El Norte de Castilla

El Banco despierta la solidaridad

    Los ciudadanos hacen entrega de alimentos en la entrada a un supermercado de la ciudad.
    Los ciudadanos hacen entrega de alimentos en la entrada a un supermercado de la ciudad. / Manuel Laya
    • Numerosas personas aprovechan esta ocasión para participar en una iniciativa que hará que no falten alimentos de primera necesidad en al menos 10.000 hogares

    Más de 700 voluntarios trabajan desde ayer y siguen en movimiento hasta esta noche, con el fin de llenar los almacenes del Banco de Alimentos de Salamanca gracias a la Gran Recogida. La caridad salmantina se ha ampliado este año en manos voluntarias para conseguir superar los 225.000 kilos recogidos en la misma campaña del año pasado. También sube la disposición de los establecimientos comerciales, con seis más que el pasado año, lo que quiere decir que hay voluntarios recogiendo alimentos en un total de 90 supermercados y grandes superficies alimentarias.

    Las personas que recogen alimentos se impregnan de la realidad que está vigente en la calle. Los voluntarios también son personas anónimas, con sus vidas por detrás que estos días se topan con la realidad de la calle. Salen a pedir alimentos destinados a los que verdaderamente los necesitan y se encuentran con quien se niega rotundamente a colaborar, quién no puede y quien da lo que puede.

    En el centro comercial E’Leclerc, en una de las rotaciones compartieron turno María Dolores Ruiz, Rafael Jiménez, la joven Pilar García-Villanova y su padre Rafael García- Villanova. Todos ellos se coordinaban en atención al protocolo establecido por el Banco de Alimentos. En una mesa habilitada para tal efecto. En un momento dado se paró una mujer que se interesó por preguntar que precisaban para comprar algo que les fuera útil. Pilar García-Villanova la dijo que sobre todo alimentación para niños y bebés. La señora entró al supermercado con la idea clara de adquirir unos productos concretos para ayudar a otras personas que no tienen lo suficiente para dar de comer a sus hijos.

    María Dolores Ruiz cuenta que un señor se acercó para comentarle que quisiera ayudar pero que no puede porque tiene en casa a sus siete hijos en paro. La voluntaria le dio las gracias dijo que no se preocupe porque ya hace bastante. María Dolores Ruiz se quedó con la imagen del rostro del varón con lágrimas en los ojos.

    Estas son algunas de las vivencias que perciben los voluntarios a pie de calle, de una realidad vigente. Precisamente estos casos son los que siguen haciendo necesaria la labor del Banco de Alimentos. Esta entidad sigue siendo muy necesaria. Lo saben muy bien personas como Rafael García-Villanova quien, en su parroquia trabaja en el reparto directo de alimentos. Este es otro de los eslabones de la cadena que evita que en muchos hogares falte lo más esencial para vivir.