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La llave latina

16.09.12 - 07:54 -
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La llave latina
Campaña demócrata dirigida al electorado latino. / Archivo
Más de 50 millones de latinos viven en Estados Unidos, lo que representa alrededor del 16,4% de la población total del país. Son el grupo con mayor porcentaje de crecimiento de la nación -para 2050 podrían suponer casi un tercio de los habitantes- y la minoría con más presencia en los centros universitarios. Su influencia se deja sentir en el ámbito empresarial, en el plano cultural y, por supuesto, también en la arena política, donde cada vez resulta más común oír hablar español.
Casi diez millones de hispanos votaron en las elecciones de 2008, lo que supuso un incremento de alrededor de un 30% respecto a lo ocurrido cuatro años antes. El 67% se inclinó del lado de Barack Obama en tanto que John McCain se quedaba muy lejos del 44% obtenido por George W. Bush en 2004.
Ganarse su beneplácito es clave para alcanzar el Despacho Oval. Conscientes de ello, demócratas y republicanos han dedicado numerosas horas a articular una estrategia destinada a atraerse al electorado hispano que, a tenor de las encuestas, está dando mayores réditos al partido del burro, que lleva una ventaja de entre 35 y 40 puntos a la formación del elefante en intención de voto.
Equilibrismo
La demostración más palpable de la necesidad de ganarse al electorado latino la ofrecieron las convenciones de ambos partidos. Los republicanos encomendaron dicha labor en Tampa (Florida) a uno de los senadores de dicho estado y estrella del Tea Party, Marco Rubio. Descendiente de inmigrantes cubanos -su abuelo materno llegó por primera vez a Estados Unidos en 1956 y regresó en 1962, decepcionado con el régimen castrista-, Rubio fue el primer presidente cubanoamericano de la Cámara de Representantes estatal antes de dar el salto al Senado en las elecciones de 2010. Desde su irrupción en la política con mayúsculas, son muchos quienes apuntan la posibilidad de que se convierta en el primer candidato latino a la Casa Blanca y formó parte de la lista de aspirantes a la vicepresidencia que manejó el equipo de Mitt Romney.
Durante su discurso, recordó que vio su primera Convención Republicana junto a su abuelo y que este le aseguró que "podría alcanzar cualquier cosa en EE UU". "No somos especiales porque haya más gente rica en esta nación, sino porque sueños que son imposibles en cualquier otro país, se cumplen aquí", proclamó un Rubio utilizado como medicina para calmar a unos latinos que perciben cada vez más lejos de sus demandas al 'Great Old Party'. Según una encuesta realizada en diciembre pasado por el Pew Hispanic Center, solo el 12% de los votantes latinos registrados se sentían representados por esa formación.
Dos noches antes, los republicanos aprobaban una plataforma cargada de medidas contra los 'sin papeles'. El texto subrayaba la oposición del partido a cualquier forma de amnistía, abogaba por imponer mayores tasas a los estudiantes indocumentados que se matriculasen en universidades estadounidenses y reclamaba que el Departamento de Justicia retirase las demandas presentadas contra diversas leyes estatales en materia migratoria. El objetivo, como en su día manifestó Romney, es endurecer las condiciones de vida de los inmigrantes ilegales para que comprendan que la mejor solución para ellos es abandonar el país.
El exgobernador de Florida Jeb Bush, con gran predicamento entre los latinos de ese estado, o la gobernadora de Nuevo México, Susana Martínez, fueron otras de las figuras a las que apeló Romney para tratar de congraciarse con un electorado en el que su mensaje no acaba de calar.
Mano tendida
Mucho más éxito tuvieron los demócratas. Barack Obama otorgó uno de los papeles estelares de la convención celebrada en Charlotte (Carolina del Norte) al alcalde de San Antonio (Texas), Julián Castro. Hijo de una activista mexicana que logró que sus dos vástagos estudiasen en prestigiosas universidades pese a su magro sueldo, Castro se encargó del 'keynote address', la misma labor que catapultó a Obama ocho años antes en Boston. El conocido ya como 'Obama latino' también evocó los padecimientos sufridos por sus antepasados para salir adelante pero, a diferencia de Rubio, enfatizó la necesidad de ayudar a los más desvalidos con el fin de que puedan compartir un pedazo del sueño americano.
Castro no estuvo solo. Por el escenario del Time Warner Arena desfiló una amplia representación de la comunidad latina, desde la actriz Eva Longoria, codirectora nacional de la campaña de Obama, hasta Antonio Villaraigosa, alcalde de Los Ángeles y presidente de la Convención Demócrata.
Obama es el primer presidente que ha escogido a una latina, Sonia Sotomayor, para el Tribunal Supremo. Además, de los 29 congresistas latinos que hay en Washington, 21 pertenecen al Partido Demócrata, si bien los seis que se incorporaron en las elecciones de 2010 son de adscripción republicana, mientras que en el Senado ambos partidos cuentan con un representante hispano cada uno.
Aun así, los demócratas no pueden sentirse tranquilos. La razón es la decepción existente entre la comunidad latina al no haberse visto materializada la reforma migratoria que Obama prometió hace cuatro años. Lejos de regularizar la situación de cientos de miles de indocumentados, su Administración registra un récord de deportaciones. A la vez, el Departamento de Justicia ha entablado numerosas demandas contra leyes de estados como Arizona que establecen duras medidas para los inmigrantes ilegales como autorizar a la Policía a pedir a cualquier persona que cometa una infracción que muestre documentación que acredite su condición de residente legal en EE UU. Y recientemente el presidente puso en marcha la denominada 'acción diferida' para frenar la deportación de más de un millón de jóvenes indocumentados a los que se les ofrece la oportunidad de obtener permisos de trabajo por dos años, una medida sobre la que Romney ha pasado de puntillas si bien otros republicanos como Rubio han dejado claro que sería revocada de cambiar el inquilino del Despacho Oval.
Esta es la situación con la que Obama y Romney se presentan ante los electores latinos, para dirigirse a los cuales se multiplican los anuncios de campaña en español e incluso los candidatos -o sus familiares, caso de uno de los hijos del aspirante republicano- se atreven a pronunciar unas cuantas palabras en la lengua de Cervantes. Todo empeño es poco con tal de conquistar un puñado de votos que podrían decantar el resultado final. La llave del Despacho Oval está cada vez más en manos de los hispanos y la idea de que un latino pueda conquistar algún día la Casa Blanca ha dejado de ser una quimera.
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