El Norte de Castilla

Cristina Klimowitz, Rocío Nieto y Esperanza Vázquez, ayer en la Sala de la Palabra.
Cristina Klimowitz, Rocío Nieto y Esperanza Vázquez, ayer en la Sala de la Palabra. / MANUEL LAYA

La infiltración de mediadoras ya ha liberado a 28 mujeres de la prostitución

  • Rocío Nieto, presidenta de la asociación Apramp, interviene en la jornada sobre la explotación sexual organizada por el Ayuntamiento

«La sociedad tiene un rechazo enorme hacia la mujer prostituída -que no prostituta-; pensamos que están ahí porque quieren, y no es así». Rocío Nieto habla desde la experiencia que le otorgan sus 35 años en Apramp, la asociación para la Prevención, Reinserción y Atención de la Mujer Prostituida. Una entidad que preside y que participó ayer en la jornada sobre la trata de personas con fines de explotación sexual organizada por el Ayuntamiento de Salamanca. Hablamos de una «nueva forma de esclavitud» o de la «gran plaga del siglo XXI», en palabras del anterior presidente de Naciones Unida, Kofi Anan, recordadas por Cristina Klimowitz, concejala de Familia del Consistorio salmantino, quien mostró el compromiso del Ayuntamiento con esta lacra social, reflejado en los convenios que mantiene con Apramp y también con la orden de las Adoratrices para la atención a las mujeres en esta situación.

Un problema de enorme importancia que pasa desapercibido y que no crea alarma social, tal y como reiteró Rocío Nieto en su intervención en la sala de la palabra del teatro Liceo, y que cada vez afecta a mujeres más jóvenes, niñas, que son explotadas sexualmente para el pago de supuestas deudas que nunca terminan de saldarse. Sobre este último aspecto se incidió especialmente en la jornada, ya que un factor determinante es la cada vez menor edad de las víctimas pero también de los usuarios. Y en ellos quiere Apramp centrar la mirada y las culpas, «porque si no hubiera demanda, no habría oferta».

Acercarse a pisos ocultos

La presidenta de Apramp recordó, de igual modo, que la asociación cuenta con una unidad de la que forman parte mujeres que son supervivientes de la trata y que integran un equipo que tiene entre sus cometidos acercarse «a lugares invisibles donde se produce explotación sexual, porque no sólo son las calles, sino los pisos que están ocultos».

Algunas de esas mediadoras asistieron ayer a la jornada. Ellas llaman a anuncios que suelen ser visibles, por ejemplo, en los limpiaparabrisas de los vehículos, y se introducen en el ambiente con el objetivo de informar a las mujeres que practican la prostitución. «Ya tenemos contabilizadas 28 mujeres que este año han denunciado la red para la que trabajaban y han recuperado su libertad», detalló asimismo Nieto, quien insistió en que el problema no se soluciona con atender a la mujer, sino que «hay que implicarse, trabajar con la Fiscalía y con los Cuerpos y Fuerzas y Seguridad del Estado».

Y aun así, en ocasiones, no se logra el objetivo deseado porque a pesar de que algunas víctimas sí que denuncian luego «no continúan con el itinerario de inserción por razones económicas».

«Cuando las familias, que están en el otro lado, notan que reciben menos dinero, preguntan, y eso al final es una carga para las mujeres que deciden regresar a la prostitución», señaló la presidenta de Apramp.

En la jornada también intervino Esperanza Vázquez, directora de la Mujer de la Junta de Castilla y León, quien explicó que las últimas estimaciones realizadas apuntan a que 13.500 personas pueden ser víctimas de la explotación sexual en España y subrayó que el problema es «bastante alarmante» porque va creciendo y además tanto las mujeres como los clientes «son cada vez más jóvenes».

Vázquez se refirió de igual modo a la colaboración del Gobierno regional con las corporaciones locales con el establecimiento de «los cimientos» a través de un estructura de los Servicios Sociales para atender «integralmente» a todas las víctimas de violencia de género, en el que entra el colectivo de mujeres que «sufren trata». En este sentido, aludió a la formación que reciben los funcionarios de los servicios sociales en materia de explotación sexual.