El Norte de Castilla

«Es momento de ayudar y no dar la espalda a aquellos a los que les quitan la vida en su tierra»

    Fernando García-Delgado, presidente del consejo de la Abogacía de Castilla y León participa en la entrega de diplomas a los nuevos colegiados.
    Fernando García-Delgado, presidente del consejo de la Abogacía de Castilla y León participa en la entrega de diplomas a los nuevos colegiados. / Manuel Laya
    • El presidente de los abogados de Castilla y León apela a la necesidad de echar una mano a quien pide ayuda

    «Ahora es el momento en que la abogacía enarbole la bandera de echarle una mano a todas las personas que acuden a nosotros pidiéndonos ayuda porque en su tierra les quitan la vida, les quitan sus bienes y matan a la gente. Nosotros no podemos dar la espalda a esta realidad social que tenemos», dijo ayer a sus compañeros abogados Fernando García-Delgado, presidente del consejo de la Abogacía de Castilla y León en el Palacio de Figueroa. Lo hizo en unas palabras dirigidas sobre todo a los 22 nuevos abogados colegiados que realizaron la correspondiente jura o promesa en un acto celebrado en el Casino de Salamanca con motivo del día «más importante del año para los abogados», según palabras del decano del Ilustre Colegio de Abogados de Salamanca, Fernando Dávila.

    Esta ceremonia tuvo lugar ayer con motivo del día de Santa Teresa de Jesús, patrona de los letrados, que es hoy, 15 de octubre, una fecha destacada en el calendario del colegio de Abogados, cuya celebración adelantó al día laboral más cercano.

    El presidente del Consejo de los Ilustres Colegios de Abogados de Castilla y León recordó que en 1948, «después de las dos crueles guerras mundiales se reunieron los Estados y promulgaron la declaración de los Derechos Humanos». Recordó esta circunstancia y que la declaración «se mantiene viva y que la abogacía vela porque así continúe».

    Su alusión a este importante capítulo de la historia de la humanidad venía a cuento para comparar aquel momento con el actual. Por eso dijo que «estamos viendo como miles y miles de personas están acudiendo a nuestras fronteras, pidiéndonos ayuda nosotros». Dejó claras las diferencias, pues «la migración que se está produciendo principalmente desde los países árabes no tiene nada que ver con la que se produjo al acabar la Segunda Guerra Mundial, sin embargo aquella sí se solucionó», subrayó. Por ello apeló a la responsabilidad como abogados para ayudar a dar una respuesta a los problemas sociales de nuestro tiempo. En su alocución, aparte de pretender despertar el espíritu de responsabilidad social quiso invitar a ayudar a quienes precisen este apoyo.

    En su mensaje aludió la importancia de la moral y de la ética. «Debemos meter en el mismo caldero la ética, la moral, el derecho y la Ley», relató con el fin de dar respuesta a un debate muy actual que deja ver en muchos foros la frase: «esto éticamente es incorrecto, pero legalmente es correcto». Algo que es, a su parecer, «intolerable», por ello aconsejó a los jóvenes letrados, «tener como bandera de su ejercicio profesional la ética y la deontología». En el mismo sentido quiso dejar muy clara la libertad que ha de acompañar a esta profesión , con la posibilidad de rechazar, «si el tema no te gusta, porque debes preservar tu independencia por encima de todo», aconsejó a los nuevos abogados.

    También quiso subrayar la importancia de la palabra en la profesión, y del estudio, algo en lo que coincidió con Fernando Dávila. Por ello defendió la formación continuada.

    Cervantes

    Por su parte, el decano del Ilustre Colegio de Abogados de Salamanca quiso hacer una alocución enriquecida con citas de Miguel de Cervantes, el insigne escritor en lengua castellana. Hizo referencia al escritor del Quijote, por encontrarse la ceremonia en el año del centenario del nacimiento del Manco de Lepanto. También denominó a los nuevos colegiados los «de la abogacía 3.0, porque vosotros venís con el ordenador y la ‘tablet’ debajo del brazo». También quiso hacer hincapié en una tercera peculiaridad de los 22 nuevos colegiados, que son los primeros que han tenido que pasar por el examen de acceso a la abogacía.

    Fernando Dávila agradeció al Ayuntamiento el detalle de dar nombre de plazuela de la Abogacía al tramo urbano en el que se encuentra en Colegio de Abogados salmantino añadiendo de una forma graciosa lo siguiente: «nos hemos cambiado de la calle Consuelo a la plazuela de la Abogacía sin pagar un duro».

    El decano del Colegio de Abogados puso el acento de su discurso en dos palabras que había escuchado previamente a un sacerdote;gracias y fe. Ellas le sirvieron para recomendar: «no os canséis de dar las gracias, y no os canséis de tener fe». Este fue uno de los primeros consejos que dio a los nuevos colegiados. También quiso destacar la importancia de tener buena relación con el compañero, «porque el cliente se va pero el compañero siempre queda».

    Dávila dejó en su discurso importantes matices, como que «para ser abogados hay que sentir la llamada, porque esta profesión precisa de una vocación absoluta y una entrega total». También quiso dejar claro que «no se puede entender la abogacía como una empresa».

    Si el Ayuntamiento justificó la creación de la plaza de la Abogacía en el papel de esta profesión como servicio social, Dávila ratificó este argumento cuando dijo que «la abogacía es darse a los demás, es buscar la dignidad en la convivencia social, es pedir y solicitar para otros que se cumplan sus derechos».

    En un rico discurso, plagado de citas cervantinas, no olvidó hacer un llamamiento a sus colegas a ser leales y fieles a la verdad.