El Norte de Castilla

Los niños atentos para coger los productos, pasearlos entre el público y animar la subasta, ayer en Monleras.
Los niños atentos para coger los productos, pasearlos entre el público y animar la subasta, ayer en Monleras. / WORD

Monleras disfruta su tradicional Ofertorio

  • La anteriormente conocida como fiesta de las Madrinas animó en la tarde de ayer el anfiteatro, con la subasta de productos donados

El anfiteatro de Monleras se llenó ayer de vecinos e hijos del pueblo que aprovecharon el fin de semana para acercarse hasta la localidad y disfrutar de una fiesta que, pese a que el tiempo la ha dejado en algo simbólico, en su momento fue la segunda en importancia en el municipio, solo después de la del Corpus, puesto que la de la patrona –la Asunción, en agosto–, que ahora es la fiesta grande, coincidía con los trabajos en el campo y los vecinos estaban muy ocupados.

Se trata de la fiesta del Ofertorio o fiesta de las Madrinas, una celebración que gira en torno a la Virgen del Rosario, siendo muy común en el oeste salmantino y que, en la mayor parte de los pueblos, se celebra el primer domingo de octubre. En casi todos menos en Monleras, que es el segundo domingo, algo que, según cuentan sucede desde que, hace muchos años, unos párrocos decidieran moverla para no coincidir con el día grande de otro pueblo cercano: El Manzano. «En Sardón de los Frailes se pasó a la última de septiembre y en Monleras a la segunda de octubre», señala el edil monlerense, Juan Jesús Delgado, quien ayer se encargó de ir presentando los distintos productos que donaron los vecinos aunque, asegura, los verdaderos protagonistas son los niños.

Y es que son los más pequeños los que los cogen y, paseando entre los vecinos, animan la subasta, cuyos fondos en esta ocasión servirán para el proyecto de convertir una casa parroquial en una pequeña capilla en la que celebrar las misas en invierno, huyendo del frío. Ayer, en total se recaudaron 567 euros.

Tradicionalmente, la fiesta era organizada por las Madrinas, cuatro solteras –que ofrecían un ramo y unas velas– y cuatro casadas –que daban solamente la vela–; sin embargo ahora, fruto de la despoblación, esa figura ha desaparecido y la fiesta se organiza entre todo aquel que quiere colaborar.

También ha cambiado el perfil de quien compra dichos productos ya que, si antes lo más habitual es que se compraran para el disfrute de la familia, ahora es normal que un grupo de amigos se reúna para comprar algo, especialmente los bollos maimones, símbolo de esta fiesta, y organicen una merienda de confraternidad en la que compartirlo con un chocolate caliente.