Encierro a caballo, recuperado ayer en El Maíllo tras doce años sin celebrarse y en el que no hubo ningún tipo de incidente.
Encierro a caballo, recuperado ayer en El Maíllo tras doce años sin celebrarse y en el que no hubo ningún tipo de incidente. / M.J. GUTIÉRREZ

El Maíllo vuelve a celebrar un encierro a caballo de forma rápida y sin incidentes

  • El Ayuntamiento recupera esta tradición después de 12 años y se lleva la degustación del escabeche al campo

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Los vecinos de El Maíllo celebraron ayer la primera de las dos jornadas taurinas de las fiestas patronales de Nuestra Señora del Rosario que, en esta edición, llegaba con una importante novedad: la recuperación del encierro a caballo, algo que no se hacía desde hace 12 años y que el Ayuntamiento quiso recuperar con la ayuda de un buen número de jinetes del municipio, que fueron los que en la mañana de ayer se encargaron de dirigir a los cabestros junto a los dos novillos que se lidiaron por la tarde.

Un total de 13 jinetes que al término de todos los actos de la mañana recibieron de manos del alcalde, Nicanor Criado Hernández, un pañuelo de las fiestas, una prenda que el primer edil les colocó al cuello en la misma plaza de toros, delante de todos los vecinos.

Por lo que respecta al encierro taurino, éste tuvo lugar después del almuerzo a base de escabeche, que todos los años se realizaba en la Plaza y que en la mañana de ayer se llevó también al campo, convirtiéndose en una jornada campestre, en la que los vecinos disfrutaron de la compañía mutua. Una vez recogidos todos los enseres del almuerzo, los asistentes se quedaron junto al terreno por el que los jinetes llevarían a los cabestros y a los dos novillos, que una vez pasada parte de la carretera se llevaron hasta una finca para que los vecinos tuvieran tiempo de volver al pueblo y ocupar un lugar junto a la calle principal, por la que transcurriría media hora después el encierro.

La entrada de los astados junto a los caballos en el pueblo fue rápida, limpia y sin incidente alguno, entrando con total normalidad los novillos y cabestros en los toriles.

Posteriormente llegaría el momento de soltar, desde la zona de la iglesia y una a una, tres vaquillas, que hicieron correr principalmente a los más jóvenes, que fueron también los que le hicieron algunos recortes una vez que llegaron a la plaza. Alguna de ellas volvió a salir del coso y recorrió de nuevo la calle, donde fue lidiada por algunos de los más valientes.

Las tres vaquillas también fueron encerradas sin incidentes en los toriles, antes de que los jinetes volvieran a hacer acto de presencia para llevarse al campo a los cabestros que se encontraban en los toriles, no sin antes recibir los pañuelos que les entregó el alcalde.