El Norte de Castilla

«La palabra y la enseñanza se necesitan, solo con la palabra no alcanza»

Jorge Bucay besa a su hijo Demián con el que comparte protagonismo en su último libro, 'Padres e hijos'.
Jorge Bucay besa a su hijo Demián con el que comparte protagonismo en su último libro, 'Padres e hijos'. / Word
  • Jorge Bucay y Demián Bucay / Terapeutas y escritores, Visitan Salamanca de la mano de su último libro, ‘Padres e hijos’, en el que aportan su experiencia a este vínculo que consideran fundamental. "Todos los problemas graves de la humanidad se solucionan con educación", apuntan

Reconocido por sus libros de autoayuda -aunque no le guste el término, sus libros se estudian en las escuelas-, sus cuentos y todo aquello que plasma negro sobre blanco, Jorge Bucay ha sentado en su diván a millones de personas en los últimos años. En esta última gira se acompaña de su hijo Demián, terapeuta como él, y de su mano nos saca los colores y arroja algo de luz a ese vínculo fundamental que forman ‘Padres e hijos’. Ambos mantienen este viernes una encuentro con sus lectores y ‘pacientes’ en la librería Santos Ochoa.

–¿Hacemos muchas cosas mal?

Demián Bucay.- Para nosotros no es ningún tirones porque no creemos en esa fórmula. No funciona. Nos centramos más en la motivación, en que los hijos terminen viendo por sus propios ojos lo que es mejor para ellos. Este libro no es un manual para padres, nos centramos en el vínculo.

–¿Es un error querer criar a los hijos con el mismo manual o método que utilizaron nuestros padres?

D.B.-Es un doble error. Primero porque tenemos que pensar los errores cometidos para corregirlo e ir más allá. Y segundo porque el mundo que les toca a nuestros hijos es muy distinto, por lo tanto las mismas enseñanzas no sirven. A los hijos hay que darles herramientas, conocimientos para que ellos encuentren respuestas.

–¿Sobre la educación giran todos los problemas?

Jorge Bucay.-Es el gran problema que tiene la humanidad. Ni con más dinero, ni con penas más severas, ni con más policías, ni con planes de subvenciones de apoyo. Todos los problemas graves de la sociedad se solucionan con educación. Y la primera parte, la más importante se da en casa.

–Sabe, porque ha vivido en España, que aquí el sistema educativo se cambia cada cuatro años, cuando no es cada menos...

J. B.–Lamento comunicarte que pasa en todo el mundo, no es patrimonio de los españoles. Estuve trabajando en un sistema de rescate con chicos atrapados en la droga en México, y el cambio de Gobierno dijo que había que hacerlo todo de nuevo. Este es un problema severo. Me parece que hay políticos a los que les interesa de verdad la educación y hay otros a los que no les interesa nada. Y a estos últimos les interesa más que no haya educación.

–¿Arreglando la educación a edades tempranas pondríamos coto a problemas de adultos como por ejemplo la corrupción?

J. B.–No tengas ninguna duda. Si transmitimos a nuestros hijos conceptos como ser amigo de lo bueno, ante la elección ellos van a elegir las cosas buenas. Es un entrenamiento.

–¿Aprenden antes el atajo para llegar a la fama y al dinero fácil que todo el proceso anterior? ¿Los jóvenes quieren ahora llegar a la meta antes de tomar la salida?

D. B.–Esto es responsabilidad de los padres. De alguna manera les empujamos a que vean que el éxito es lo bueno. Y les ponemos el estudio como un mal necesario. Por eso hay que darle verdadero valor al estudio, no solo como un medio porque cuando puedan saltárselo, lo harán.

–Pero ese freno no es tan fácil. La fama fácil está en la televisión, en las redes sociales, en cada rincón,...

D. B.–Sin duda que hay algo atractivo que no hay que demonizar. Tenemos que ser lo suficientemente creativos y astutos como para contarles otras cosas interesantes en otros modos de vida.

–¿Estudiar y formarse ha dejado de estar de moda?

D. B.–Nuestra función es ponerlo de moda.

–Pero es más fácil ser futbolista.

D. B.–No creo que sea así. El niño de entrada no quiere ganar dinero con el fútbol. ¿No serán los padres los que ven billetes y entonces pervierten la pasión del hijo y la convierten en un negocio?

–‘Los hijos aprenden el 75% de lo que ven y el 15% de lo que escuchan’. La frase es suya...

J. B.–Nuestros mensajes hay que sostenerlos con nuestro ejemplo. De lo contrario, todo lo que digamos va a cer en saco roto. Uno debería hablar con los hijos permanentemente, y para poder convencer a tus hijos, tú tienes que tener razón. Y para tener razón, tienes que tener razones. Y las razones las tienes que creer tú. Motivar es convencerlo de mis buenas razones. Entonces no se trata de imponerlas, mucho menos con la mano dura, con la hostia que tanto nos gusta. No es ésa la manera. Ya no funciona ni sirve, ¡se perdió en la época prusiana!

–Reza una estadística que el 92% de los presos que recibieron educación no volvieron a delinquir.

J. B.–Yo lo ví con mis propios ojos en las cárceles de México, y te aseguro que es así. El 80 por ciento de los presos del mundo son analfabetos.

–¿Por qué optó por trabajar con presos cuando podía haber elegido cualquier otra opción?

J. B.–Bueno, trabajar con niños es una especialidad que no es para todo el mundo. Trabajar con niños no es decir casita en lugar de casa o librito en lugar de libro, tengo un profundo respeto por los profesionales que trabajan con ellos. Elegí trabajar con ellos porque es un problema grave y me dije que no es agradable pero alguien tenía que hacerlo.

–¿La palabra puede llegar a sanar? ¿Una conferencia puede curar por sí sola?

J. B.–Es un poco pretencioso decir que sí. Vamos a ver, ¿tú tomas café?

–(En este punto el entrevistador se convierte en entrevistado). Sí, todos los días.

J. B.–¿Solo o endulzado?

–Con leche y azúcar.

J. B.–Dime una cosa. ¿Qué endulza el café, el azúcar o removerlo?

–Removerlo.

J. B.–¿Y si lo remueves y no le pones azúcar, se endulza?

–No.

J. B.–No, verdad. Hacen falta las dos cosas. La palabra y la educación. La palabra y la enseñanza, todo junto. La palabra solo no alcanza.