El Norte de Castilla

Salamanca concentra la mayor parte de las agresiones por orientación sexual

    Concentración organizada por Iguales en la Plaza Mayor de Salamanca
    Concentración organizada por Iguales en la Plaza Mayor de Salamanca / Word
    • La provincia registró en 2015 cuatro de los cinco hechos denunciados en la Castilla y Léon y este año ya se han producido tres hechos graves

    La mayor parte de los análisis sociológicos recientes ponen de manifiesto una realidad difícil de asimilar. Europa se está volviendo violenta y llena de odio. Odio contra la diversidad, ya sea racial, religiosa o de orientación sexual. Un problema que no se queda en ser una simple formulación genérica, relacionada con las grandes poblaciones. También pasa aquí, a nuestro lado. La difusión de la escandalosa concentración de hasta tres agresiones en una sola noche a chicas de orientación lésbica en la zona de ocio salmantina ha encendido todas las luces de alarma.

    El colectivo Iguales asegura que, desgraciadamente, no es un hecho aislado. «Sabemos que estamos en un momento complicado, en el que hay una parte de la sociedad que está sufriendo discriminación y rechazo», afirma Ignacio Paredero, responsable del movimiento en Castilla y León.

    Uno de los principales problemas es que la mayor parte de las agresiones se quedan absolutamente impunes. En un alto porcentaje de los casos, porque las víctimas deciden no denunciar y cuando lo hacen, afirman, se topan con unas instancias judiciales y policiales no preparadas para este nuevo hecho social.

    Es uno de los motivos de preocupación para Ignacio Paredero. Lamenta que ciudades como Salamanca no cuenten todavía con la puesta en marcha del protocolo específico aprobado nacionalmente con el fin de prevenir los delitos de odio, entre los que ocupan un lugar muy destacado las agresiones que sufren los miembros del colectivo LGTB (lesbianas, gays, transexuales y bisexuales).

    «El protocolo nacional es una gran herramienta, el problema es que estamos viendo que falta voluntad para implementarla en el plano local», señala Paredero, quien lamenta que «solo cuando en los últimos días las noticias de estas nuevas agresiones sufridas por compañeras de Iguales han salido en los medios de comunicación hemos tenido reacción por parte de la Policía y de la Fiscalía».

    Y es que Iguales lamenta que Salamanca es una ciudad en la que las agresiones y otras situaciones de odio (acoso, desprecio, discriminación) contra personas del colectivo LGTB «no son lamentablemente un hecho puntual»».

    La ciudad se sitúa, de hecho, ligeramente por encima de la media nacional en número de hechos denunciables respecto a su población total, registrando datos aún peores si se analizan algunos periodos temporales concretos.

    Así, en el año 2015 en Salamanca se registraron cuatro de los cinco delitos de odio contra lesbianas, gays, bisexuales o transexuales que tuvieron lugar en toda Castilla y León. Ignacio Paredero señala que «es un dato para la alarma, sin duda, porque son hechos que se han producido y alguno de ellos nos consta que muy grave», aunque matiza que «no podemos tomar en consideración estadísticamente un solo año, porque los datos no son extrapolables».

    En todo caso, sí resultan llamativos en un contexto, del de Castilla y León, muy difícil para personas de orientación sexual diversa. Por ejemplo, es una de las comunidades con un menor índice de matrimonios entre personas del mismo sexo y, en general, se considera que es una de las regiones donde la presión social más o menos explícita obliga a miembros del colectivo LGTB a emigrar. «Los estudios que hemos realizado, evidencian que el centro del rechazo a la diversidad sexual en España está en las comunidades autónomas más rurales, envejecidas, homogéneas, despobladas», sostiene Ignacio Paredero.

    Por ello, el responsable de Iguales reconoce que «no se puede negar que en los últimos tres años en Salamanca estamos sufriendo un incremento de este tipo de hechos, sobre todo teniendo en cuenta que siguen siendo muchos más los casos de los que no se tienen noticia que aquellos de los que realmente podamos tener constancia».

    Esta es una de las razones, señala el portavoz del colectivo LGTB, por la que es necesario que se ponga el máximo esfuerzo en la aplicación en Salamanca de un protocolo específico contra los delitos de odio por orientación sexual.

    «Contar con este protocolo significa que tanto los responsables policiales como los estamentos judiciales van a poder actuar de una forma mucho más cercana y coordinada con los colectivos afectados, de manera que esa sensación de incomprensión y de impunidad se va a reducir significativamente», considera.

    Para empezar, el protocolo establece una formación específica ante la llamada violencia diversexfóbica, de tal forma que cualquier agente policial pueda examinar ante cualquier caso denunciado si concurren una serie de principios que permiten hablar de la aplicación del agravante del odio por este motivo. Un agravante, destaca Paredero, que «en toda España el año pasado se aplicó tan solo en una ocasión en una condena judicial».

    Asimismo, se establece la forma adecuada de recoger los datos para poder acercarse a la evaluación real de este problema cuya magnitud, a pesar de todo, puede ser todavía desconocida por la alta tasa de silencio que impera en este tipo de casos.

    Además, también se facilitan medidas para favorecer una interlocución directa con los representantes de la comunidad LGTB, con reuniones periódicas de evaluación de este problema, de manera que puedan plantearse también acciones preventivas.

    En definitiva, el responsable de la federación LGTB en Castilla y León señala que «hay que buscar una solución a un contexto actual en el que en muchas ocasiones las víctimas de delito de odio, las víctimas de violencia diversexfóbica, no denuncian porque tienen miedo o porque temen, la mayoría de las veces con razón, que la policía no va a tener la sensibilidad suficiente para entender el problema». Todo ello, sumado a otras complicaciones añadidas, como «el temor a la estigmatización, a salir del armario, a otro tipo de consecuencias negativas, que llevan en definitiva a que no se denuncie en la mayoría de los casos y estos delitos acaben siendo impunes».

    Ignacio Paredero señala que no siempre acudir a los medios de comunicación es la solución, ya que el impacto mediático en ocasiones distorsiona los problemas, pero ante hechos tan graves como las últimas tres agresiones sufridas por activistas de Iguales en una sola noche, el colectivo decidió salir a la luz pública porque «es absolutamente intolerable el grado de violencia que a veces tienen que soportar estas personas por el mero hecho de su orientación sexual», concluye.