El Norte de Castilla

La Comisión de Fomento tendrá que decidir sobre el derribo total del Edificio España

Vista general de la fachada del Edificio España en la actualidad.
Vista general de la fachada del Edificio España en la actualidad. / Laya
  • La fachada del inmueble, que acaba de cumplir 60 años, cuenta con algunas características que apuntan a su conservación. La propietaria ha presentado un proyecto de nueva edificación para construir 26 viviendas de lujo y despachos

Era otra ciudad en la que ese concepto algo difícil de definir pero tan sencillo de identificar como centro neurálgico se encontraba bastante más al sur, junto a la Plaza Mayor. Era esta otra plaza, la de España, una gran explanada a la que daban General Mola, el parque de la Alamedilla y la Gran Vía. Era una ciudad con pocos coches, o al menos suficientemente pocos para que el ojo de Gombau retratara a despreocupados transeúntes cruzando abiertamente por la calzada, de paseo. Y coches había, al menos surtidores para abastecerlos de combustible, hasta dos.

Es solo un momento congelado en la historia de un lugar por el que ha pasado casi de todo aunque no aparezca en las postales y esa es, posiblemente, su cruz. El Edificio España ha sido una de las siluetas más reconocibles de la expansión hacia el norte de la ciudad, con la llegada del desarrollismo, y sin embargo, podría tener los días contados. De hecho, sobre la mesa está ni más ni menos que una petición de derribo total por parte de la actual propietaria, que ha proyectado en su lugar un edificio de una estética algo similar al actual, pero sin hueco para conservar ningún vestigio del que fue uno de los grandes iconos de la llegada de los tiempos modernos a Salamanca.

El pasado 31 de marzo expiró el plazo dado por el Grupo Ediesa (Edificio España, S.L.U.) a todos los inquilinos del inmueble para finalizar su estancia en el céntrico espacio. Se iniciaba el trabajo para un nuevo proyecto que finalizó presentando al Ayuntamiento de Salamanca un plan de obra que incluía el derribo total del actual Edificio España para dar paso a una construcción de nueva planta con capacidad para 26 viviendas de lujo, cinco despachos profesionales, locales para negocios y 60 plazas de garaje.

Se da la circunstancia de que el Edificio España no cuenta con ningún tipo de protección patrimonial ni urbanística y, de hecho, ni siquiera se le abrió ficha en el año 2004 en el nuevo Plan General de Ordenación Urbana de la ciudad, actualmente en vigor.

Esa circunstancia ha llevado a que la propiedad plantee una demolición total del inmueble, frente a quienes pusieron algún reparo a perder definitivamente este vestigio de la historia reciente. Por eso, a instancias del PSOE, el Ayuntamiento decidió encargar un informe a la Comisión Técnico-Artística, cuyas conclusiones se conocerán en la próxima Comisión de Fomento y Patrimonio. Será este organismo municipal quien tendrá la responsabilidad de decidir si da luz verde al proyecto tal y como se ha presentado o si, por el contrario, se condiciona la licencia a respetar algunos elementos históricos del actual edificio.

Y es que perder el Edificio España puede ser perder mucho. Aunque su actual estado tras las reformas sucesivas ha llevado a enmascarar en parte algunos de sus valores constructivos, no se debe olvidar que se trata de un trabajo destacado de Francisco Gil González, uno de los grandes arquitectos de mediados del siglo XX en Salamanca.

Uno de los estudios más serios realizados sobre este arquitecto fue el que llevó a cabo en 2014 Sara Núñez Izquierdo en su tesis doctoral. En ella destaca una de las grandes señas distintivas de este inmueble, en el que Francisco Gil quiso «abrazar la modernidad y huir del historicismo» (patente en otras de sus obras, como el edificio del antiguo Hotel Monterrey), decantándose aquí por una solución muy poco frecuente en Salamanca, el llamado ‘muro cortina’, en el que la piedra comparte su protagonismo con grandes superficies acristaladas y el uso de otros materiales como aluminio.

Este estudio es un interesantísimo recorrido histórico que quizá deba tenerse en cuenta, medirse y sopesarse, antes de tomar una decisión drástica que prive a la ciudad de un edificio que a sus 60 años cumplidos seguramente no ha contado con el reconocimiento que debería.

Según recuerda Sara Núñez, el proyecto de Francisco Gil (firmado de manera conjunta con Buenaventura Vicente Miñambres) fue el resultado de un encargo realizado en 1953 por parte del conocido empresario Elpidio Sánchez Marcos, con el fin de albergar en un solo inmueble el cine y la cafetería España, el hotel Residencia y la taberna Charra.

Para crear el nuevo inmueble se ocupa un solar de 981 metros cuadrados resultado del derribo de la antigua nave de venta y exposición de maquinaria agrícola Ajuria. Se presenta al Ayuntamiento un proyecto de 19,75 metros de altura hasta la cornisa, aprobado por la Comisión de Obras en febrero de 1955.

Se lleva a cabo una rápida construcción creando un edificio entonces marcado por una reconocible planta de triángulo escaleno con uno de sus vértices en chaflán. Hoy estos aspectos han quedado difuminados por completo con el desarrollo posterior de las construcciones colindantes.

Pero gracias a la tesis tenemos muchos detalles de cómo era el interior de aquel edificio. Por la entrada del hoy Paseo de la Estación se localizaban las taquillas, un amplio vestíbulo y el arranque de una escalera solemne que conducía hasta la sala de cine. En la entreplanta se localizaba el patio de butacas, con capacidad para casi quinientas personas, con vestíbulo y guardarropa, y la primera planta se destinaba casi totalmente al vacío del desnivel de la propia sala de cine.

En la segunda estaban los servicios, el bar y los corredores laterales para los palcos del cine, que aún veía aumentada su capacidad con el anfiteatro de butacas que ocupaba la cuarta planta -junto con la cabina de proyección- y que tenía otros cuatrocientos asientos.

Esta es la parte que hoy se ha perdido de manera irrecuperable, pero el diseño hacia el exterior todavía puede recibir la clemencia de la historia. Un diseño que combina la piedra de Villamayor con el granito y en el que sobresalen algunos detalles llamativos. En primer lugar los amplios acristalamientos que seguían la tendencia del ‘muro-cortina’ y que además de ser de una modernidad importante en su época tenían como función ofrecer unas magníficas vistas desde la zona del bar y los vestíbulos.

También hay que destacar la opción de Gil por abandonar la influencia renacentista en la decoración de los recercos de la fachada, que cuentan con una sobria apariencia. Aspecto moderno que se combina con otros más historicistas como la existencia de hornacinas para la colocación de jarrones y de dos esculturas femeninas realizadas por Damián Villar (curiosamente, en una de ellas el escultor salmantino situó en su mano una reproducción de la Victoria de Samotracia).

Esa tensión entre lo historicista y lo moderno se manifiesta también la dicotomía entre los curiosos ojos de buey en dos filas verticales, que hacen tan reconocible esta fachada, y el uso de pináculos rematados con bolas para el remate del ático que recuerda al estilo herreriano.

El resto ya es historia más conocida. En 1987 se lleva a cabo una profunda reforma que entre otras cosas levantó un piso más en el ala derecha y desvirtuó la silueta original cuyos detalles supervivientes, no obstante, siguen mereciendo una reflexión pausada sobre su continuidad.