El Norte de Castilla

El verdadero valor de una escultura espejo del campo

Escultura homenaje al ‘Sembrador’ (1975), obra de Agustín Casillas que se encuentra ubicada en la entrada de Baltanás (Palencia).
Escultura homenaje al ‘Sembrador’ (1975), obra de Agustín Casillas que se encuentra ubicada en la entrada de Baltanás (Palencia). / Ical
  • ‘El sembrador’, escultura del artista salmantino Agustín Casillas, pasó del abandono sufrido en el extinto Montepío Agrario, a la veneración que despierta en Palencia

¿Cuánto vale una obra de arte? Probablemente sea una pregunta que muchas personas, en su mayoría coleccionistas de arte o expertos museólogos, se hagan cuando observan una pieza única escultórica, pictórica o fotográfica en una galería o en una subasta de arte, y por las que pagan cantidades que pueden ir desde varios cientos hasta millones de euros. Los que desde luego nunca esperaron encontrarse con una, sin coste monetario alguno, fueron los miembros de la Cooperativa del Campo San Millán de la localidad palentina de Baltanás, quienes desde el año 2012 disfrutan y veneran a la entrada de su localidad a una auténtica y reconocida obra del escultor salmantino Agustín Casillas: ‘El sembrador’.

Para entender cómo una escultura de tal magnitud y valor artístico, quizá más propia de un museo o galería de arte contemporáneo, acabó sobre un pedestal, bien iluminada por la noche y vallada para protegerla de posibles daños en el parque de San Miguel que da entrada a la capital de la comarca del Cerrato palentino, hay que remontarse hasta el año 1971, cuando el arquitecto del innovador edificio del Montepío Agrario Salmantino (MAS), Antonio García Lozano, pidió a Casillas la realización de una escultura que tuviera relación con el campo para que decorara la entrada del imponente edificio situado en los primeros kilómetros de la N-501 que unía Salamanca con Madrid.

El ya veterano escultor salmantino, que reconoce ser «un hombre urbano y no de campo», se asesoró gracias a su amistad con el tamborilero de Villamayor, quien era agricultor, y fue quien le dio la idea de ‘El sembrador’. Después, realizó el modelado en barro y con molde de escayola para después fundirlo en hormigón, y tras romper el molde, trabajar y modelar el hormigón en una técnica ciertamente novedosa para la época. La figura está unida con anclajes huecos que se rellenaron de un pegamento sólido dejado caer con grúa «para que no separase. Y, ¡vaya si está pegado! Que con los batacazos que ha sufrido sigue igual», explica Casillas.

La escultura, como el edificio, se convirtió en un símbolo del Montepío Agrario Salmantino y para los miles de conductores que pasaban por ese punto cada día en dirección a la capital de España. «Estuvo allí muchos años hasta que MAS fue decayendo y acabó cerrando», relata Casillas. El concurso de acreedores al que llegó el Montepío Agrario Salmantino hizo que el edificio fuera pasando por varias manos y, con él, la escultura. Pero a pesar de los planes que algunos de sus efímeros propietarios tuvieron, como colocarla en una glorieta a la entrada de una urbanización cercana que ni siquiera llegó a proyectarse, nunca se movió de su lugar original. Hasta que un día, en 2012, ‘El sembrador’ desapareció.

«Nos llegó la noticia, a mi amigo Matías y a mí, y fuimos a comprobarlo. Al ver que no estaba, acudimos a la Guardia Civil de Santa Marta para denunciarlo como autor y dueño intelectual de la obra. Mientras esperábamos, apareció un sargento para decirnos que un hombre le había dejado las señas por si alguien llamaba o se presentaba preguntando por la escultura», cuenta un Casillas que aún se sorprende al recordar cómo fue todo. «Entonces, me pusieron al teléfono y al otro lado habló un señor que me dijo que sabía donde estaba la escultura y que estaba bien».

Ante el misterio del caso, Agustín Casillas se citó con él y el hombre, un constructor de la salmantina localidad de Ciudad Rodrigo, propietario junto a otro constructor segoviano del edificio MAS, le dio el paradero de destino de la escultura: la Cooperativa del Campo San Millán de Baltanás. Sin embargo, y antes de darle las señas de los cooperativistas palentinos, le pidió al escultor salmantino que esperara otros dos días y que se volvería a poner en contacto con él.

«A los dos días, cumplió y me llamó para decirme que me iba a llamar inmediatamente otro señor para hablarme de la escultura», explica Casillas. Ese hombre de la segunda llamada era Luis Antonio Curiel, presidente de la Cooperativa del Campo San Millán de Baltanás, quien, además de invitar al escultor salmantino al municipio, explicó a Casillas que consiguieron la cesión gratuita de la escultura por parte de los constructores y que, una vez trasladada a la localidad palentina, y mientras realizaban las labores de limpieza y mantenimiento antes de colocarla sobre el pedestal del parque de San Miguel, descubrieron que era del reconocido escultor salmantino. Uno de los socios vio un reportaje sobre MAS y al ver la escultura, que es majestuosa, nos pusimos en contacto con los propietarios para adquirirla», explica.

«Los constructores creían que era una escultura en serie», afirma Casillas, que da con la clave para entender la espera entre llamadas. «La primera vez que me llamó, me tanteó sobre su valor económico, y le dije que era alto porque es una pieza única por su labra sobre hormigón», manifiesta el escultor salmantino. Así, y en esos dos días de paréntesis, el constructor trató de dar marcha atrás al acuerdo alcanzado con la Cooperativa del Campo San Millán. Sin embargo, Curiel contaba con el documento de cesión oficial, firmado por ambas partes, que reconocía la entrega gratuita de la escultura.

Así, con el trato cerrado en los meses previos a la llamada, varios integrantes de la Cooperativa del Campo San Millán se presentaron frente al edificio MAS salmantino con un camión-grúa, propiedad de uno de los más de 200 socios de la cooperativa, repleto de alpacas «para no dañar la escultura en absoluto», como explica Curiel, y llevarla a Baltanás, desde 2012 su legítimo sitio.