El Norte de Castilla

Puerta de acceso a la cárcel salmantina de Topas.
Puerta de acceso a la cárcel salmantina de Topas. / WORD

Detectan un brote yihadista en Topas y aíslan a un preso por su radicalización

  • Mouad Ahaik ha sido trasladado desde el módulo cinco al área de aislamiento tras ser objeto de un especial seguimiento durante los últimos meses

La cruzada contra la barbarie yihadista no la encarnan solo los operativos desplegados por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. La búsqueda y la detección de los tentáculos del sanguinario Daesh se ha intensificado también en los módulos de las cárceles españolas en los últimos meses. Y el centro penitenciario de Topas no permanece ajeno a esta estrategia.

El nuevo brote de tintes yihadistas localizado en la cárcel de Topas tiene nombre propio. El recluso en cuestión, de religión musulmana, se llama Mouad Ahaik. Los responsables penitenciarios han vigilado de forma pormenorizada su comportamiento y su actitud a lo largo de los últimos meses. Se encontraba ingresado en el módulo cinco conviviendo con presos comunes y su entrada en prisión no guardaba ninguna relación directa con posibles simpatías con el Estado Islámico o con el proselitismo yihadista.

Sin embargo, el seguimiento practicado ha puesto de manifiesto que Mouad Ahaik se había radicalizado notablemente en los últimos meses hacia posiciones yihadistas. Todo ello ha desembocado, siguiendo el protocolo marcado por Instituciones Penitenciarias para estos conflictivos casos, en su reciente traslado al departamento de aislamiento de la cárcel de Topas y su inclusión dentro del fichero de internos de especial seguimiento (Fies), un bloque del que forman parte desde reclusos acusados y condenados por pertenencia a banda armada y grupos terroristas –el caso de ETA– hasta narcotraficantes y también internos de veleidades yihadistas.

Mouad Ahaik está sometido actualmente a un estricto control para evitar que tenga contacto e intente contagiar a otros presos de creencias musulmanes en su vertiginoso proceso de radicalización.

Alto riesgo

El caso de Mouad Ahaik es uno más de los muchos a los que se enfrenta el Ministerio del Interior en las diferentes prisiones españolas, a los que está combatiendo con la puesta en marcha del denominado Programa Marco de Intervención en Radicalización Violenta con Internos Islamistas.

Los tres ejes que vertebran la aplicación de este programa abarcan tres tipos de presos con un alto riesgo de convertirse en acólitos del Estado Islámico. El primer grupo está integrado por internos en prisión preventiva o condenados por actividades yihadistas que pueden reclutar en los módulos carcelarios a potenciales simpatizantes.

Un segundo segmento, según la radiografía trazada por los responsables penitenciarios, engloba reclusos que no necesariamente están en la cárcel por terrorismo, pero se considera aconsejable controlarles ante las previsibles evidencias de que se dediquen a captar futuros yihadistas. Finalmente, el tercer bloque lo componen presos que cumplen condena o están sometidos al régimen de prisión preventiva por haber cometido otro tipo de delitos propios de la delincuencia común, como el narcotráfico y los robos, pero que, dado su perfil, resultan fácilmente radicalizables.

El programa del Ministerio del Interior aboga por desplegar medidas de reinserción con cada grupo. Incluso se prevé la colaboración y el apoyo de imanes moderados, conforme al convenio de colaboración que suscribió la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias con la Federación Islámica de España.

Los procesos de radicalización no permanecen desapercibidos para los funcionarios de las cárceles, dado que van acompañados por claros signos externos y señales evidentes que incitan a todo tipo de sospechas. Los estudiosos de la radicalización islamista en las prisiones apuntan a que los reclusos musulmanes que se radicalizan pasan de no rezar habitualmente a hacerlo cinco veces al día, farfullan frases del Corán mientras trabajan y manosean reiteradamente el rosario musulmán. Además, acostumbran a dejarse crecer la barba y se rapan la cabeza.

La versión femenina

Topas tampoco se ha librado de la presencia en su módulo de aislamiento de mujeres yihadistas. Uno de los casos que ha generado mayor impacto mediático es el de Raja El Aasemy, una chica marroquí que con tan solo 19 años fue detenida por la Guardia Civil en Gandía (Valencia) en septiembre de 2015, en el marco de una operación coordinada directamente por la Audiencia Nacional, al estar acusada de intentar reclutar mujeres para engrosar los batallones del Estado Islámico.

Raja tenía previsto entonces viajar a Siria para incorporarse a las filas terroristas del Daesh. En España y según las informaciones proporcionadas por el Ministerio del Interior, efectuaba labores de difusión del ideario yihadista a través de Internet. Raja aprovechaba el anonimato de las redes sociales para ensalzar las acciones violentas del Isis y difundía vídeos en los que justificaba las despiadadas ejecuciones y los brutales asesinatos de los combatientes del Estado Islámico. El pasado año fue trasladada desde otra prisión a la cárcel de Topas.