El Norte de Castilla

Manuela Torres, en su despacho, donde atiende a víctimas de la violencia contra las mujeres.
Manuela Torres, en su despacho, donde atiende a víctimas de la violencia contra las mujeres. / MANUEL LAYA

«Cuando una mujer es asesinada, la sociedad en su conjunto ha fallado»

  • Manuela Torres / Abogada de la asociación Adavas, La letrada incide en la necesidad de formar al personal policial y judicial para que no compliquen aún más la situación de las víctimas

Abogada especialista en temas de violencia de género, Manuela Torres trabaja en la asociación Adavas, como parte de la atención integral que esta entidad ofrece a las víctimas. Porque lo imporante, siempre, es ofrecer respuestas, en todos los sentidos, a las mujeres que tienen que comenzar de cero en un estado psicológico tan frágil.

-¿Cómo está la situación de la violencia contra las mujeres en Salamanca?

Respecto de los datos de Adavas, más o menos se mantiene el número de personas atendidas. Vemos que hay un pequeño ascenso en la interposición de denuncias, pero seguimos encontrándonos con escollos como, por ejemplo, la denegación de pruebas periciales psicológicas cuando precisamente se denuncia un maltrato psicológico. También nos preocupa que se denieguen bastante las órdenes de protección, con lo que las mujeres que dan el paso de denunciar se sienten más vulnerables e inseguras.

-¿A qué se debe ese descenso en las órdenes de protección? ¿Influyen los recortes?

No tiene nada que ver, son dictámenes directos de los jueces. Lo que sucede es que falta formación en género de los agentes profesionales que tocan estos temas. Sin esa formación es muy difícil entender, por ejemplo, que una mujer que denuncia incluso un maltrato físico importante perdone a su agresor y que vuelva con él. Se trata casi como si fuera una denuncia falta o como que ella se lo ha buscado, no se comprende la situación de vulnerabilidad en la que se encuentra la mujer, de dependencia a muchos niveles del agresor. No sólo económica, que no se da en muchos casos, pero sí existe una gran dependencia emocional, y eso es difícil de entender. También hay hijos en común, y muchas veces pensando en los hijos se sigue dando oportunidades.

-¿Cómo es esa dependencia?

Muy fuerte. Incluso en casos de maltrato grave, existe. Lo que más me llama la atención cuando trabajo con ellas es la culpabilización, que no existe en cualquier otro delito. Se preocupan siempre por lo que va a pasar con el agresor, ‘que nos deje en paz, pero que no le metan en la cárcel’, me dicen. Ellas ven que toda su planificación de vida, su proyecto con esa persona, se ha venido abajo y se sienten derrotadas y con la culpa de no haber sabido hacer bien las cosas.

Una cosa común a todas es que tienen la autoestima por los suelos, hay que volver a reconstruirlas como mujeres, porque no son ni la sombra de lo que eran. No pueden ni entrar a una tienda ni hacer el más mínimo trámite porque no se ven capaces, porque ellos siempre han controlado todo. De hecho, nosotras creemos que hay que ampliar el concepto de violencia de género a la violencia económica, y también a la violencia sexual, que no se recoge en la ley.

-¿Cuánto tiene que ver en estas cuestiones la influencia social y los estereotipos?

Mucho, en nuestra sociedad las mujeres tienen que casarse y tener hijos, sino, no son válidas. Los maltratadores son sus príncipes azules de los cuentos de princesas, y lo que hacen es siempre por amor y protección. Así lo justifican las víctimas. Y esa culpa para mí es lo más llamativo. En el ámbito rural esto se incrementa más: falta de apoyos, todo el mundo se conoce, las medidas de alejamiento no tienen sentido en pueblos pequeños, donde las distancias son pequeñas. Y casi siempre es la mujer la que tiene que ocultarse e irse.

-¿Qué causas se dan para que no se interponga la denuncia?

