El Norte de Castilla

Salamanca y Lázaro de Tormes, unidos por un hombre sin rostro

    Escultura al Lazarillo de Tormes realizada por Agustín Casillas junto al Puente Romano.
    Escultura al Lazarillo de Tormes realizada por Agustín Casillas junto al Puente Romano. / Manuel Laya
    • La ciudad recuerda a ese pícaro personaje con una escultura de Agustín Casillas

    Muchos estudiosos han tratado de hacerse con su identidad, sin conseguirlo. Y, a día de hoy, casi cinco siglos después y tras miles de horas de búsqueda y no pocas hipótesis, sigue sin nombre y sin rostro. Se trata del autor de ‘El Lazarillo’.

    Su obra fue revolucionaria y pionera, pues contradijo la literatura que idealizada a los caballeros de la época, y dio origen al género picaresco. Fue germen también de obras posteriores tan universales como ‘El Quijote’ de Cervantes.

    En definitiva, del autor de ‘El Lazarillo’ nada se sabe a ciencia cierta y esta obra sigue apareciendo en todas las enciclopedias como anónima. Sea quien fuere, dejó la huella de Salamanca entre los libros más importantes de la literatura.

    El Tratado Primero de esta obra universal comienza: «Pues sepa vuestra merced, ante todas cosas, que a mí llaman Lázaro de Tormes, hijo de Tomé González y de Antona Pérez, naturales de Tejares, aldea de Salamanca. Mi nascimiento fue dentro del río Tormes».

    Nacimiento en Tejares

    De ahí que el nacimiento de su protagonista se sitúe en Tejares. Este lugar hoy es un barrio de la ciudad, entonces era un municipio independiente, en el libro el autor se refiere a él como «aldea». No fue adherido a la ciudad hasta bien entrado el siglo XX.

    Si están interesados en el Lazarillo, los turistas de hoy puede visitar Salamanca y acercarse a Tejares, como lugar de nacimiento de este personaje, pero también pueden pasear por el Puente Romano, cruzar el Tormes y tocar el verraco de piedra, que sirvió a la literatura para recrear uno de sus pasajes más comentados, el del coscorrón que propició el ciego a Lázaro para sacarlo de su inocencia de niño.

    Si se preguntan qué queda de la Salamanca en la que vivió literariamente el protagonista de la obra, además del verraco y el Puente Romano, ya por aquel entonces se mantenían en pie no pocos monumentos que hoy son seña de la ciudad, como las Escuelas Mayores o la Casa de las Conchas.

    Otros edificios referentes estaban entonces en obras, como el Palacio de Monterrey, y otros han desaparecido, entre otros todos aquellos devastados posteriormente durante la contienda de la Guerra de la Independencia Española con los franceses.

    En tiempos del Lazarillo, la Universidad de Salamanca pujaba con Alcalá de Henares por estar en lo más alto de la Educación Superior y, mientras que la ciudad vivía arquitectónicamente el ‘boom’ del plateresco, por sus calles pasaban unas 25.000 personas, tal y como recoge el estudio ‘Salamanca y su universidad en tiempos de Lazarillo de Tormes’, del experto José María Alegre Peyrón.

    De estos residentes de la Salamanca de entonces, unos 10.000 eran estudiantes y profesores, una actividad en torno al Estudio que queda patente en el libro: «Mi viuda madre, como sin marido y sin abrigo se viesse, determinó arrimarse a los buenos por ser vno dellos y vínose a vivir a la ciudad e alquiló vna casilla y metiose a guisar de comer a ciertos estudiantes».

    La vida de Lázaro de Tormes en Salamanca termina cuando, ya en manos de su amo ciego, abandona la urbe. Nunca más volvería a ella, pero dejó la huella, una huella que más de cuatro siglos después no se ha borrado.

    El Lazarillo hoy

    La ciudad tormesina recuerda a ese pícaro personaje con una escultura, junto al verraco y el Puente Romano, una pieza realizada por el artista Agustín Casillas en 1974 y que se compone de dos figuras, el joven Lázaro y su amo ciego.

    También, como referencia al personaje, existe una calle con su nombre, próximo a la Plaza de Toros, además de un albergue municipal y un pabellón de deporte, en estos casos cerca de donde dice el libro que nació.