Domingo, 26 de noviembre de 2006
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PALENCIA

LOS CUATRO CANTONES
El piojo verde
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POR qué era verde? En realidad, no era así. Era el mismo 'pediculus vestimenti' que ha existido siempre, aunque ahora es muy poco frecuente. Otra cosa es el 'pediculus capiti', o piojo del cabello, que aún suele dar guerra por escuelas y colegios de Primaria. El primero es más bien rubio y el segundo, negro. Hablo con la experiencia de haber tenido ambos como huéspedes. Eso fue hace años, en la Guerra Civil. Más tarde me reencontré con el de la ropa, que más bien diría de las costuras, cuando la epidemia de tifus exantemático de 1940 al 1945, enfermedad a la que como alumno interno primero y médico recién graduado después asistí ampliamente. Incluso el 80% de mi tesis doctoral está realizada con estos enfermos. Creo que seré uno de los pocos médicos que queden en España con experiencia directa en esta gravísima enfermedad, al menos de la época preantibiótica. Ahora sería mas llevadera.

Pero queda sin aclarar lo del color. Pues verán. Allá por el comienzo de la década de los cuarenta del siglo pasado, apareció una enfermedad muy grave en España, que era desconocida, que producía fiebre alta y un estado de semiinconsciencia. Como apareció en personas recluidas en campos de concentración y en pordioseros y vagabundos, no se le dio inicialmente demasiada importancia, hasta que algunos catedráticos, entre otros con el que yo trabajaba, el profesor Bañuelos, dijeron que era tifus exantemático, que se transmitía por los piojos, que no tenía tratamiento y que producía mucha mortalidad, y sobre todo que se podía extender al resto de la población, porque muerto el enfermo, el piojo emigra al primer ser humano que encuentra y le contagia el tifus.

Extender la alarma

Por este procedimiento se contagió un amigo mío, estudiante, que ya de médico ejerció en Palencia. No hubo mas remedio que extender la alarma y luchar contra el piojo. La gente se tomó a broma eso de luchar contra los piojos, pues dado el bajo nivel de vida de entonces, eran frecuentes. En aquellos años, estaba muy de moda una canción, la de los 'ojos verdes', que era valorada como muy mala por la Iglesia, cosa lógica, pues la de los ojos verdes estaba en la puerta de la mancebía, y cuando el cantante se despide y la quiere regalar para un 'vestío', contesta: «Ve, me dijo estás cumplío, no me tíes que dar na». Quedaba muy bien retratado el personaje de la canción. La censura no la vio bien, pero procedía de la ya extinta zona roja y tenía gran difusión y no se pudo prohibir, aunque sí perseguir más o menos abiertamente, y aunque se cambió algo la letra, siguió siendo una canción mala. Entonces aparece la persecución del piojo. El pueblo también le puso el nombre de verde, y de aquí que a la enfermedad algunos la llamasen 'el piojo verde' -cuando mas bien debió decirse 'la enfermedad del piojo verde'- con un cierto tono humorístico, muy del pueblo español, que ya tenía bastante con los matados, el hambre y las cárceles, para agregar un drama más a sus vidas. Ésta es una teoría propia sobre el origen de este nombre a falta de otra que, aunque la he buscado, no la he podido encontrar, y sospecho que es porque no la hay.

Escribo esto impresionado porque he leído un libro sobre el Franquismo editado por un periódico de amplia difusión, y el autor que escribe sobre el piojo verde no tiene apenas idea de la cuestión. El que esté de moda publicar cosas sobre una etapa de nuestra historia, que al vez sea mejor olvidar, no exime de documentarse sobre lo que se escribe.

En el Hospital Provincial de Palencia se trataron algunos casos de esta enfermedad procedentes del campo de concentración de prisioneros de Miranda de Ebro, quizás porque el de Burgos estuviera ya saturado. También y del mismo origen fueron hospitalizados unos cuantos enfermos de viruela, enfermedad muy grave y ya desaparecida, al igual que el tifus. En los escritos sobre la dificultosa vida de la década de los años cuarenta, se ha tratado muy poco de la frecuencia de patologías antes inexistentes, tanto infecciosas como de alimentación, como latirismo, pelagra, escorbuto o edema de hambre, que atendí en el hospital de Valladolid y que después volvieron a desaparecer de la práctica médica.

Una aclaración para el lector no médico. Este tifus exantemático es distinto de la fiebre tifoidea, enfermedad entonces frecuente, menos grave y que es transmisible por el agua y los alimentos. Ambas originan un estado de inconsciencia, llamado tífico, aunque en la fiebre tifoidea sea raro y en el tifus exantemático es la norma. Cuando se descubrió el antibiótico cloranfenicol, hacía mas de diez años que no existía tifus en España. Primero se aplicó contra la fiebre tifoidea, y como en algunas naciones de Suramérica existía una enfermedad parecida al tifus exantemático, producida por un microbio de la misma familia, que es la 'fiebre de las montañas rocosas', se estudió su acción frente a esta enfermedad, que fue positiva. En el equipo que lo descubrió y publicó en una revista médica norteamericana estaba un médico palentino, Silvio Palacios, de Alar del Rey, compañero de estudios y amigo personal.

La enfermedad era tan grave que en 1943, cuando hice mi tesis doctoral en el pabellón de aislamiento del hospital de Valladolid, me quedé sin personal, unos por haber sido contagiados y otros por desertar por miedo, y solamente asistimos a los enfermos, ya al final de la epidemia, una chica muy joven, convaleciente del propio tifus, y yo. Por eso, siempre que puedo, rindo un homenaje a Mercedes San José, huérfana de fusilados por la Guerra Civil y de profesión prostituta callejera. Falleció muy joven de embolia cerebral, producida por una lesión cardiaca de origen reumático, enfermedad también propia de aquella triste época.

 
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