El Norte de Castilla

Amigos de la hija de la fallecida la arropan en un portal próximo.
Amigos de la hija de la fallecida la arropan en un portal próximo. / S.G.

«Isabel era una buena vecina»

  • Los residentes del barrio de la mujer fallecida aseguran que no habían escuchado ruidos que hicieran presagiar lo ocurrido

  • Parece que la intención de Isabel Paixao era trasladarse a Salamanca para poder trabajar allí y estar más cerca de su hija, Katia Rodríguez

Se podría decir sin temor a equivocarse que Fuentes de Oñoro es uno de esos pueblos especiales por varias cuestiones. En primer lugar, está el hecho de que la frontera con Portugal siempre ha marcado el ir y venir de personas, no solo de esta nacionalidad, por lo que no es para nada extraño que la propia Isabel decidiera hacer aquí su vida. El municipio está dividido entre lo que se conoce como Fuentes de Oñoro y el poblado una circunstancia que supone que las 1.070 personas aquí censadas están distribuidas por varias zonas y que de una punta a otra haya por lo menos un par de kilómetros.

Además, los vecinos de Fuentes de Oñoro destacan por contar con una gran mentalidad empresarial y aquí se concentran varios cientos de puestos de trabajo que son bien aprovechados por lo que se conoce como el Campo de Argañán, en la comarca de Ciudad Rodrigo.

Dicho esto, algunos de esos vecinos eran los que hablaban ayer de Isabel, «una más entre nosotros».

Una mujer de su propio portal que prefirió ocultar su nombre, comentó que «era una buena vecina» y que «no he odio nada, ni gritos ni nada; me he enterado de lo sucedido tras abrir la ventana y ver a la Guardia Civil y es más, en un primer momento, he pensado que estaban buscando al portugués que hace unos días había matado a un agente de la Guardia Nacional Republicana».

Esta vecina insiste en que «de puertas para adentro no se sabe lo que pasa en casa de nadie» pero que ella «no oía ruidos, ni voces, ni nada».

Al menos en los últimos tiempos porque «cuando lo de 2005 sí que se oyeron golpes y voces».

Cuenta como anécdota que «hace unos días, no había luz en el portal y dijo que no había desayunado y yo que ya había preparado café la invité a mi casa». En relación al marido, Ángel, también habla de un «trato correcto» a pesar de que «había más confianza con ella, con él era más de hola y adiós».

La versión de los vecinos de esa calle peatonal, cercana al cuartel de la Guardia Civil y, en cierta medida, apartada del centro neurálgico, era igual o parecida. La conocían desde hace años y nada les hacía pensar en un desenlace de este tipo.

En una tienda se les había visto la tarde antes del suceso, desde el coche habían saludado a otros vecinos, en definitiva, todo dentro de la más absoluta normalidad.

Llama también la atención que en otros pueblos, quizás más pequeños en cuanto a población, la zona del suceso hubiera estado repleta de curiosos o gentes que querían conocer lo que había sucedido pero tras acordonar la Guardia Civil la zona, en el lugar no se vieron más de media docena de vecinos a los que les temblaba la voz a la hora de pronunciarse sobre lo sucedido. Es más, era mayor la presencia de periodistas y de medios que querían hacerse eco de la información que de lugareños.

Entre esa gente del barrio, una vecina contaba desde su ventana que «estaba pensando en irse a vivir a Salamanca para poder trabajar allí y estar más cerca de la hija, Katia, que vive allí y es militar y además, a él le hubiera pillado más cerca cuando hubiera venido del País Vasco de trabajar».

Otras personas de Fuentes de Oñoro definen a Isabel como «una bendita, muy trabajadora» y de hecho, trabajó unos 14 años con el matrimonio que en aquel momento regentaba el restaurante El Frango, «la querían como a una hija», dicen otros conocidos.

Posteriormente, siguió desempeñando su tarea en ese mismo establecimiento hostelero otros dos años, pero desde octubre del año pasado ya no trabajaba allí. Su último jefe, de nacionalidad portuguesa, la define como «buena persona y trabajadora», y argumenta: «es una de esas cosas que parece que nunca van a pasar cerca pero pasan, y lo estamos viendo en estos días en Portugal con el hombre que ha matado a un agente de la Guardia Nacional Republicana». Las personas que acudían habitualmente allí a comer, un restaurante ubicado junto a la antigua nacional 620, se explican en los mismos términos: «trabajadora, amable y nunca dio un problema». Cuando llegó a Fuentes de Oñoro con apenas, 20 o 21 años procedente de su Portugal natal, también trabajó en la hostelería, en concreto, en un hotel que con el tiempo se convirtió en un bar.

Cifras

Después de lo sucedido, y como las versiones siempre son muchas, son más de uno y de dos los que sostienen: «esto estaba escrito» y quienes aseguran que en alguna ocasión se la había visto con el ojo morado.

Si el suceso de Fuentes de Oñoro, tal y como apuntan todos los indicios, es un nuevo caso de violencia de género, en lo que va de año en Castilla y León se confirmarían cuatro víctimas mortales.

El primero de esos aseinatos se produjo en abril en Salamanca; el segundo en Aranda de Duero en julio y el tercero en Arévalo a primeros del mes de octubre, por lo que en el mismo mes, se habrían registrado dos víctimas.

Según datos del Sistema Viogen del Ministerio de Sanidad y Servicios Sociales, que coordina la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género, a 31 de julio de 2016 existen en Castilla y León 42 dispositivos electrónicos (pulseras) y 372 teléfonos de Atenpro. Además, 2.491 mujeres tienen atención policial, de las cuales, 636 cuentan con protección policial. En total, 2.254 mujeres han utilizado el teléfono de atención a la violencia de género, 016.