El Norte de Castilla

«Cogemos lo mejor de todas las culturas con las que convivimos aquí»

Margareto Linares, presidente de Ciudadanos por el Mundo.
Margareto Linares, presidente de Ciudadanos por el Mundo. / Laya
  • Margareto Linares / Presidente de Ciudadanos por el Mundo, Considera que la economía sumergida está deteriorando gravemente la sociedad porque los padres apenas tienen tiempo para dedicarlo a educar a sus propios hijos

Ciudadanos por el Mundo es una federación de asociaciones de personas procedentes de otros países. Fue creada hace siete años a iniciativa de la asociación de dominicanos, con el fin de promover la unión de asociaciones de personas naturales de otras naciones que viven en Salamanca. A la cabeza de Ciudadanos por el mundo está Margareto Linares.

– ¿De qué países tienen miembros?

– Tenemos gente de diferentes continentes, de Europa, Asia, África, América. Las asociaciones que trabajan con nosotros son de dominicanos, ecuatorianos, peruanos, ucranianos, japoneses, alemanes, senegaleses y egipcios.

– Ciudadanos por el mundo, ¿Esta agrupación está formada por personas que han emigrado o que se mueven por el mundo?

– Efectivamente, somos personas que nos hemos movilizados de nuestros países de origen en busca de otras oportunidades y vendemos nuestra fuerza de trabajo con el fin de lograr un mundo mejor. Las Santas Escrituras dicen que el que no trabaje que no coma. Nos afecta mucho la inmovilidad del Estado porque somos entes sociales.

– ¿Entonces usted cree que el decaimiento del asociacionismo viene de ahí, o quizá también de los ciudadanos?

–En primer lugar de los ciudadanos, pero todo lo que afecta al ciudadano le afecta al asociacionismo. Un ejemplo es el aspecto de salud, cuando los hospitales dan un pésimo servicio, al tardar meses en dar una cita a una persona que está mal de salud. Eso está haciendo mucho daño. Por otro lado, en el aspecto laboral, los contratos basura están pesando mucho a la ciudadanía.

– ¿A qué se refiere?

– Se trata de la economía sumergida. Yo estoy convencido de que esto no se va a arreglar si el Gobierno no se afana en corregir la economía sumergida, proporcionando los valores al trabajador, que somos los primero que pagamos nuestras responsabilidades con la Seguridad Social y los impuestos del lugar donde residimos.

– Usted representa a Ciudadanos del mundo ¿Cuál es la mayor dificultad que viven esas personas que quieren salir del país propio?

– La dificultad mayor es la falta de empleo, y cuando consigues un empleo no te regenera el dinero para poder subsistir. En segundo lugar, que te matas trabajando y cuando enfermas, vas en busca de una asistencia médica que has pagado y te la dan pésimamente. Con los contratos basura, para poder llegar a fin de mes, tienes que hacer muchas horas, y eso está haciendo mucho daño al trabajador.

– ¿Y también a la salud?

– Efectivamente, y a las familias, porque cuando tiene que trabajar la mayor parte del día, hasta 15 y 16 horas, para poder llegar a fin de mes, tienes que descuidar a las familias y los hijos que necesitan del amor y el chequeo tuyo, dejan de percibir ese control que el padre tiene que darles a la familia. No puedes ayudar a tus hijos a hacer las tareas, porque tienes que dedicarte a trabajar más horas para poder pagar la casa, el agua, la luz, la basura. Eso es cuando estás trabajando, porque cuando no tienes trabajo es mucho peor.

– ¿Cómo se da cuenta usted de estas realidades?

–Yo dirijo una iglesia evangélica (la Iglesia cristiana evangélica pentecostal La Buena Semilla), donde tenemos un banco de alimentos y me doy cuenta de cómo lo está pasando la ciudadanía. Lo están pasando muy mal.

– Volviendo a Ciudadanos por el Mundo, ¿Cómo ayudan a esas personas que llegan de otros países?

– Nos preocupamos por orientar al ciudadano en sus deberes y en sus derechos. Nosotros somos los primeros que nos preocupamos por cumplir con nuestros deberes para después poder reclamar nuestros derechos.

– Parece que está usted muy implicado en ayudar a los demás.

– Desde niño me crié en esas actividades sociales.

– ¿Merece la pena implicarse y luchar por los derechos sociales?

– Ser un ente progresivo de la sociedad sí merece la pena.

– Hoy es difícil encontrar personas que se impliquen, ¿no?

– Sí, observo que se pierden los valores. La juventud no quiere respetar a sus padres y es producto de que los padres pasan el día en el trabajo, cuando llegan a su casa tienen muy poco tiempo para corregir a sus hijos. La familia es el primer órgano de la sociedad. Una familia que no educa a sus hijos, cuando los hijos van a la escuela desobedecen hasta a los profesores. ¿Qué futuro puede tener así la sociedad?

– ¿Algo tendrá bueno la sociedad?

– Pero se puede hacer mejor, porque la juventud es el futuro de un país. Si esos padres no pueden educar dignamente a sus hijos, porque no ganan dignamente para tener tiempo para dedicárselo. Ese mal se puede corregir con sueldos dignos para los trabajadores y horarios dignos, porque hoy en día la llamada economía sumergida tiene al empleado trabajando más y ganando menos. Esto es un abuso porque la mayoría de trabajadores están de esclavos, o sea que hemos retrocedido un montón.

– ¿Usted cree que interesa?

– Debe interesar el verdadero desarrollo de un país, que la juventud no tenga que emigrar como lo está haciendo por falta de oportunidades.

– Cierto.

– Si verdaderamente lo políticos quieren ayudar al país, deben trabajar para toda la sociedad, no sólo para los ricos, sino también para los pobres, que verdaderamente son los que venden su fuerza de trabajo para sobrevivir. Ahí está el descontento de la sociedad que no quiere ir a votar el día de las elecciones, porque se encuentra defraudado por los políticos.

– ¿Las asociaciones realmente funcionan?

– Las asociaciones tienen una importante labor en la sociedad y nosotros la llevamos a cabo, estamos constantemente dando charlas tanto en asociaciones de vecinos como de mayores sobre la dominicanidad.

– ¿Cuándo se está lejos del país propio es importante estar en contacto con compatriotas?

– Sí, desde el asociacionismo damos calor a esa gente entendiendo las necesidades que tienen de familiaridad; damos apoyo, tanto moral como espiritual, que es importante;y les orientamos sobre el conocimiento del lugar en que viven;nos reunimos para celebrar los días festivos de nuestro país;les ayudamos a integrarse. De todas las culturas que convivimos aquí, cogemos lo mejor de cada una y dejamos lo malo a un lado.