El Norte de Castilla

Sor Lucía Caram se enfrenta a la intolerancia ante una plaza dividida

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    Algunos de los protagonistas de los pitidos levantan banderas españolas. / Elena Gómez

    • La monja argentina dio el pregón de Alba de Tormes en un acto que terminó con dos denunciados por altercado del orden público grave

    Dicen que quien avisa no es traidor y hacía días que algunos venían avisando, amparados en las redes sociales, sobre posibles altercados en el pregón de Alba de Tormes, protagonizado por sor Lucía Caram, a quien muchos criticaron abiertamente –llegando en algunos casos a la amenaza personal– por sus declaraciones a favor de la independencia de Cataluña.

    Con este precedente no era de esperar que el dispositivo de seguridad que se desplegó ayer en Alba de Tormes fuera máximo, con un incremento notable tanto de la presencia de la Policía Local de Alba de Tormes y Terradillos (unidas por convenio desde hace unos meses) como de la Guardia Civil, quienes estuvieron gran parte del día controlando los accesos a la villa ducal y, minutos antes del pregón, vigilando –llegando incluso a cachear– a las personas que accedían a la Plaza Mayor.

    Una plaza que hacía años no se veía tan llena para la celebración de un pregón y que se dividió completamente ante la presencia de la monja argentina afincada en Cataluña.

    Así, mientras un grupo de unas decenas de personas no dejó de silbar, abuchear y entonar cánticos contra la monja o a favor de la unidad de España; muchos otros contrarrestaron los gritos con aplausos, especialmente cuando sor Lucía Caram hacía referencia a la tolerancia o al respeto en sus palabras. El resto, permanecía en silencio, intentando oír lo poco que los silbatos permitían y mirando, con cierto asombro –aunque por los comentarios en las redes y en los bares de los días anteriores ya se esperaba algo así– el espectáculo que se estaba viviendo en la Plaza.

    Apenas puso un pie en el balcón del Ayuntamiento, repleto como nunca de medios de comunicación que hicieron que ni siquiera las autoridades invitadas –entre los que se encontraban, además de la corporación municipal, altos cargos del PSOE como Luis Tudanca (secretario general en Castilla y León), Fernando Pablos (secretario general en Salamanca)o Carmen García (portavoz del PSOE en la Diputación)– pudieran estar en el balcón principal, sor Lucía Caram tuvo que enfrentarse a los silbatos, que no cesaron ni un solo segundo de los que habló y tan solo se detenían cuando ella también paraba.

    «Decía Santa Teresa, que si en medio de las adversidades, persevera el corazón con serenidad, con gozo y con paz, eso es amor». Así empezaba un pregón en el que la santa andariega y el mensaje que dejó al mundo con su obra y sus textos fue la espina dorsal. «Teresa de Ahumada era una monja de clausura, pero nadie, a pesar de que lo intentaron, la clausuró. Era una andariega y su alma inquieta, la llevó a ir por los caminos, fundando conventos y clamando por una vida auténtica y por una gran reforma de vida y costumbres. Amando a todos, de todos era amada y a veces temida por su verdad y rectitud», señalaba sor Lucía Caram, quien recordaba que «Teresa no lo tuvo fácil, pero su experiencia fue tan fuerte y tan real, tan humana, que más que la Inquisición se alzara implacable sobre ella, no dudó en seguir adelante y acometer una gran reforma».

    Precisamente siguiendo este mensaje de cambio y rectitud en sus objetivos de la santa andariega, la pregonera aprovechó para hacer un guiño a la actualidad y asegurar que «hoy el mundo clama y reclama una gran reforma. Hoy la Iglesia y nuestra sociedad necesita de forma urgente una gran reforma y ésta será una realidad, no desde la charlatanería ni de las palabras vacías y menos desde la tristeza y el desánimo, sino desde el amor inquieto que no teme romper con lo de siempre por lo que toca y corresponde, desde la paz y el respeto, pero también desde la contundencia y la verdad».

    Para sor Lucía Caram, Santa Teresa se convirtió en «una mujer implacable, inquieta e inquietante: políticamente incorrecta, entrañablemente humana» y aunque al inicio de su pregón la monja optó por ignorar los gritos y silbidos, finalmente la presión la superó y entró a contestar a aquellos que ni siquiera querían escucharla.

    Así, ante los gritos de «España, España» que los manifestantes –con la bandera española estirada hacia el balcón donde estaba la monja– proferían la monja respondió contundente: «sí, que viva España y los españoles, pero con respeto», una contestación que levantó la rabia de los que protestaban y el aplauso del resto.

    Altercados

    La tensión fue creciendo, puesto que los gritos se iban haciendo más fuertes y constantes –al son de los silbidos– pero sin lograr detener el pregón. Tan molesto se llegó a hacer el sonido de los silbatos que se produjo un altercado justo delante del balcón, donde un hombre en solitario no dejaba de silbar y acabó encarándose, a puñetazo limpio, con alguno de los presentes que pedían escuchar el pregón. Finalmente la pelea, en la que fue necesaria la intervención de varios agentes de seguridad, puesto que ni siquiera la presencia de alguno de ellos al principio detuvo los golpes; acabó con la separación de los dos implicados que recibieron sendas denuncias por alteración del orden público grave.

    Vuelta la paz –aunque inquieta y con mayor presencia de los cuerpos de seguridad para evitar nuevas peleas– el acto prosiguió, haciendo de nuevo numerosas alusiones a Santa Teresa y al respeto entre las personas. «No hagáis caso a los que hacen ruido, porque no tienen argumentos y ni siquiera son de Alba», pedía Caram.

    «Recordad: si nos dejamos dominar por el temor nunca haremos nada. Pero no olvidéis que el único camino que conduce a la paz, a la fraternidad, a la vida digna plena y feliz, es el que recorremos cada día, codo a codo, compromiso a compromiso, con todo los hombres y mujeres de buena voluntad, que a veces piensan diferente, que creen que es posible otro mundo, y que están dispuestos a dejarse la piel y la vida para que sea una realidad», finalizaba la monja, quien puso el punto y final a su pregón con los conocidos versos de ‘Nada te turbe’, de Santa Teresa.

    «Normalmente no chillo tanto», bromeaba en ‘petit comité’ en el interior del Ayuntamiento la monja tras finalizar el pregón, recibiendo los agradecimientos y ánimos de los presentes, que lamentaban que la mayoría de los que intentaron boicotear el acto no son de la villa ducal y, según indicaron algunos, pertenezcan a un grupo de ultraderecha de la capital charra.

    Así finalizaba el polémico paso de sor Lucía Caram por la villa ducal, con la monja firmando en el libro del Ayuntamiento –en el que aseguró que «Santa Teresa es referente e impulso»–, una foto de familia con los miembros del equipo de Gobierno y otras autoridades presentes y muchas otras con admiradores.