El Norte de Castilla

«Acabar con la fiesta sería acabar también con la vida del propio toro»

Ferreira Cunquero, durante la lectura del pregón.
Ferreira Cunquero, durante la lectura del pregón. / Laya
  • José Manuel Ferreira Cunquero / Poeta y pregonero en ‘Los toros a escena’, Defiende en su pregón la tauromaquia como arte y al toro por encima de todo, «no hay un solo animal que tenga una vida igual»

El Teatro Liceo acogió en la tarde de ayer la undécima edición de ‘Los toros a escena’, iniciativa en defensa de la tauromaquia que este año, además, ha servido para rendir homenaje al diestro fallecido Víctor Barrio. El programa puso en escena la obra ‘La forja de un torero’, con texto de Javier Villán y voz de Ramón Fontseré, además de un pregón a cargo de José Manuel Ferreira Cunquero.

El poeta salmantino dividió su alegato en tres partes, a modo de los tercios de una corrida, en las que evocó al toro de la niñez, «ese toro que me causó gran impresión cuando era pequeño»; hizo una defensa cerrada al toro, «porque nace para acabar en la plaza»;y glosó al arte de la tauromaquia, recordando personajes como Goya, Machado, Claudio Rodríguez o Picasso.

¿Cuesta más trazar un pregón en defensa de la tauromaquia con la que está cayendo alrededor de las plazas?

–No tengo ningún problema, desde niño he estado vinculado a los toros y no me cuesta defenderlos, siempre desde el respeto a todas las opiniones.

–¿Cuál es esa primera imagen que guarda del toro?

–Fue en los campos del Hospicio de la mano de mi tio, que era el veterinario de la plaza, Eleuterio Ferreira, y recuerdo la imagen de un semental debajo de una encina. Tendría unos doce años más o menos y la belleza de aquella estampa me impactó tanto que aún la recuerdo. Desde entonces no he dejado de ir a los toros, y para mi el toro tiene esa finalidad. Si no tuviera la plaza como destino, nadie criaría un toro bravo y los toros no podrían estar libres como están en el campo y como por ejemplo están los lobos.

–Pero, en vista de los últimos acontecimientos, con agresiones verbales e incluso físicas en defensa y en contra de la fiesta, ¿se ha traspasado esa línea del respeto?

–Se ha cruzado pero en el mundo del toro, en temas religiosos y en todo. Vivimos en libertad y que cada uno que opine lo que quiera. Yo respeto a todo el mundo y mientras no se me ataque por lo que pienso, que cada uno diga lo que quiera siempre que no se traspase ese límite, lógicamente.

–¿Ese límite se ha traspasado en el Toro de la Vega de Tordesillas?

–Pero son cosas distintas. A mí hay ciertas fiestas populares que no me agradan, y desde luego que a un toro se le saque por las calles de un pueblo y se le tire todo tipo de cosas, ni me gusta ni lo aplaudo. Sin embargo, la lidia de un toro tiene unas normas y esas normas se cumplen.

–¿Está de acuerdo, entonces, en que ya no se dé muerte al animal en Tordesillas?

–De acuerdo totalmente.

–¿Cómo se explica que muchos antitaurinos hayan llegado a mofarse de la muerte de Víctor Barrio en una plaza?

–Se han dicho auténticas barbaridades, es denigrante que se ponga a la misma altura a un toro que a un ser humano. Nos estamos saliendo volviendo locos, y hemos llegado a un punto que ya no se puede ni discutir del tema. Yo defiendo al toro por encima de todo, y el toro nace y vive muy bien en un campo. No creo que haya un solo animal que tenga una vida igual que la del toro bravo. Desde mi punto de vista, acabar con la fiesta sería acabar también con el propio toro.

–Su pregón en esta edición de ‘Los toros a escena’, más que al propio toro, defiende el arte que encierra al toro bravo.

–Es un sentimiento difícil de explicar. Yo me puedo emocionar viendo un cuadro en el Museo del Prado, pero a lo mejor no soy capaz de explicarlo. Eso mismo ocurre en una plaza de toros.