170 personas rememoran la expulsión de los judíos de Béjar en el año 1492

Los participantes, antes de la salida de la marcha, frente al Museo Judío David Melul de Béjar.
Los participantes, antes de la salida de la marcha, frente al Museo Judío David Melul de Béjar. / ELENA GÓMEZ
  • La marcha La Salamanquesa, organizada por el Museo David Melul, logró un gran éxito en su primera edición

Ni siquiera la lluvia de los últimos días pudo amedrentar a los 170 caminantes que ayer se dieron cita frente al Museo Judío David Melul de Béjar para participar en la primera edición de la marcha La Salamanquesa, organizada por este mismo museo para rememorar la expulsión de los judíos de Béjar –y de todo el país– en 1492, tras la firma del decreto de Granada el 31 de marzo de dicho año.

Precisamente desde el Museo Judío de Béjar se quiso buscar una fecha cercana a ese día aunque, tal y como recordaba ayer su director, Antonio Avilés «la expulsión no fue inmediata sino que se fueron yendo durante los cuatro meses siguientes que se estipularon como plazo para que dejaran todos los bienes y se despidieran de la tierra donde habían vivido para marcharse a un exilio totalmente incierto».

Un exilio cuyos pasos, en el caso de Béjar, llevaron a muchos judíos hasta Portugal a través de Ciudad Rodrigo, una ruta que pasaba, obligadamente, por el vecino municipio de La Calzada de Béjar, hasta donde transcurrió la ruta celebrada ayer en la que acompañó el buen tiempo.

La Salamanquesa

Precisamente en relación a La Calzada está puesto el nombre de la ruta, La Salamanquesa, ya que, tal y como explica Avilés «allí se conserva el recuerdo de algunos judíos que vivieron en su momento y también de una señora llamada Isabel González que tenía el apelativo de La Salamanquesa. Era judía y en el momento del decreto se convierte al cristianismo, por lo que pasa a ser judeoconversa, pero al poco tiempo la Inquisición de Llerena le acusa de volver a practicar el judaísmo, lo cual era terrible para los que eran acusados, ya que podía suponer la pena última, es decir la hoguera».

Aunque no se conoce como acabó el proceso de González, la marcha de ayer sirvió para recordar su historia como símbolo de todos aquellos que se habían tenido que ir sin portar con ellos «ni oro, ni plata ni ningún tipo de moneda», tal y como dictaba el edicto, pese a que en algunas zonas hubo judíos que negociaron la cesión de sus bienes por letra de cambio que pudieron cobrar luego en otros países.

Todos estos detalles se fueron descubriendo, para todos aquellos que los desconocían, durante la ruta, a la llegada a La Calzada –donde tuvieron que permanecer más tiempo del esperado por el corte de la carretera de regreso al pasar por ella la Vuelta Ciclista a Castilla y León– y a la vuelta en Béjar, de nuevo en el Museo Judío, donde se pudo disfrutar de una visita guiada y, muy especialmente, de la nueva adquisición del centro: un libro con 115 grabados del Pentateuco que fue donado durante la Semana Santa por el sacerdote GuillermoGómez Ciurana y restaurado de manera altruista por Manuel Álvarez-Monteserín.

Internacional

Llama la atención, además de la alta participación –que el sábado ya alcanzó el máximo de inscritos, 150, siendo el resto caminantes de por libre– la presencia no solo de gente de toda la provincia y de zonas cercanas, sino también de participantes llegados de Alemania, Estados Unidos e Israel.

«Es un museo judío y muchos de sus visitantes son extranjeros y bastantes son judíos que vienen buscando sus orígenes, su pasado... Muchos incluso mantienen el apellido Béjar o Bejarano, que es el único bien inmaterial que se llevaron de la tierra en la que habían vivido durante siglos y de la que fueron expulsados», explica Avilés justificando con esto, y con el buen funcionamiento de la web, esta respuesta internacional.