El Norte de Castilla

Más de 3.000 velas guían la velada por los difuntos en Mogarraz

Algunos de los participantes en la Noche de Almas Blancas que se celebró ayer en Mogarraz durante el recorrido.
Algunos de los participantes en la Noche de Almas Blancas que se celebró ayer en Mogarraz durante el recorrido. / MARÍA JESÚS GUTIÉRREZ
  • La Noche de Almas Blancas volvió a reunir a vecinos y visitantes que recordaron a los que ya no están

España es un país que tiene una interesante relación con la muerte, puesto que forma parte de nuestra cultura y buena muestra de ello es la escena que se repetía ayer en todos los cementerios del país, donde los vecinos de pueblos y ciudades se congregaban en familia para ir a visitar a los que ya no están.

Esta relación se hace aún más fuerte en el mundo rural, donde las costumbres han cambiado de una manera más pausada y siguen permaneciendo ritos de otras épocas que nos conectan con nuestro pasado.

Uno de esos ritos, relacionado con la muerte, es el de la Noche de Almas Blancas que, desde hace unos años, se recuperó en Mogarraz en la noche del 1 de noviembre, Día de Todos los Santos. Una noche en el que las velas iluminan el camino de los vivos durante su velada por los muertos, a los que mantienen con cariño en su recuerdo.

Ayer, más de 3.000 velas blancas –pues esas son las que puso el Ayuntamiento y a las que hay que sumar un centenar puestas de manera particular por los vecinos– iluminaban las calles, colocadas en los laterales de las mismas, en las escalinatas y en los poyos frente a las casas, en cuyas paredes, los rostros del pasado pintados por Florencio Maíllo, miraban desde sus cuadros la comitiva.

Mientras duraba el recorrido, las campanas de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de las Nieves no dejaban de doblar, acompañando así a una comitiva que se detenía constantemente para entonar diferentes letanías que eran iniciadas por las Mozas de Ánimas –cargo que este año ha recaído en Teresa Hernández y Magdalena Maíllo–, quienes, esquila en mano, iban iniciando las oraciones por los difuntos, tras las cuales AntonioCea entonaba una canción.

La procesión –en la que muchos vestían de negro y algunos incluso portaban las tradicionales capas– se inició junto a la ermita del Humilladero, finalizando en el Cavernario, donde Cateja Teatro representó una leyenda relacionada con la muerte. Tras el solemne acto, en la Plaza Mayor, se dio paso a la celebración del magosto, al que se invitó a participar a vecinos y visitantes, agasajándolos con castañas asadas.

Una celebración, la de la Noche de las Almas Blancas, que pone de manifiesto ese vínculo entre la vida y la muerte y cómo la gente, especialmente en los pueblos como Mogarraz, sigue manteniendo esa conexión tan especial con sus seres queridos, incluso más allá de la vida terrenal, honrándolos no solo con flores y lágrimas de añoranza, sino también con homenajes y fiestas como esta, en las que se recuerda a los que ya no están, pero celebrando a la vez la vida.