El Norte de Castilla

Asesinato ficticio en Salas Bajas

    Un maniquí fue utilizado como supuesto cadáver en la práctica de campo por los miembros de la Unidad de Análisis de la Conducta Criminal.
    Un maniquí fue utilizado como supuesto cadáver en la práctica de campo por los miembros de la Unidad de Análisis de la Conducta Criminal. / Manuel Laya
    • La Unidad de Análisis de la Conducta Criminal de la Usal recrea un homicidio como práctica de campo

    Una anónima mujer con el rostro desencajado y una poblada cabellera rojiza yace inerte en la verde hierba. Unas cintas rojas y blancas que anudan los árboles hacen presagiar la presencia policial en una de las zonas de las instalaciones deportivas de Salas Bajas, que ha sido acordonada de forma rigurosa para impedir el paso de los impertinentes curiosos. Los atléticos jóvenes universitarios que eliminan grasas y estilizan sus gimnásticos cuerpos corriendo por las pistas, bajo un sol radiante que se muestra especialmente generoso en el último día del mes de octubre, no se han percatado del terrible suceso.

    Dos diligentes miembros de la Policía Científica, reconocibles por sus inconfundibles uniformes blancos que los retratan a la perfección siempre que acontecen crímenes y asesinatos, rastrean la zona en búsqueda de indicios. A unos pocos metros, cuatro efectivos de la Policía Judicial, ataviados con los pertinentes chalecos amarillos, observan de forma atenta el meticuloso y laborioso quehacer de sus compañeros. El cuerpo de la desdichada fémina, que evidencia por la rigidez de sus miembros su inevitable condición de cadáver, sigue alumbrando las pesquisas de los agentes policiales.

    La búsqueda de hallazgos no cesa y, finalmente, las indagaciones policiales cosechan el fruto apetecido.A una distancia relativamente próxima del cadáver se descubre una pistola –todas las hipótesis iniciales apuntan a que se trata del arma utilizada por el autor del crimen–, pero también se vislumbran una colilla sospechosa –quizás el autor del horripilante homicidio fumaba– y también un casquillo de bala nueve milímetros parabellum. Por si fuera poco, el cadáver presentaba un orificio de bala en una sien. La previsible teoría del asesinato se confirma, pero la identidad del posible criminal es una incógnita por despejar que obligará a los agentes policiales a estrujar su inteligencia para localizar al auténtico culpable de esta macabra fechoría.

    En realidad, todo lo narrado anteriormente no se ajusta propiamente a la realidad, ya que se trata de la ficticia recreación de un supuesto asesinato.Se trata de una práctica de campo, organizada por profesores y cuyo destinatarios finales son los estudiantes, auspiciada por la dinámica e innovadora Unidad de Análisis de la Conducta Criminal de la Universidad de Salamanca. Se trata de un equipo absolutamente pionero en la realidad universitaria española, que está vinculado al Grado de Criminología de la Usal y que está marcando tendencia en el alicaído panorama universitario español. No en vano, en las universidades de nuestra nación se echaba de menos una investigación académica específica sobre las conductas y los perfiles criminales, ya que tradicionalmente esta práctica se ha circunscrito exclusivamente a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. En cambio, en otras latitudes –el caso del Reino Unido– este singular tipo de unidades académicas se encuentran insertadas en los tejidos y los organigramas de las universidades.

    La práctica de campo desarrollada en Salas Bajas, con la activa participación de profesores y miembros de esta unidad que emularon y asumieron el rol propio de los componentes del servicio de criminalística de la Policía Científica y la Policía Judicial, se ha materializado en la recopilación de un conjunto de supuestos indicios y pruebas, que obligarán a los estudiantes a confeccionar, como actividad posterior a desarrollar en las aulas, un modelo de investigación para esclarecer las circunstancias y la autoría de este supuesto asesinato. Así coinciden en ponerlo de manifiesto el director y el subdirector de la Unidad de Análisis de la Conducta Criminal, Francisco Javier de Santiago Herrero y Luis Miguel Sánchez Gil, respectivamente. «Con los indicios recogidos, los estudiantes deberán hacer una investigación, fundamentando siempre sus argumentaciones» en relación a cómo sucedieron los hechos y sobre el perfil del posible o los posibles autores del asesinato.

    En el ficticio crimen se procedió a «un doble acordonamiento» de la zona, según recalca Luis Miguel Sánchez Gil, tanto del lugar específico donde apareció el cadáver –se trata, en realidad, de un maniquí al que se hizo un orificio en su cabeza para simular un supuesto disparo de bala en la sien– como de los espacios contiguos. Precisamente, muy cerca del cadáver apareció una pistola, el citado casquillo de bala y una colilla de tabaco. A partir de estos hallazgos, se abren muchas vías para la investigación, como que el imaginario asesino se desprendió intencionadamente del arma en el lugar de los hechos o, por el contrario, que demostró ser una persona descuidada y alocada totalmente al arrojar el arma, con el riesgo evidente que supone para él haber impregnado con sus huellas la pistola.

    La rigurosa metodología desplegada por esta unidad incluyó la recogida por la supuesta Policía Científica de todos estos indicios, desde la pistola al casquillo, con el fin de ser puestos en común con la Policía Judicial. Cada indicio fue señalado pertinentemente, calcando el método empleado por las auténticas policías Científica y Judicial cuando se registra un crimen. Las pruebas son valoradas, dando pie a la redacción de informes y la posterior articulación de investigaciones por los propios estudiantes.