El Norte de Castilla

Versos para contener golpes

Foto de familia de los participantes en la presentación del libro, ayer en el Liceo.
Foto de familia de los participantes en la presentación del libro, ayer en el Liceo. / Laya
  • Veinte poetas unen sus voces y sus versos en el Teatro Liceo para rechazar la violencia de género con motivo de la presentación de la antología 'No resignación'

Hace un lustro escribí un brevísimo poema aforístico que, precisamente estos días tiene mayor extensión, no por la cantidad de palabras si no por la intensidad de su mensaje: «Es el mismo reloj que cambia su arena,/ mientras se habla y se habla.// Olvidemos la historia: No resignación».

De eso se trata: de no resignarnos ante las estadísticas, ante las actitudes de los simiescos seres que descargan sus frustraciones en la parte más débil: La razón no entiende; la emoción no soporta más descargas de feminicidios a la diestra y a la siniestra del mundo, abusos y agresiones allende y aquende: no hay guantes perfumados cuando el golpe; no deben haber versos con metáforas que rediman, con atavismos que alienten actitudes patriarcales y machistas.

Es común escuchar a muchos diciendo que no entienden la poesía. Y como menos es más, a efectos de demostrar lo contrario, aquí otro breve poema, titulado ‘Buena Nueva’ y escrito por el madrileño Enrique Gracia Trinidad. Lleva como epígrafe su versículo del Evangelio de Lucas, muy conocido por doquier: «Perdónalos porque no saben lo que hacen». Partiendo de esta cita bíblica: «No le digas a nadie tu nombre verdadero./ Escóndete, reniega de tu origen,/ no vuelvas la cabeza./ Tu mundo se acabó ¿era tu mundo?// Sal a la luz. Hay luz, es clara y tibia./ Deja que la sonrisa te visite de nuevo./ Haz con el miedo el último gazpacho/ y bebe a tu salud.// Pero no le perdones, porque sí sabe lo que hace». Una tarea elemental: romper el silencio; romperlo desde la familia, desde la escuela, desde los medios de comunicación… Las normas legales contra la violencia de género y protección de las víctimas pueden ayudar, pero resultan insuficientes: conmueve saber de otra y otra muerte (luto enorme, lágrima donde se cuelga media humanidad).

Apedreada antes y hoy –literalmente en ciertos países–, la mujer remonta el caudal de las libertades, es cierto, aunque todavía encalla en el muro mental de los violentos, incansables a la hora de no disfrazar su cobardía.

Un cambio de mentalidad que procure echar el lastre de esta impureza cultural: eso requiere nuestra sociedad, y la otra y la de más allá. No es fácil semejante cruzada. Ninguna discriminación, y menos esta.

Cuando –desde la Concejalía de Familia e Igualdad de Oportunidades del Ayuntamiento de Salamanca– se me propuso coordinar una antología de poemas que reivindicaran la no violencia contra la mujer, no tuve dudas en aceptar el reto, principalmente porque durante años apoyé, como jurado, el premio literario ‘Cartas a un maltratador’, desde allí impulsado.

Reto, dije. Y lo era. El balance final ha sido la antología ‘No resignación. Poetas del mundo por la no violencia contra la mujer’: una propuesta que trasciende fronteras pero que lleva el sello de nuestra Salamanca. Desde lo local hacia lo universal. Y lo más destacable, entiendo, es que en ella se acopien las voces de 63 hombres y 72 mujeres. Siendo el hombre el problema, en cuanto a la violencia de género, satisface ver la cada vez más firme y decisiva implicación de los poetas.

Y si empecé con el poeta Enrique Gracia Trinidad, es básico que termine con el texto ‘La historia de un río muerto’, de la poeta bengalí Ranjana Sengupta y traducido al castellano por el también poeta Mainak Adak. Desde la India, donde a diario sufren las consecuencias del machismo, ella nos dice: «Había un río llamado Mujer,/ Había una fuente sobre ese río:/ Se llamó Amor./ Vivió la gente en los dos brazos de Mujer,/ Había un cielo azul de caricias,/ Habían las canciones de amistosos pájaros, el murmullo/ de hojas, frutas, flores y mucho más./ Los muertos también susurraban,/ Querían volver al mundo./ Pero un día el hombre esparció/ veneno en el aire./ Se puso venenoso como la respiración del hombre;/ Hizo daño al río, el río se hizo impuro,/ Tomó su vida,/ Tampoco dejó la fuente./ El río ya está muerto./ Aún se oye el llanto/ de la Mujer muerta./ El hombre es venenoso, también es el valle./ ¿Quién llevará a Mujer/ al mundo de la vida?».

De Salamanca al mundo, y del mundo a Salamanca: No Resignación.