Son varias, como miedo atroz que paraliza o la pregunta que casi siempre llega cuando se interpone la denuncia: ¿y usted por qué ha esperado tanto tiempo? También la inseguridad, el qué dirán, la desconfianza en el trato de la administración de justicia y las fuerzas y cuerpos de seguridad. No es lo mismo poner una denuncia un lunes que un domingo, porque en fin de semana hay menos personal y no están los equipos especializados. En este sentido, nos preocupa es que en España en lo que va de año prácticamente la mitad de las mujeres asesinadas –que no muertas- tenían interpuesta denuncia. Me parece espeluznante porque son mujeres que han hecho lo que debían hacer y ha sido el sistema el que las ha fallado.

-Y si la denuncia no sirve, ¿qué nos queda?

No se puede mandar un mensaje de que no sirve de nada la denuncia, porque también es verdad que hay un gran porcentaje que sí están protegidas y salen adelante. Según los datos de este año de Adavas el 90% de las mujeres que hemos atendido han roto con su agresor, que para nosotras es lo importante, que salgan del entorno de la violencia. Para nosotras es la prioridad, la denuncia es un instrumento más, que pueden utilizar o no, pero lo importante es que dejen de ser víctimas. De todos modos, queda mucho camino por recorrer, muchas cosas por hacer, tiene que haber más prevención y sensibilización, que es el 50% del trabajo de Adavas.

Afortunadamente cada vez se visualiza más, las mujeres se callan menos y se buscan recursos, algo que antes era mucho más difícil. Se van dando pasos pero se deberían dar más rápidamente porque nos siguen matando y asesinando, y cuando eso pasa hemos fracasado todos, la sociedad en su conjunto. Este problema hay que abordarlo como un problema social, un problema de mujeres, y todos, hombres incluidos, debemos ir de la mano.

-¿Y qué decir cuándo se dice que es injusto que la ley proteja más a las mujeres que a los hombres?

Es sencillo, cuantitativa y cualitativamente no tiene nada que ver. Las que sufrimos las violencia entre géneros somos las mujeres. Hablamos de cotas de poder, de que quien lo tiene no quiere dejarlo, porque ellos siempre han controlado la situación. Y además nos encontramos con la cosificación de la mujer, que es considerada un objeto más, y como tal no puede pensar, ni decidir ni protestar.

-¿Preocupa que los jóvenes no entiendan esta problemática?

Mucho. Existe un gran incremento en relaciones de gente joven, adolescentes, donde se empieza ya con unos comportamientos de desigualdad. Lo primero que se da es el control a través del móvil y las redes sociales, y también el control sobre la indumentaria, el maquillaje, de lo que las chicas pueden hablar y no. Patrones de comportamiento que vienen de la música y de determinados programas de televisión. Y es que es fundamental educar en igualdad a hijos e hijas. No se da esa educación en igualdad y muchas chicas repiten comportamientos y comentarios muy machistas.

-Como materia multidisciplinar, ¿dónde están las soluciones?

No hay una única solución, sobre todo hasta que no se entienda que esto es un problema social, mientras siga existiendo esa falta de empatía, esa falta de formación de género de los profesionales que atienden a las víctimas. Profesionales que no entienden que un simple comentario por pequeño que sea puede destrozar a la mujer en ese momento. Comentarios como ‘¿estás segura?’ o ‘¿por qué has esperado tanto tiempo?’.

Y también hace mucho daño el mito de las denuncias falsas. Alguna habrá, igual que mujeres maltratadoras. Pero no podemos centrarnos en eso. También hacen daño las denuncias cruzadas, es decir, que ellos también denuncien por las heridas defensivas que las mujeres les han podido infligir. No se investiga de forma adecuada las lesiones de ataque y las lesiones de defensa ni se aplica el delito de maltrato habitual del artículo 173.2 del Código Penal, tanto los fiscales como los jueces sólo tienen en cuenta el último hecho violento. Todo esto transmite un mensaje a las víctimas de para qué voy a hacer nada.

-¿Hay esperanza?

Sí, hay que dejar claro que la inmensa mayoría de las víctimas sale de esto. Los datos de Adavas confirman que el 90% sale y el 10% restante vuelve al cabo del tiempo. La media de interposición de denuncia está entre los 8 y 10 años y muchas mujeres no lo consiguen ni a la primera ni a la segunda y necesitan varios intentos, pero salen.