Madagascar, la paradisíaca isla de los baobabs y los lémures

Madagascar, la paradisíaca isla de los baobabs y los lémures

El país insular domina el océano Índico frente a la costa africana entre playas de ensueño y una riqueza natural sin precedentes

ÁLVARO ROMERO

El país insular de Madagascar se sitúa frente a la costa sureste del continente africano, cara a cara con el litoral de Mozambique. Domina el océano Índico con sus más de medio millón de kilómetros cuadrados, dato que la convierte en la isla más grande de África y la cuarta del mundo. Su posición, aislada del resto de países, hace que sea una de las naciones más pobres del globo, pobreza extrema que contrasta con la riqueza natural que alberga.

Guarda una fauna y flora sin precedentes y por ello es considerado por los científicos como un santuario de la naturaleza y la cuna de especies endémicas. Allí se encuentran variedades únicas en el mundo entre los más de 19.000 tipos de plantas y una fauna que supera las 100.000 especies.

La isla de los sueños

Madagascar, es tierra de sueños y aventuras, alberga fabulosos tesoros y ofrece multitud de atracciones para recordar toda la vida. La capital, Antananarivo, guarda entre sus calles complejos palaciegos y los edificios más modernos del país que contrastan con casas antiguas y zonas donde se palpa la pobreza. Su anárquica distribución es algo habitual también en el resto de ciudades y poblados malgaches.

Descubrir la parte más salvaje del país es el mayor de sus atractivos, naturaleza y paisajes que son dignos de admirar. El Parque Nacional de Tsingy es una de las visitas obligadas, un escenario inmenso formado por la erosión del territorio, antes sumergido. Formaciones de moluscos fosilizados que transportan a tiempos remotos.

Entre la fauna insular aparece el lémur, especie más emblemática de Madagascar. Primates endémicos que se reparten por la isla y se dejan ver en alguno de los parques naturales. Considerado el antepasado del mono, es un animal curioso de ver y que no teme a la presencia del ser humano.

Otro de los grandes espectáculos de la naturaleza que allí se puede contemplar es la migración de ballenas jorobadas. Entre los meses de junio y septiembre, uno de los mamíferos más grandes del planeta llega a la costa noreste de Madagascar para dar a luz a su cría, después de un largo viaje a través de los océanos.

Sus paradisíacas playas

Las playas de la isla son un verdadero paraíso, aguas cálidas y cristalinas que bordean kilómetros de costa de arena blanca. Lugares perfectos para aquellos turistas que buscan relajarse a la sombra de las palmeras y también para los que prefieren acción y aventura. En el litoral malgache se pueden hacer multitud de actividades, desde submarinismo hasta surf, pasando por snorkel, kitesurf, windsurf y cruceros de vela o dhow.

Las mejores playas de Madagascar se encuentran al norte. La pequeña isla de Nosy Be ofrece algunas de ellas, entre aromas a flores y vegetación local. Sin embargo, las aguas más cristalinas del país se suelen disfrutar en el Mar Esmeralda, uno de los puntos más nórdicos, caracterizado por la poca profundidad de sus fondos. Junto a ellas merece la pena destacar la playa de Ramena con sus aguas calmadas y la isla de Santa María, lejos del bullicio turístico.

Con las raíces en el cielo

Así se presentan los fascinantes baobabs, sin duda la imagen más representativa de Madagascar. Un árbol majestuoso y sagrado para la población local que los apoda 'la madre del bosque'. Tan solo existen ocho especies de esta variedad en el planeta y seis de ellas son endémicas de la isla.

La extraña figura que dibujan sus troncos y ramas capta la mirada de todos y quedando inmortalizada en las cámaras de los turistas. El baobab no deja lugar a la improvisación y todo en él está pensado para soportar condiciones climatológicas extremas, guardando una importante reserva de agua.

El lugar ideal para admirar estos árboles es el Callejón de los Baobabs, en Morondava, ciudad ubicada en la costa oeste de la isla. Pero también se pueden ver en las ciudades de Mahajanga y Toliara, así como en los parques de Ankarafantsika y Kirindy Mitea.

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