El Norte de Castilla

La Academia defiende que la fisonomía de Los Bandos es «historia de la ciudad»

    Imagen de la plaza de los Bandos en el siglo XIX.
    Imagen de la plaza de los Bandos en el siglo XIX. / Word
    • Destaca el ambiente «modernista» que otorga al espacio de la céntrica plaza el actual arbolado, que contrarresta el predominio de la piedra, y que desaparecería en el nuevo proyecto

    Desde el inicio de la ciudad, al menos desde el siglo XII, ha sido un espacio vivo, paso obligado en las idas y venidas de los salmantinos. Se fueron levantando y derribando edificios, iglesias, conventos, palacios de gran porte y casas modestas para ir configurando un espacio que nunca se ha librado del debate. Aunque paseando por ella puede disfrutarse como en pocos lugares la paz del atardecer, sobre la plaza de los Bandos parece empeñada en posarse la polémica. En los últimos años, el espacio se libró milagrosamente de la piqueta en un proyecto que pretendía construir en las entrañas de la ciudad monumental un aparcamiento subterráneo. Enterrado ya ese proyecto, la propuesta de reforma integral presentada este mes por el equipo de Gobierno de Alfonso Fernández Mañueco ha vuelto a levantar una inmensa polvareda.

    El alcalde defendía su propuesta señalando que la plaza necesita una intervención «desde hace años» y que se pretende crear un espacio «de encuentro para los salmantinos y visitantes», mejorando la contemplación de los edificios del entorno.

    La manera de materializar esas expectativas, sin embargo, ha deparado un abierto rechazo desde diversos sectores sociales. Ecologistas, asociaciones patrimoniales, arquitectos, geógrafos, cuestionan una intervención que aunque sobre el papel promete «duplicar» las zonas verdes existentes, lleva en la otra cara de la moneda la necesidad de eliminar (trasladándolo al vivero municipal, promete el Ayuntamiento) el actual arbolado de la plaza, retirar su característica bancada y, en general, seguir un diseño urbano decidido en su día para remendar lo más estéticamente posible las cicatrices que iba a deparar irremediablemente la construcción del aparcamiento subterráneo.

    Informe técnico

    Aunque el Ayuntamiento apoya su propuesta en un informe de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, la única constancia de ese dictamen es el anuncio que de él hizo en su día el equipo de Gobierno del entonces alcalde Julián Lanzarote. En ese momento, el informe, se aseguró, no ponía reparo alguno al subterráneo y planteaba simplemente una serie de soluciones estéticas para la superficie.

    Por el contrario, sí es de público acceso un informe de la Real Academia de la Historia realizado en el año 2006 en el que defiende «la importancia que ofrece la actual fisonomía de la plaza, que forma parte de la historia de la ciudad de Salamanca». En concreto, la Real Academia habla de una «indudable personalidad» del entorno urbanístico y además subraya que eso se consigue «en gran medida gracias al conjunto de buenos árboles que representan una indudable riqueza urbanística en una ciudad que se caracteriza por predominio de la piedra».

    El académico encargado de redactar el informe advierte en aquel momento que debe ser «tenido en consideración» este valor aportado por el arbolado «casi centenario»» de la plaza y considera –año 2006- que su desaparición «no se puede justificar por la construcción de un aparcamiento».

    Aunque superada ya la amenaza del subterráneo, los argumentos de la Real Academia de la Historia parecen seguir teniendo validez, en cuanto a la recomendación de «extremar todos los cuidados» antes de acometer una intervención como la de Los Bandos, ya que «afecta a una zona muy próxima al centro histórico de una ciudad tan reconocida como es Salamanca, con monumentos, calles y plazas de tanto sabor por su personalidad, calidad artística e histórica, que justamente ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad».

    Un cuidado que parece haber sido atendido finalmente por el equipo de Gobierno, en cuanto a que ha decidido dar un frenazo a su plan inicialmente previsto y convocar un grupo de trabajo que analice la mejor manera de intervenir en la plaza, dándose por hecho que en la práctica supone comenzar ‘de cero’ otra vez el proyecto de reurbanización. Un grupo al que, por el momento, no ha sido invitada a participar, por cierto, la Real Academia de la Historia.

    Modernista

    «El centro de la plaza lo ocupa un parterre de planta ovalada con buenos árboles, que dan al conjunto un cierto ambiente modernista, propio de la época en la que se construyó, resultando el ambiente relativamente armonioso». Así describía precisamente la institución académica el estado actual de Los Bandos, entendiendo ese ambiente modernista no por lo que aportan los edificios, sino por la fisonomía a la que contribuyen de manera importante los árboles y el banco corrido de pedestal de granito y respaldo y jarrones de hierro fundido, realizado por Moneo en el siglo XIX, que llegó aquí tras ser retirado de la Plaza Mayor.

    Es la silueta más reconocible de una plaza que, según destaca Enrique García Catalán en su estudio sobre el urbanismo salmantino, tuvo su origen en la construcción en 1104 de la iglesia románica de Santo Tomás Apóstol (santo Tomé), consagrada en 1136 por el obispo Berengario y en torno a la que se irían arracimando casas de los feligreses hasta acabar por configurar en el siglo XVI un típico recodo urbano parecido al que hoy se conserva en torno a San Benito.

    Derribo de la iglesia

    En el siglo XIX, momento de escasa valoración del románico, los vecinos son partidarios de derribar la iglesia (por ser «estrecha, insegura y carente de preciosidades artísticas) y se acomete su demolición en 1858. Es el Ayuntamiento quien asume la tarea de derribo y desmonte del espacio, pagando al obispado por el terreno 11.384 reales y quedándose la piedra y los sepulcros monumentales del interior de la iglesia.

    Se sacaron 2.500 carros de piedra, que fueron destinados a urbanizar la calle Zamora y a las obras de la Casa Consistorial de la Plaza Mayor, mientras que algunos sepulcros fueron vendidos al cuartel de la Guardia Civil para su uso como abrevaderos de caballos y otros, los inscritos, conservados.

    En 1859 se declaró no edificable el espacio ganado con la operación y, desaparecida la iglesia que le daba nombre, la plaza dejó de ser de Santo Tomé para llamarse plazuela de Los Bandos. Lugar que hasta 1867 y gracias a unos fondos aportados por la Diputación no pudo ver iniciadas las labores de ajardinamiento. Fue Secall el autor del proyecto en el que se invirtieron 20.000 reales para eliminar el viejo empedrado, rebajar el nivel a pico y pala y preparar la zona de compostura de jardines.

    Pero no fueron las últimas obras, ya que en 1872 ante la deficiente estabilidad del terreno, Secall encarga a Antonio Bazán el uso de barrenos de pólvora para rebajar la cota y lograr la horizontalidad. Parece que en esta operación se fue la mano y se rebajó la rasante de más, obligando a edificios como el Palacio de Garcigrande a construir escaleras de cantería (que todavía hoy se conservan) para salvar el nuevo desnivel, mientras que la Iglesia del Carmen repercutió este gasto (914 pesetas) al Ayuntamiento.

    En 1879 en las actas municipales se habla del inicio de la construcción en la plazuela de unos jardines «a la inglesa» y según recoge García Catalán, se dota al espacio de dos fuentes: una de piedra en el centro de la plaza (la actual y característica fuente) y otra más sencilla con un pedestal de hierro en uno de los laterales, hoy desaparecida. Avatares y avatares. Pura historia de la ciudad.