La sociedad 'perfecta' de los jesuitas, un polo del turismo en Paraguay

Misión de Jesús de Tavarangue. /NORBERTO DUARTE (AFP)
Misión de Jesús de Tavarangue. / NORBERTO DUARTE (AFP)

Los avances en el conocimiento y la destreza artística de los religiosos son un reclamo turístico

COLPISA / AFP

Con juegos de luces y música del italiano Domenico Zipoli, los turistas se adentran en las ruinas de las misiones jesuíticas de Paraguay para transportarse en el tiempo e imaginarse el esplendor de aquel experimento de sociedad perfecta en los siglos XVII y XVIII. Sus vestigios se conservan como un tesoro al aire libre en las ruinas de las misiones Jesús y Trinidad, a orillas del río Paraná en la frontera con Argentina.

El camino de las misiones es más largo. Parte de Asunción y se extiende unos 250 km más al sur: San Juan Bautista, San Ignacio, la primera misión fundada por la Compañía de Jesús en 1608, Santa María de Fe, Santiago, San Cosme y Damián, antes de terminar en las misiones de Jesús y Trinidad.

Según el portavoz de la Secretaría Nacional de Turismo, Néstor Noguera, unos 50.000 extranjeros visitaron Paraguay en Semana Santa de 2017. Este año se esperan muchos más, especialmente argentinos favorecidos por los precios y el tipo de cambio. Al menos 60% de los turistas recorre las misiones jesuíticas, especialmente las de Jesús y Trinidad.

Ruinas de la Misión de la Santísima Trinidad de Paraná.
Ruinas de la Misión de la Santísima Trinidad de Paraná. / Norberto Duarte (Afp)

Los jesuitas fundaron 30 pueblos que abarcan además territorios que hoy pertenecen a Brasil, Bolivia, Argentina y Uruguay. En ellos, sabios europeos se aposentaron para entrenar a los indígenas en el arte y la ciencia durante 150 años hasta que estos religiosos fueron expulsados por la Corona en 1769.

«Es la experiencia que el anticlerical Voltaire por lo menos reconocía como un triunfo de la humanidad», comentó a la AFP el historiador y estudioso esloveno-argentino Bozidar Darko Sustersic, profesor jubilado de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Sustersic acaba de lanzar en Asunción el libro 'Brasanelli. Pintor, escultor y arquitecto de las misiones guaraní-jesuíticas', sobre el italiano Giuseppe Brasanelli (1659-1728), maestro en el tallado en madera de imágenes de santos.

Ruinas de la Misión de la Santísima Trinidad de Paraná.
Ruinas de la Misión de la Santísima Trinidad de Paraná. / Norberto Duarte (Afp)

En las paredes de las ruinas de Trinidad, permanecen incólumes hileras de frisos y una larga banda decorativa de esculturas de santos, ángeles músicos, hasta la Virgen con labios gruesos, pómulos grandes y ojos redondos, a semejanza de las aborígenes. Como están hechos de arcilla, el tiempo y el aire los han desgastado pero quedan los trazos de la habilidad indígena.

Según el historiador, Brasanelli era un genio para la época en que abandonó Europa atraído como otros artistas por el imán de la vida jesuítica en las misiones, mismo destino del músico Domenico Zipoli (1668-1726). Brasanelli es conocido también como estratega militar.

«En esa época, como creadores los artistas eran fundamentales para la estrategia. Diseñaban armas, como Leonardo Da Vinci, que creó unos carros con guadañas que hacían un desastre», relató el historiador. Uno de ellos diseñó y fabricó un cañoncito de caña de bambú forrado en cuero de buey para atacar a los invasores portugueses que llegaban de Brasil en sus botes, explicó. En las misiones se fabricaron incluso telescopios de seis metros, de caña de bambú y vidrios tallados de cristal de roca, según el especialista. «Así observaron las lunas de Júpiter», aseguró.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos