El Norte de Castilla

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David deMaría, durante su actuación, ayer, en la Plaza Mayor. / MANUEL LAYA

«A mí lo que me gustaba era ensayar, nunca hubiera ido a un casting de televisión»

  • David DeMaría / Cantante, El gaditano presentó ayer temas de su último trabajo, ‘El Séptimo Cielo’, en una Plaza Mayor a rebosar y entregada a su música

David DeMaría habla tan profundo como canta. A sus 40 años y papá desde hace unos meses, sigue amando la música como el primer día, viviendo cada concierto «como si fuera el último». Ayer volvió a sumar un nuevo lleno, esta vez en la Plaza Mayor, con motivo de la gira de su último trabajo, ‘El Séptimo Cielo’.

–¿Qué siente, con todo su bagaje y experiencia, cuando se sube a un escenario?

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  • Concierto de Davide de María en la Plaza Mayor

–Siento una emoción adictiva, diría. Tras pasarme en los escenarios durante 20 años, la música se ha convertido en una forma de vida más que en una profesión. La necesito. Para mí es volver a sentirme un chaval, regenerar todas las energías. Al subirme al escenario, yo me lo tomo como si fuera la primera y la última vez, disfrutando, dejándome llevar. Esa es la única manera de seguir motivándote y de mantener esa pasión por lo que haces. También es cierto que tienes mucha responsabilidad, eso sí. Hoy en día puedes hacer cientos de conciertos muy buenos que si la cagas en uno se va a hacer viral en pocos minutos. Pero luego ese nerviosismo por hacerlo bien también te ayuda a motivarte.

–Si por algo ha triunfado en la música es por transmitir y emocionar al público con la pasión con la que cantas tus canciones. ¿Cómo lo consigue?

–Creo que lo importante es mostrarte lo más natural posible. Siempre he intentado huir de las poses y, ahora que he llegado a los 40 más todavía. Creo que se transmite mucho más cuando eres tú mismo. Yo lo comparo con la belleza de una mujer: una mujer está realmente guapa recién levantada, con la cara lavada, cuando se pone mucho potingue ya me tira un poco para atrás. Y luego, por supuesto, cantar con el alma. No se cantar de otra manera. Necesito vaciarme, no se fingir. Lo vivo y no conozco otra forma que hacerlo que desde la naturalidad.

–¿Cuándo supo que quería dedicarse a la música?

–Hay recuerdos de la niñez que te marcan. Cuando empiezas a escuchar tu timbre de voz, cuando empiezas a cantar tus canciones y sientes una vibración especial, cuando empiezas a tocar la guitarra y empiezan a surgirte mil ideas... Eso son los recuerdos más bonitos. Y, sobre todo, montar un grupo con 13 o 14 años en el instituto. Eso fue la base principal de lo que vendría después, no me dedicaría a la música sin aquella época y ese alma de grupo. Yo de niño nunca me hubiese presentado a un casting de televisión porque «quiero ser cantante mamá». A mi lo que me gustaba era ensayar cada día, dar conciertos para comprar un amplificador o pagar el alquiler del local, componer juntos, tocar canciones de nuestros referentes... Eso es lo que me hizo sentir que quería vivir de la música.

–Esa vida de cantautor, los días de ensayo y trabajo, los eventos... ¿es como se lo imaginaba?

–Hay una parte que sí. La convivencia con tus músicos, la creación y producción musical, las giras y su preparación... Todo eso sí, es lo que he vivido desde que tenía 13 o 14 años. Luego desgraciadamente está la otra parte del negocio, de la industria, de la radiofórmula, de la política, del sistema, que es como todos sabemos: amargante, frustrante y contaminante. Pero bueno, yo intento olvidarme de esa parte en los conciertos, de gira; disfrutando de una prueba de sonido, disfrutando con un viaje de mil kilómetros y disfrutando del escenario aunque esté reventado y hecho polvo. Al final, cuando llegas al sitio, montas el equipo y empiezas a sonar, se te quita todo el cansancio de encima. Esa sigue siendo la vitamina del músico.

–¿Y cómo ha evolucionado su música en todo ese tiempo?

–En este país te meten en ciertos perfiles y el público es poco aventurero a la hora de querer profundizar en un artista. Desgraciadamente, yo he perdido a las masas, soy muy consciente de ello. Yo llegué a vender más de medio millón de discos con ‘Barcos de Papel’, con ‘Preciosa mía’, con ‘Cada vez que estoy sin tí’, con ‘Pétalos marchitos’, y el músico intenta evolucionar y al final va dejando atrás lo comercial, lo que el gran público y las radios demandan. Yo no he querido entrar por el aro. Al contrario, he querido sonar cada vez más a grupo. He querido contar con músicos a los que admiraba, he querido no repetir fórmula en cada álbum. En este país intentas crecer como músico y sabes que vas a perder. Perder inversión por parte de tu propia compañía e interés por parte de la radio, con lo cual te alejas del gran público. De todas formas, yo me siento muy orgulloso de seguir sacando cada dos o tres años un álbum que luego disfruto tocarlo en directo.