Poniente almeriense: una selva amazónica debajo de un mar de plástico

Atardecer en el puerto de Almerimar.
Atardecer en el puerto de Almerimar.
  • Se trata de una tierra milenaria que estuvo habitada por fenicios, romanos y árabes y que hoy tiene mucho que ofrecer a los que gusta ver yacimientos arqueológicos y vetustas fortalezas

Siempre es agradable dar con rincones por explorar y catar. Donde acaba el mar de plástico (invernaderos), ese paisaje lunar icónico del Poniente almeriense (al suroeste de la provincia andaluza), comienza la costa. Aquí las playas son ajenas al concepto de primera línea. Los bañistas que se dan cita en la arena no tienen que emprender una cruzada para clavar la sombrilla. Así resulta fácil disfrutar del Mediterráneo, e incluso, del viento, el cual han sabido domesticar los agricultores y sacado provecho los amantes de los deportes acuáticos, como el windsurf, el kitesurf, y el paddle surf.

Desde lo alto de los alcores que hacen parte de la escenografía de la zona se percibe la aridez de esta comarca. La sequedad de su clima no hace justicia a la calidez humana de las personas de por aquí, que de manera anónima y sin eco mediático, tienden la mano a los muchos náufragos de barcas de papel procedentes de las costas africanas y que dan a parar a las playas de este lugar ignoto de Almería. Pero esta es otra historia… Nos referimos a una tierra milenaria que estuvo habitada por fenicios, romanos y árabes y que hoy tiene mucho que ofrecer a los que gusta ver yacimientos arqueológicos (yacimiento de Ciavieja) y vetustas fortalezas, como la Guardias Viejas, entre otras cosas. Igual que se cruzaron en estas latitudes culturas de Occidente y Oriente, el Poniente almeriense tiene un pronunciado carácter tan marino como de interior, a los pies de la Sierra de Gádor y de Adra, con Sierra Nevada al fondo.

Castillo de Guardias Viejas

Castillo de Guardias Viejas

El Ejido es el centro neurálgico del Poniente. Una localidad con vida propia desde 1982, año en el que se separó del municipio de las Dalías. El dispendio de dinero y la especulación inmobiliaria se tradujo en mal gusto para gastar y levantar nuevos edificios que hoy dan vida a esta ciudad que trata de volver a sus orígenes contagiado de la tranquilidad con la que parecen vivir los habitantes del lugar. A pesar de no ser un sitio bonito esconde un tesoro que merece la pena ser compartido y que se convierta en patrimonio. Se trata del restaurante La Costa (establecimiento que se encontró con una estrella Michelín sin buscarla), ubicado en medio de un polígono industrial. Por cuestiones sentimentales no ha cambiado de ubicación, y es que a su propietario, el cocinero José Álvarez Moreno, le gusta estar cerca de su clientela de toda la vida. Sin duda, se trata de un homenaje a la belleza interior.

La Costa no sería el restaurante que es si no fuera, en parte, por el trabajo de gente como Lola Gómez Ferrón, agricultora. Una mujer que invita a imaginar que es sueca por su rizado pelo rubio y sus gafas, pero que cuando se expresa uno no tiene dudas de donde es y que tierra ama por encima de todas las cosas. Es una enamorada del mundo vegetal y contagia su pasión a los que se acercan a su invernadero (Clisol) durante una visita de lo más educativa, ilustrativa y emocional. Gracias a la agricultura intensiva se ha creado industria en Almería: fábricas de plástico, semillas, centros de manipulado, de investigación y otro tipo de tecnologías. No es casual que esta comarca sea "la huerta de Europa", aunque a nivel nacional sea desconocida.

El cultivo de hortalizas y frutas (tomate, pepino, berenjena, calabacín, sandía y melón) bajo el plástico se hace desde unos 50 años. Los invernaderos se levantaron por el viento. La idea era pararlo y gracias a ellos la fuerza de Eolo se convirtió en un recurso más: saca la humedad del interior de los mismos. Por otro lado, los invernaderos se convirtieron en una calefacción (la temperatura no baja de los 7 grados en invierno y así permite cultivar durante todo el año). Como dice Lola, "son casas para las plantas cerca del mar". Estas residencias para vegetales ocupan una superficie de 30 mil ha. en todo Almería y constituyen una selva amazónica debajo de un mar de plástico.

Reserva y Paraje Natural de Punta Entinas-Sabinar.

Reserva y Paraje Natural de Punta Entinas-Sabinar.

El ambiente adusto que transmite el exterior de los invernaderos, con esos caminos que los recorren, los pequeños cortijos salpicados a distancia simulando lo que no son y la poca gente que se ve, da pie a los pueblos costeros. Es fácil toparse con Balerma, con las barquitas echándose la siesta en la orilla, las viviendas de pescadores y el restaurante La Lonja. Sus calles exhiben ese lado calmo y local, a penas manipulado, para que lo goce quien dé con él. Muy cerca de aquí se alza la batería de Guardias Viejas del siglo XVIII. Se erigió para hacer frente a los ataques piratas que, además de querer robar el garum (un preciado condimento alimenticio), deseaban hacerse con las mujeres de la zona, dicen que por su belleza. Muy cerca de este pueblito pescador, en cuanto a kilómetros se refiere, pero muy lejos en cuanto a sensibilidad, se encuentra Almerimar. Sus bulevares custodiados por palmeras, sus construcciones ochenteras, incluso los sanos y deportistas jubilados que se ven pasear y jugar en el campo del Hotel Golf Almerimar, evocan la imagen de un Miami rural muy curiosa y divertida. Este enclave estival para unos y residencial para otros, hace parte de los 27 kilómetros de costa de El Ejido, donde se mezclan playas urbanas con otras escondidas. En la playa de Poniente-Almerimar se encuentra el Víctor Fernández Center, del campeón del Mundo de Windsurf en el año 2010, para aquellos que quieran practicar deportes acuáticos. La playa de Guardias Viejas es uno de los spots favoritos para cabalgar empujados por el viento dada su situación en el tramo de Punta de Culo Perro, donde  el viento azota las velas por los cuatro puntos cardinales. La playa de Cerrillos cuenta con más de cuatro kilómetros y se localiza dentro de la Reserva y Paraje Natural de Punta Entinas-Sabinar, igual que la playa Punta Entinas. En ambas se puede practicar el submarinismo y disfrutar de un fondo marino colonizado por la Posidonia Oceánica, Cymodocea noltii y Cymodocea zoostera. La Reserva en cuestión alberga dunas de arena fijadas al terreno por la vegetación y humedales y lagunas donde habitan de manera estacional aves; como los flamencos, además de zorros, comadrejas, conejos, liebres, tejones y camaleones. Todo ello en apenas 16 kilómetros de costa y uno de ancho.

Se habla mucho de lugares en los que no se ha estado y se hace para arrinconarlos. Del Poniente almeriense se dice poco porque se sabe aún menos de él. Esto es un motivo que justifica el viaje hasta aquí. No espere playas paradisíacas, chiringuitos cool, y toda esa fanfarria que suena a estribillo de canción del verano trillada y hortera. En este litoral a penas se han camuflado los defectos porque hacen parte de su belleza. Belleza que aún está pendiente por descubrir por muchos curiosos que se sorprenderán cuando se animen a nadar por este mar de plástico que esconde una selva amazónica.