.

    – También usted es consiliario de Frater desde el año 1998 ¿Qué aporta usted a este movimiento?

    – Hace 18 años que acompaño a este movimiento de acción católica especializado en la discapacidad. Aunque sea recurrente, son ellos los que me han enriquecido con el don de la pequeñez, la sencillez y la fraternidad. Mi tarea consiste en acompañar los procesos personales y comunitarios, de manera que se vaya dando un crecimiento y un fortalecimiento de la fe y del compromiso cristiano, es decir, acercar a estos hermanos el Evangelio y acompañarlos, como hacía Jesús.

    – Me consta que usted es muy querido.

    – Lo más importante para un sacerdote es que quiera a la gente, de lo contrario sobra todo lo demás. Dentro de la fidelidad del Evangelio a veces tienes que decir lo que la gente no quiere escuchar pero si lo dices con respeto y con cariño, las personas lo captan inmediatamente y responden de la misma manera.

    – ¿Se les exige demasiado a los sacerdotes?

    – Nadie exige demasiado, es uno mismo el que tiene que ser competente y serio en la organización y preparación de los cometidos pastorales. Pero donde nos lo jugamos es en la vida. El Evangelio es para todos y es una propuesta de vida. Todos debemos abandonar el cristianismo de tradición y pasar a un cristianismo de compromiso, es decir, pasar de una fe sociológica y heredada a una fe personal.

    – ¿Cómo ve el mundo rural?

    – Me preocupa el descenso y el envejecimiento del mundo rural. Sin embargo, los sacerdotes deseamos hacernos presentes en esta nueva realidad. Las pequeñas comunidades que nunca abandonaba la Iglesia no pueden sentirse abandonadas ahora por ella. La Diócesis debe hacer un esfuerzo de cercanía con una atención de calidad. Ellos han pasado a ser de los preferidos de Jesús y por eso deben serlo de la Iglesia

    –¿Está la Iglesia en crisis?

    –La iglesia no está en crisis porque funciona con una buena ‘pila’, la pila bautismal que nos recuerda el Misterio Pascual, que para nosotros es el centro y el camino. La Iglesia está en manos del Señor Resucitado, que la fortalece y la conduce. En mi opinión, la imagen de la Iglesia está muy deteriorada y la que se da de los sacerdotes no es real. Sin embargo debemos crecer en calidad humana, estar más cercanos a la gente, con una sensibilidad mayor hacia el mundo del sufrimiento y la pobreza. Si la Iglesia no ilusiona ni engancha es porque muchas veces no conectamos con los problemas de la gente. A mi juicio tenemos un proyecto definido pero las herramientas han dejado de ser útiles y debemos buscar otras. Me preocupa la cantidad de gente valiosa que se ha dado de baja en la Iglesia.

    – ¿Qué nos dice de la Asamblea Diocesana?

    – Tengo la sensación de haber vivido ya, en parte, lo que propone nuestra Asamblea Diocesana, en mi opinión hemos puesto en valor lo ya sabido: la centralidad de Cristo, la importancia de la fraternidad y el desafío del servicio. Es evidente que tenemos claro de dónde venimos y dónde estamos, sin embargo no se sí tenemos tan claro dónde queremos ir y qué espacio queremos ocupar en nuestra sociedad. La respuesta no está en el viento, está en los laicos.

    – ¿Algo que añadir?

    – Sí, una última reflexión al hilo de lo anterior. A nuestra Iglesia la hace mucho daño el clericalismo, es decir, que todo gire en torno a los sacerdotes. Si de verdad la Iglesia quiere conectar con los problemas del mundo y de la sociedad, debemos dar más protagonismo y responsabilidad a los laicos porque ellos conectan mejor con las realidades humanas porque trabajan y viven en ellas.