El Norte de Castilla

La Escuela de Teología San Esteban inicia nuevo curso camino de los 40 años

  • Esta iniciativa de la Pontificia Facultad de Teología San Esteban de los dominicos se dirige principalmente a laicos

El martes, 4 de octubre dan comienzo las clases en la Escuela de Teología San Esteban en el que es su 39 curso, pues esta comenzó a andar durante el año académico 1977-1978. No obstante, la inauguración oficial tendrá lugar el 18 de octubre a las 19:00 horas.

En estos momentos está abierto el periodo de matriculación que se debe formalizar en la Secretaría de la Facultad de lunes a jueves en horario de 18:45 a 20:45 horas.

Una de las personas más apropiadas para conocer la Escuela de Teología de San Esteban es el profesor y director de la misma, el dominico Juan Huarte Osacar.

La Escuela de Teología ofrece básicamente tres opciones de formación. Una de ellas es el curso del Ciclo Ordinario, que es la más fundamental. El curso de postgrado es como una extensión del ordinario, para quienes han concluido el primero y quieren ampliar sus conocimientos. Por otro lado, esta academia también suele ofrecer cursos especiales, en este caso se trata de uno sobre la ‘Canalización de las emociones’.

El curso del Ciclo Ordinario es una formación «sistemática, es de formación básica, donde se pasa revista a toda la teología a través de diversas materias de una forma adaptada a los laicos. La preparación completa consta de tres años y es cíclica, de tal manera que cada año se aborda un curso. Normalmente los alumnos suelen incorporarse en primero aunque no hay inconveniente en que entren en cualquiera de los que se esté impartiendo. Por este «pasan todos los alumnos para tener unas ideas elementales», explica. En cuanto al denominado curso de postgrado, son clases para quien termina la formación sistemática, es decir, las temáticas son nuevas cada año. Responden a solicitudes por parte de los alumnos y se intentan actualizar cada año «de acuerdo con las necesidades e intereses del alumnado». Se trata de temas sueltos, entre los que este año se contemplan los siguientes:‘El realismo literario y el cambio de sensibilidad de una época’, ‘Teología pastoral y espiritualidad educativa’, ‘Iconografía en la pintura religiosa’, ‘La edad del vacío. Una crisis del hombre de hoy’, ‘El libro de la profecía de Isaías, sus autores y teología’.

Estos cursos cada año son nuevos, «porque abordan temas concretos actuales que responden al momento que estamos viviendo».

En cuanto al número de alumnos que se espera que asistan a estas formaciones, se estima que se apuntarán medio centenar de hombres y mujeres.

Gente interesada

En cuanto al perfil del alumnado se refiere, se admite tanto gente joven como mayor, no obstante la mayor parte son personas jubiladas. En palabras de Huarte, «suele ser gente ya jubilada que tiene unas preocupaciones vitales y que se preocupa por dar respuesta a tantos interrogantes que tenemos tanto a nivel humano como a nivel religioso».

Algunas de las ventajas de estas formaciones es que quienes acuden «pueden examinarse si lo desean pero no es imprescindible». Los alumnos «pueden reunirse y por tanto, debatir temas y contrastar opiniones».

Además son grandes los alicientes que ofrece la participación en esta formaciones, porque ayudan a «despejar bastantes prejuicios, es decir, esos estereotipos que surgen por desconocimiento de lo que es la teología y una enseñanza básica que recibieron y que ahora se les puede desmoronar». Otra de las ventajas que enumera Juan Huarte, es que «es algo positivo que les anima en la vida y les ayuda a encontrar una perspectiva en la vida mucho más positiva y que realmente les complace y les llena, frente a ese tipo de cristianismo tradicional muy anquilosado a veces, con tradiciones no del todo ortodoxas, e incluso en algunos casos nefastas».

El director de la Escuela de Teología San Esteban considera que quienes participan en estas formaciones, «empiezan a personalizar su fe, una fe adulta y en la cual ellos se sienten protagonistas, pueden tener sus propios principios, su forma de pensar y autonomía para poder ir desarrollando el germen de la fe».

En conclusión, «es gente que ha cambiado el chip totalmente y que se encuentra consigo mismo, y ve el cristianismo desde una perspectiva mucho alentadora y positiva».

Juan Huarte estima que el mejor testimonio es el que puedan dar los alumnos. En las clases se pueden juntar tanto un médico, como un abogado o una ama de casa, «eso es la gran riqueza porque ellos ya traen un bagaje de experiencia personal de la vida y se hacen preguntas que no se hace un joven» pone ejemplo Huarte quien añade que «es algo que gusta porque los alumnos repiten y reclaman más formación».