El Norte de Castilla

El panteón de la popularmente conocida como ‘la Corneja’, rodeado de fuertes vallas.
El panteón de la popularmente conocida como ‘la Corneja’, rodeado de fuertes vallas. / C.H.

De la sencillez al lujo suntuoso de la morada final

  • El panteón de Teresa de Zúñiga y Cornejo sorprende desde hace más de 100 años por su volumen y formas románicas

Cuenta Victoriano Martín que en el cementerio de Salamanca «el único importante es don Miguel de Unamuno y como importante que fue, tiene la tumba más sencilla». Y es que la tumba del que fuera rector de la Universidad de Salamanca e insigne escritor es un sencillo nicho escondido entre otros similares, sin ningún tipo de referencia especial, más allá del nombre y de la inscripción que habla del «duro bregar» al que tuvo que enfrentarse el intelectual en su vida.

Contrasta esta digna sencillez con otros lugares del camposanto, creados a mayor gloria de sus eternos ocupantes. Entre los panteones destaca, sin lugar a dudas, el que acoge los restos de Teresa de Zúñiga y Cornejo, conocida en la ciudad como ‘la Corneja’ y famosa por el pleito que mantuvo con el Ayuntamiento de Salamanca en defensa de su casa, situada en lo que hoy es la Rúa Mayor. Su panteón, en el que fue inhumada en 1912, imita a una iglesia románica y está rodeado de una amplia extensión de terreno, en otro tiempo jardines, y de una fuerte valla que impide el acceso a los curiosos. Constituye sin duda un legado de otro tiempo muy diferente al actual y de otro modo de enfrentarse a la muerte. El enterramiento de Teresa Zúñiga fue el último que allí se realizó, y no hay constancia de herederos o familiares que quieran ocuparse del mausoleo, a cuya lúgubre y fantasmagórica estampa contribuye inclemente el paso del tiempo.

Aunque menos suntuosos, existen también otros panteones anteriores al de Teresa de Zúñiga, como el de doña Laureana Ramos de Alosal, el de los marqueses de Villa Alcázar o el de la familia Brusi, todos procedentes de diferentes momentos del siglo XIX.

Y tumbas de personajes reconocidos en la historia de la ciudad son, por ejemplo, la del profesor Dorado Montero, situada en lo que era el cementerio civil, o la de Serafín Holgado. También estuvo enterrado en San Carlos Borromeo el músico Doyagüe, pero tras su frustrado traslado al panteón de Hombres Ilustres de Madrid, descansa en la capilla de Santa Catalina de la Catedral Vieja.