El Norte de Castilla

Yannick Carrasco sirve el ibérico

El belga Yannick Carrasco, protagonista del partido, marca en solitario el primero de sus dos goles.
El belga Yannick Carrasco, protagonista del partido, marca en solitario el primero de sus dos goles. / Laya
  • El belga, que engañó a Undiano Mallenco en el penalti que abrió el marcador y se fue con dos tantos, puso la guinda a un partido que será recordado por el lleno del Helmántico

1.655 días después, el Helmántico abrió sus puertas al fútbol de élite, y éste apenas sí se asomó con cuentagotas, en un partido que tuvo más de nostálgico que de espectáculo futbolístico. El resultado, contundente en lo excesivo, se convirtió en mera anécdota antes incluso de empezar. Los atascos kilométricos, las colas insufribles que hicieron que al borde del minuto 22 siguiera entrando gente al estadio, y un estadio abarrotado como nunca en 46 años de vida -ni siquiera aquella cita con la Arandina como testigo y entradas a un euro- recuperaron ese ambiente, genuino y especial, que solo es capaz de cocinar el fútbol. Habrá quien le parecieran pocos ingredientes, pero el duelo no dio mucho más de sí. El ambiente, el olor al Helmántico de los 90,... y Carrasco.

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Y hasta la ola mexicana y algunos tímidos gritos de ¡Hala Unión! que dieron por cerrado el partido, y la eliminatoria, cuando el estadio empezaba a dar por zanjado su homenaje.

El duelo en sí no fue sino una excusa para tirar de nostalgia y rememorar viejos tiempos. Eso sí, con unos cuantos protagonistas de excepción y un puñado de destellos que recordaron que en el campo había un equipo de Primera División. Paradójicamente el olor a ibérico lo puso Carrasco, el jugador de moda del fútbol español que, en apenas tres brochazos, desnudó a la zaga local. Por otro lado, nada que no haya hecho en las últimas semanas ante rivales de mayor empaque.

Hubo que esperar, sin embargo, a que el estadio alcanzara los 16.500 aficionados para asistir al dominio atlético, y al pequeño recital ofrecido por el belga. Había anunciado el técnico local que lo realmente importante llega este domingo ante el Racing, pero la ‘jamoneta’ se dejó notar en los compases iniciales. Solo hasta que le duró el orden y la disciplina. Y el balón.

El balón, que no el aire, le duró al Guijuelo un cuarto de hora. Primeros compases en los que no solo se permitió el lujo de discutirle el balón al Atlético sino que se mostró mejor posicionado en un campo desconocido a partes iguales. Su once -con alguna salvedad- sí tenía más memoria que el de un rival que estrenaba armas, con Saúl, Carrasco y Giménez como únicos titulares, y con sangre fresca pendiente de superar el examen de ‘cholismo’. En este sentido, Gaitán se mostró activo aunque sin chispa, producto de la falta de minutos y de ritmo; Correa estuvo aislado en su banda -desasistido por sus propios compañeros-; los jóvenes Caio y Lucas respondieron sin más estridencias; y Thomas sobresalió por encima del resto, con una mano en el centro del campo que fue de menos más y que se empezó a notar a raíz del primer tanto. Fueron 28 minutos de espera, que más parecieron parte del homenaje al viejo Helmántico y a la desaparecida Unión –minuto en el que aún seguía entrando público al campo- que de un partido de Copa del Rey. Escasa media hora para que el Guijuelo disfrutara del torneo del KO y dejara sobre el campo chispazos de Pino y Maiki, sus jugadores más creativos.

'Penaltito'

A partir del gol, un penalti que adornó Carrasco con la connivencia de Undiano Mallenco, las ilusiones del Guijuelo pasaron a mejor vida ante un Atlético que, sin poner una marcha de más, se hizo primero con el balón y después con el partido en toda su amplitud. Apoyado en un Thomas dominador en el centro del campo, aprovechó la buena sintonía de su ‘tridente’ (Gaitán-Correa-Carrasco) para sentenciar por la vía rápida. Si el penalti se le había atragantado a los de Fabregat, el segundo de Vrsaljko cuando se cumplía el tiempo reglamentario acabó por matar el partido.

El ‘cholismo’ de la primera parte se reconvirtió en la reanudación, con un equipo que, ya sí, plasmó en el campo la diferencia de categoría, apoyado durante trece minutos en uno de los jugadores más en forma de la mejor liga de Europa. Trece minutos en los que Carrasco, ayer como delantero centro, desbordó, sirvió a sus compañeros, se gustó a él y a la grada -que le correspondió poco después con una ovación en el cambio-, y tomó camino de la ducha con dos tantos. Para cuando se fue el belga, el partido ya tenía su ‘manita’ gracias a una combinación Gaitán-Correa (tándem que prácticamente estrenaba Simeone).

En la orilla contraria, cuando Fabregat quiso acordarse del Racing, le sobrevino el último contratiempo. Jonathan, que se había incorporado en la segunda parte, tuvo que regresar al banquillo por lesión con los tres cambios ya hechos.

El homenaje no dio más de sí. El postrero gol de Roberto se quedó ya sin aplausos. Todos se los había llevado el Helmántico... Sobraron bocadillos. Sobraron goles. Faltó la Unión.