Los científicos han conseguido las primeras colisiones después de que pequeños fallos técnicos obligasen a retrasar el comienzo del experimento
Mientras arrancaba el experimento, pocos podían evitar acordarse de las profecías que se han vertido en los últimos años sobre el LHC
En Ginebra, a 100 metros bajo el suelo, se han conseguido las condiciones más parecidas a los instantes iniciales del Big Bang que la ciencia haya logrado hasta ahora
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Varios científicos observan sus pantallas en la sala de control de experiencias del CMS de la Organización Europea de Física Nuclear (CERN)./ Efe

La sala de control de la Organización Europea de Física Nuclear concita todas las miradas./ Efe

El experimento se sigue al detalle./ Ap
Augurios sin cumplir
El CERN está acostumbrado a lidiar con todo tipo de augurios pseudocientíficos y fantasías literarias, como cuando Dan Brown hizo que medio mundo se fijara en su trabajo con la novela -y película- "Ángeles y demonios", en la que sus científicos producen una bomba de antimateria utilizada para destruir el Vaticano. En aquella ocasión, también personal del IFCA se ocupó de aclarar en España que Dan Brown hablaba de algo real, la antimateria, pero patinaba en los cálculos al manejar una cantidad tal -un cuarto de gramo-, que para producirla hubiera sido necesario que el CERN llevara 125 millones de años trabajando en ello.
Antes, ya había presentado un informe de seguridad en el que rebatía los augurios de Sancho y Walters y también otros muchos supuestos desastrosos, como el peligro que, para algunos, suponían los rayos cósmicos que iba a generar el LHC o la hipótesis de que podía formarse una burbuja de vacío. Y, por si alguien quedaba sin convencer por los razonamientos, aportaba el argumento de autoridad de varios premios Nobel y de eminencias como Steven Hawking.
Sin embargo, también desde la propia ciencia llegaron algunas teorías curiosas, como las que formularon hace seis meses Holger Bech Nielsen, del Instituto Niels Bohr de Copenhague, y Masao Ninomiya, del Instituto Yukawa de Física Teórica de Kyoto (Japón). En una hipótesis de la que se hicieron eco varios medios internacionales de prestigio, como "The Times", Nielsen y Ninomiya planteaban que si el LHC había tenido un expediente tan accidentado hasta esa fecha no era sólo por mala suerte, sino porque producía consecuencias "aborrecibles para la naturaleza".
Y, cargados de matemáticas, teorizaban que el éxito del LHC provocaba tales paradojas en el futuro, que la secuencia de acontecimientos se restauraba y el acelerador fallaba. De la misma manera, decían, que uno no podría viajar al pasado para matar a su abuelo, porque eso implicaría que no habría nacido para hacerlo.
El CERN no sólo ha batido todos los récords de energía en choques de partículas, sino que además ha hecho saltar por los aires los augurios de quienes profetizaban que el acelerador LHC provocaría un desastre de proporciones apocalípticas. Pero, para la Física, el fin del mundo puede esperar.
Al filo de la 13.00 horas, el
Gran Colisionador de Hadrones (LHC) conseguía generar en Ginebra (Suiza), a 100 metros bajo el suelo, las condiciones más parecidas a los instantes iniciales del Big Bang que la ciencia haya logrado hasta ahora, tras hacer que chocaran casi a la velocidad de la luz dos protones cargados con 7 teraelectronvoltios (TeV). "Empezad a celebradlo, no sea que nos pille el agujero negro", brindaba, con sorna, en Santander una de las personas que ha seguido el experimento desde el Instituto de Física de Cantabria (IFCA).
Parte de los investigadores del IFCA llevan 15 años dedicados al los preparativos del LHC y han acumulado tanta experiencia en la materia, que el CERN les ha asignado la coordinación para España de la siguiente generación de aceleradores de partículas, el ILC.
No hay amenaza para la humanidad
Hoy, mientras seguían vía internet el experimento, pocos podían evitar acordarse de las profecías que se han vertido en los últimos años sobre el LHC con más o menos envoltura científica. Incluso el astrofísico Xavier Barcóns, todo un experto en agujeros negros, bromeaba con el tema con un vicerrector y un par de periodistas.
Pero el agujero negro que presuntamente iba a engullir a la Tierra no se formó, ni por supuesto las partículas de materia extraña ("strangelets") que amenazaban con cambiar toda la materia conocida en el planeta en una reacción en cadena imparable, ni tampoco las temidas partículas de un solo polo magnético. "Es lo que pasa a veces cuando uno mezcla cuatro ideas científicas reales con otras cosas que no lo son. Es fácil crear miedo, pero todo se basaba en nada", resume el director del IFCA, Francisco Matorras, que "ha leído de todo" en los últimos años sobre el acelerador LHC, como su colega en Ginebra Teresa Rodrigo.
Los tres supuestos citados -con sus consecuencias catastróficas- figuraban en la demanda que el español Luis Sancho y el estadounidense Walter Wagner presentaron hace dos años en un tribunal de Hawai (EEUU) para pedir que prohibiera al CERN arrancar el LHC, convencidos que suponía una amenaza para la Humanidad.
"Miles de datos" y un "nuevo territorio para los físicos"
El Gran Colisionador de Hadrones o LHC registra ya "miles de datos" y las colisiones han sido constantes en sus primera hora de vida, según la Organización Europea de Física Nuclear (CERN, por sus siglas en inglés) en Twitter. Se trata de la primera vez que se lleva a cabo un experimento de estas características así como un récord mundial en la Historia de la Ciencia. El objetivo es crear condiciones similares a las que se produjeron en el 'Big bang', que desencadenó la formación del Universo.
A partir de ahora el LHC funcionará constantemente a energías de siete teraelectronvoltios (TeV), tras la colisión de las dos partículas, que 'viajaban' a una velocidad de 3,5 TeV cada una, para recrear de esta forma 'mini versiones' de lo que fue el Big Bang, recuperar la situación del Universo de hace 13,7 miles de millones de años, en el momento de su nacimiento, con el principal objetivo de analizar el origen y la naturaleza de la materia, así como el de las estrellas y planetas que lo conforman.
El plan será entrar en fase de toma de datos continua por un periodo de entre 18 y 24 meses, con una breve parada técnica a finales de 2010. Además, científicos de todo el mundo estarán recopilando a partir de ahora datos desconocidos por la Física contemporánea. "Este es un gran paso adelante. Estamos yendo a donde nadie ha ido antes. Hemos abierto un nuevo territorio para los físicos", comentó el investigador del CERN Oliver Buchmueller, una de las figuras claves del proyecto de 10.000 millones de francos suizos.