El Norte de Castilla

El Perrero irrumpe para cerrar el año

Los niños corren por las calles de la localidad para escapar de la constante persecución de El Perrero.
Los niños corren por las calles de la localidad para escapar de la constante persecución de El Perrero. / Word
    • Su tradicional y festivo peregrinaje por calles y casas se repite cada 31 de diciembre

    Pocos municipios españoles han sido capaces de conservar, pese al paso inexorable del tiempo, una tradición exclusiva y específica de cada 31 de diciembre. Uno de los meritorios pueblos que forman parte de esta minoría selecta es Nava de Francia, cuyos vecinos doblegaron en la mañana del pasado sábado el intenso frío reinante y las bajas temperaturas, justo cuando el calendario anunciaba el ocaso de 2016 marcando el último día del año. Y nuevamente la fiesta de El Perrero, referencia inconfundible del 31 de diciembre en Nava de Francia, encandiló tanto a los vecinos como a los foráneos que se desplazaron hasta la localidad con motivo de la celebración de una tradición festiva, que hunde sus raíces en unos orígenes paganos y que acabó siendo asimilada con el devenir del tiempo por la tradición cristiana, según destacó el concejal de cultura del Ayuntamiento de Nava de Francia, Marce Mateo.

    En realidad, la fiesta de ElPerrero estuvo precedida en la noche del viernes, 30 de diciembre, por la celebración de la tradicional cena navideña en el bar La Mata. El 31 de diciembre amaneció en el pueblo con El Perrero como gran protagonista, quien recorrió las calles y visitó las casas de los vecinos acompañado en todo momento por sus dos alguaciles. Antonio Sendín encarnó el personaje de El Perrero, ejercitando de alguaciles Álvaro Valle y Raúl Martín. Entre ellos se generó un singular contrapunto visual y estético, ya que mientras los alguaciles portaban varas adornadas con motivos florales, la indumentaria de El Perrero se caracterizaba por la sobriedad propia del viejo traje con el que se vistió para la ocasión.

    Cada visita de El Perrero a los hogares de Nava de Francia se acompañaba con la degustación de embutidos y dulces y los indispensables chupitos de aguardiente para encarar las bajas temperaturas.A primera hora de la mañana, cuando El Perrero y sus alguaciles comenzaron su periplo, los termómetros marcaban bajo cero, pero con el paso de las horas y el sol imperante, las temperaturas se recuperaron, lo que favoreció el discurrir de El Perrero por el pueblo.

    Además de llamar a las puertas de las casas para obtener algún donativo, El Perrero entusiasmó a los niños, a los que persiguió de forma divertida con un látigo para amenizar la última mañana de 2016. «Es una tradición muy bonita que yo recuerdo desde que era niño y que no me la pierdo ningún año... Para mí es mucho más importante que la Nochevieja», subrayó el edil de Cultura.

    El Perrero culminó con la celebración de una eucaristía en la iglesia y un convite por cortesía del Ayuntamiento, que sirvieron de perfecto colofón para la ancestral fiesta.