«Me preocupa que se olvide la historia de deslealtades de Aznar hacia Castilla y León»

El escritor Ignacio Francia posa con su libro ‘La curva del camino’.
El escritor Ignacio Francia posa con su libro ‘La curva del camino’. / Almeida
  • Ignacio Francia / Escritor. Publica ‘La curva del camino’, El veterano periodista entremezcla el análisis de la etapa del líder popular con una historia de amor entre un periodista y una investigadora francesa

Cuentan los veteranos del lugar, que en aquella Salamanca de mediados de los 60 los Cursos de Verano de la Universidad eran un auténtico vendaval en la ciudad provinciana. Llegaban los acentos del otro lado de los Pirineos, las minifaldas, llegaba el carmín encendido. Algunos atrevidos se especializaban en elegir a sus ligues de verano directamente al pie del autobús que paraba a las estudiantes en las cocheras de San Isidro. Otros, más retraídos, rondaban algunos días por el Colegio de Anaya. A la espera. Uno de aquellos jóvenes era Ignacio Francia. Una de aquellas francesas, hija de españoles, era Marie-France. Ahora él ha escrito una novela (‘La curva del camino’) en el que habla de amor, de periodismo, de las hijas francesas de los exiliados españoles, de Salamanca, Tolouse y… de José María Aznar, puesto ante un espejo nada halagüeño.

–Por ser, ‘La curva del camino’ es una novela de amor entre un periodista, Julio, y una profesora francesa, Marie-France, ¿qué pinta Aznar en el medio?

–Yo hace tiempo que quería escribir una novela sobre lo que habíamos vivido en la Transición y en el proceso preautonómico en Castilla y León y el reto y lo divertido ha sido construir ese relato no desde un libro de investigación o un reportaje periodístico, sino desde la ficción. El desafío era crear personajes para una historia que habla de muchas cosas, como de las relaciones de pareja o distintas situaciones sociales y luego integrar la crónica ‘aznariana’, el análisis de lo que supuso José María Aznar.

–Amor y política. Relaciones de pareja y Aznar. Dicho así, resulta complicado.

–Pues la verdad es que me ha resultado relativamente fácil. Ir de los andamios de la ficción a las bodegas más oscuras de la crónica política que representa Aznar. El recurso ha sido esta profesora francesa que realiza su tesis sobre el lenguaje aznariano, un juego que sobre todo me permitía explicar las cosas desde el principio.

–¿Y se llevan bien las dos partes de la novela?

–Efectivamente va por bloques pero hay una interrelación absoluta. Hay quien quería leer solo las partes de la historia de los muchachos, o solo la historia de Aznar, y al final se han convencido de que hay que leer esos dos bloques.

–Supongo que la pregunta es por qué ese interés en Aznar.

–Yo no tengo ninguna fijación en Aznar, lo que pasa es que es un personaje difícil de olvidar, por lo que ha hecho desde Castilla y León y luego en la política nacional, y porque él se empeña en estar presente en nuestras vidas. En la novela se plantea al lector el análisis de su lenguaje, que nos sirve para entender todo lo demás.

–¿Qué es lo que trata de explicar sobre Aznar?

–Hay que trabajar la memoria sobre una etapa muy olvidada. Quizá hay gente que recuerde su última fase como presidente del Gobierno y seguramente ni eso, pero la mayoría del público ya ni sabe ni se acuerda de su etapa en Castilla y León. Todo eso solo lo podíamos contar unos pocos periodistas de principio a fin.

–¿Y qué cree que ayuda a recordar la novela?

–Que aquello no fue simplemente lo que ha quedado como la historia de una ambición desde Castilla y León para dar el salto a Madrid. Su historia, la de Aznar, es la historia de las deslealtades a esta tierra. Comienza cuando Demetrio Madrid le comunica que va a dimitir y él, acto seguido y sabiendo lo que va a pasar, convoca una rueda de prensa exigiendo la dimisión para cobrarse la pieza. La historia de una persona que quince días antes de irse a Madrid juraba que iba a repetir como candidato a la Junta de Castilla y León. Sirve para subrayar con el lenguaje que el Aznar ultraliberal y neoconservador está ya en esa etapa de Castilla y León.

–Palabras como antecedentes de hechos, entonces.

–Sí, palabras y retórica. Destaco un caso crucial. Aznar gana la Junta fundamentalmente por los procuradores que el PSOE perdió en Salamanca y Zamora contra lo que él denominaba cementerio nuclear en Arribes del Duero. Y no era un cementerio nuclear, era un laboratorio de experimentación nuclear, pero da igual, el caso es que él rechazaba de plano lo nuclear porque era basura y curiosamente hoy es un activo miembro de los ‘lobby’ de defensa de las nucleares, un defensor a ultranza de esta energía.

–Habrá quien piense que más que una novela ha escrito un ajuste de cuentas.

–En absoluto. Simplemente, como periodista me preocupaba que se olvidaran muchas de estas cosas y como escritor me he dado la licencia de entremezclarlo con la imaginación. No es un ajuste de cuentas ni un relato tendencioso, aunque lo aborde desde la ficción. La crónica política se apoya en una inmensa documentación además de mis vivencias directas.

–También sirven para construir el personaje de Marie-France.

–Marie-France, la investigadora francesa, existe en la realidad, aunque con muchas diferencias respecto a mi personaje. A partir de ahí he construido una novela de amor, que es romántica a ratos. Tiene que serlo porque si no, con el miedo que desprende Aznar, me habría salido una novela de terror.

–Eso sí, en escenarios magníficos.

–Una tarde sentado en la plaza del Capitolio supe de repente que tenía que escribir una novela que transcurriera en parte en Tolouse, la ciudad de Marie-France. Creo que es una ciudad llena de encantos, como lo es Salamanca, otro punto clave, y como lo son los espacios satélites que aparecen, Cordes-sur-Ciel en Francia o Valladolid, Burgos, León y, por supuesto, Mogarraz: simplemente el pueblo más bonito de Salamanca, que me he dado el gusto de convertir en un personaje más.