Jueves, 11 de enero de 2007
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OPINIÓN

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Abandono del patrimonio
DÓNDE va la Junta de Castilla y León con su política de patrimonio cultural?

Lo sucedido en las últimas semanas en el patrimonio leonés no es casual. El desprendimiento de dos gárgolas en la Catedral de León, la columna fracturada en Santiago de Peñalba, el ara desplomada en la iglesia mozárabe de San Miguel de Escalada o las goteras que contribuyen al deterioro del artesonado mudéjar de San Francisco en Villafranca del Bierzo, no son fruto solo de la combinación de las bajas temperaturas y de la humedad. Inviernos crudos los ha habido siempre. Y este, en principio, no lo está siendo tanto.

¿Qué pasa, pues con el patrimonio? Lo sucedido en la provincia leonesa es tan solo la punta del iceberg de una política de abandono por parte de la Junta de Castilla y León con respecto al patrimonio cultural de la región. Pudiera llamar la atención que este deterioro se produzca en edificios emblemáticos, como ha sucedido en las últimas semanas, pero el abandono viene desde hace muchos años. La dejadez en el mantenimiento y la conservación conduce inexorablemente al deterioro y de este a la ruina. En la misma provincia leonesa, existen casos de abandono de edificios no menos emblemáticos que los citados. ¿Cómo se entiende, pues, que la basílica paleocristiana de Marialba de la Ribera -sin parangón en España- haya estado y esté sujeta al paso del tiempo y sus caprichos, sin mantenimiento, limpieza, adecuación y consolidación de sus ruinas?

No está mejor el patrimonio en el resto de las provincias de la comunidad. En la vecina Zamora, la magnífica portada barroca del convento -y el propio cenobio- de San Román del Valle sigue perdiendo año tras año buena parte de su fábrica. El que se sigan desprendiendo piedras no llama la atención, puesto que se produce en un área rural, parcialmente deshabitada y, por lo tanto, no tiene la misma repercusión mediática que la Catedral legionense. Pero con este deterioro y la pérdida inexorable de su fábrica, el patrimonio se resiente. Lo mismo sucede con la torre y la iglesia de San Nicolás en Castroverde de Campos. De poco le ha valido a ambos edificios estar recogidos en el catálogo de Bienes de Interés Cultural de la Junta de Castilla y León (BIC); la ruina se ha cebado en sus muros, por mor de la ausencia de una política de consolidación y mantenimiento por parte de la administración regional. Incluso, en un edificio emblemático, declarado BIC, como es la iglesia románica de Santa Marta de Tera, se asiste desde hace años al deterioro continuo de sus esculturas -con el universal icono de Santiago peregrino-, sin que la Junta haga nada por evitarlo. Los ejemplos podrían multiplicarse.

En la provincia salmantina ocurre otro tanto. En Aldea del Obispo siguen perdidas las ruinas del Fuerte de la Concepción, sin que la Junta haga nada. En Ciudad Rodrigo prácticamente se ha perdido, también, la torre mudéjar del monasterio de La Caridad, a pesar del esfuerzo de sus propietarios por mantener el inmenso inmueble. También en este municipio, la Junta se ha negado recientemente a incoar el expediente de declaración como Sitio Histórico del Teso de San Francisco, enclave estratégico desde donde tuvieron lugar los internacionalmente conocidos como los 'sitios' a los que la ciudad fue sometida en los años 1810 y 1812. Esta es la respuesta de la Junta cara al Bicentenario de la Guerra de la Independencia.

Mientras, en la provincia de Valladolid asistimos al bochornoso caso de dejar caer la casa rectoral de San Román de Hornija, palacete del siglo XVIII, con columnas y capiteles de época mozárabe (siglo X). Por un lado la ruina; por otro, la falta de criterio en materia de conservación, como sucede en el conjunto histórico de Urueña, donde no hay plan director y en donde la muralla se reconstruye al albur: unas veces, a la manera tradicional; otras, con un encofrado o alma de hormigón, otras...

La de los BIC es otra de las vertientes de la dejadez de la Junta. La Consejería que dirige Silvia Clemente tiene cerca de 200 expedientes paralizados, muchos de ellos desde hace 25 años y se muestra incapaz de resolver su declaración como Bien de Interés Cultural. Incluso, se muestra cicatera a la hora de iniciar nuevos expedientes, como se le ha propuesto en provincias como Palencia, en Salamanca, en Soria o en Zamora. El resultado no es de extrañar: Castilla y León ocupa el furgón de cola de los BIC en España.

Únase a esto, la paupérrima declaración de BIC muebles, la no menos escasa declaración de lugares históricos, la excesiva lentitud en deslindar y amojonar las vías pecuarias: cañadas, cordeles y veredas, con el consiguiente inventario de su patrimonio, la paralización del expediente de la Vía de la Plata o la ausencia de una política de promoción de los otros caminos a Santiago que discurren por la comunidad.

Pero de la dejadez o el abandono del patrimonio cultural de la región, habla por sí solo el olvido -cuando no incapacidad- de los responsables de la Consejería de Cultura, de desarrollar la normativa reglamentaria del 1% cultural, tal como se contemplaba en la Ley 12/2002, de 11 de julio, de Patrimonio Cultural de Castilla y León. De este modo, la Junta está negando al patrimonio de la región de disponer de importantes recursos que deberían orientarse a la conservación y restauración de los bienes patrimoniales (14 millones de euros más, teniendo en cuenta los presupuestos del 2006), como sí lo están haciendo otras comunidades autónomas y el propio Estado. Estos recursos, que no solo paliarían el deterioro de buena parte de los edificios del patrimonio regional, servirían también para proyectar una imagen de la comunidad, respetuosa y comprometida con su legado cultural y preocupada por su aprovechamiento turístico. Pero para los actuales ¿responsables? de la Junta, el patrimonio es una carga; no lo conciben como un fenómeno generador de riqueza.

 
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