Praga, la perfección hecha ciudad

Plaza de la Ciudad Vieja, Praga.
Plaza de la Ciudad Vieja, Praga. / A. F. Casas
  • La capital checa rebosa belleza por los cuatro costados entre edificios y calles de piedra con ambiente medieval

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Praga es una ciudad sorprendente vayas donde vayas, te dejará boquiabierto por la multitud de atractivos que ofrece. Su esencia medieval se respira en cada rincón, abundan los suelos y muros de piedra entre edificios espectaculares. Visitar la capital de la República Checa es un plan perfecto para realizar un viaje o una escapada en familia, con amigos o en pareja. Esta última opción es cada vez más elegida, por eso Praga es conocida como "el nuevo París", un destino idílico también para enamorados.

Si decides realizar este viaje invierte al menos tres o cuatro días para verla completamente, si dispones de más tiempo podrás realizar alguna excursión a zonas cercanas. Haz el cambio de divisas antes de viajar, la moneda oficial es la Corona checa. Acuérdate que también podrás pagar con tarjeta, pero lleva efectivo, hay lugares que no aceptan tarjetas.

Para viajar la mejor opción es volar con Czech Airlines, desde Madrid la duración del viaje ronda las dos horas y 40 minutos. Una vez allí hay diferentes formas de llegar al centro de la ciudad, hazlo en autobús exprés, es la forma que mejor relación ofrece precio- tiempo, va directo al centro y es económico. Praga, por lo general, es una ciudad "barata" en comparación con España.

Tómate tu tiempo para elegir el alojamiento, hospedarte en una buena situación hará que optimices al máximo tu tiempo. Te proponemos el hotel Luxury Family Bila Labut, la calidad es buena, no resulta muy caro y ofrece una localización perfecta, cerca del centro y del transporte público. Intenta viajar en temporada baja, evitarás aglomeraciones y gastos innecesarios. Una vez instalados, solo toca disfrutar.

Ciudad Vieja

La primera parada es el centro de Praga, conocida como Stare Mesto o Ciudad Vieja. Un primer contacto con la capital que te enamorará por la retina. De camino a la plaza pasa por la Casa Municipal y la Torre de la Pólvora. Esta última, una de sus construcciones más famosas, sigue la arquitectura medieval clásica, presente en los edificios más destacados. De color gris oscuro y detalles dorados conduce a la plaza de la Ciudad Vieja.

Las calles minuciosamente cuidadas ofrecen edificios de colores todos diferentes pero cortados por un mismo patrón. Al llegar a la plaza todo lo que le rodea es grandilocuencia, sitúate en el centro y gira sobre ti mismo, la imagen rebosa belleza por los cuatro costados. La culpa la tienen varios edificios, la Iglesia de Tyn, la de San Nicolás y la Torre del Ayuntamiento. En esta última se encuentra uno de reclamos turísticos más importantes y orgullo de los vecinos, el Reloj Astronómico. Es el reloj medieval más famoso del mundo, sin duda precioso, muy bien conservado y cuidado.

Josejov

Sube a la Torre del Ayuntamiento desde allí se divisan unas vistas espectaculares de la plaza y toda la ciudad, un lugar perfecto para inmortalizar el momento en fotos. Junto al río se puede disfrutar de otros edificios monumentales como el Clementiun, que alberga una de las bibliotecas más bonitas del mundo. El Teatro Nacional, la Casa Danzante y la plaza de Wenceslao, escenario de multitud de hechos históricos, como la Primavera de Praga o la invasión Nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

El barrio judío de Praga, cerca de centro de la Ciudad Vieja se encuentra este lugar, repleto de sinagogas, seis en total, de las cuales destaca la Pinkas y la Española. Si visitas esta zona no puedes perderte el antiguo cementerio judío y el Rudolfinum, un edificio renacentista que hace las veces de sala para conciertos y exposiciones.

Al otro lado del río

El caudaloso río Moldava divide la capital checa en dos mitades. El mejor lugar para atravesar el río por su espectacularidad es el famoso Puente Carlos, el más antiguo de la ciudad. Sigue los cánones de la arquitectura checa medieval, la piedra oscura y los detalles dorados, el suelo de piedra y decenas de figuras en los laterales, flanqueadas por una torre a cada extremo. El Puente Carlos ofrece una preciosa imagen de los dos laterales del río y da paso al barrio de Malá Strana.

A ese lado del río se encuentra el muro de John Lennon y la espectacular Iglesia de San Nicolás. Recorrer las callecitas de este lado del río es introducirse en profundidad en la Praga antigua. Sube hasta el castillo, un recinto cerrado protegido por la guardia checa. Deberás pasar un control de metales y parecerá abrirse sobre ti otra ciudad nueva.

La primera imagen que te impactará será la Catedral de Praga, en la altura, un edificio sin igual, hay pocas palabras para describir tanta belleza. Visita el castillo, la catedral y haz lo propio con la Basílica de San Jorge, su fachada roja destaca entre las demás.

A escasos metros de ella aparece un curioso callejón, repleto de pequeñas casitas de colores, el denominado como Callejón del Oro. Su interior guarda una colección de instrumentos medievales de batalla y tortura. Mientras algunas de las casitas recrean el mobiliario y la vida cotidiana de sus vecinos de antaño. Un lugar curioso y bonito de ver. Se dice que en el número 22 vivió el famoso literato judío Franz Kafka.

Si llegas con fuerzas sube a la torre de la catedral, desde allí se divisan las mejores vistas panorámicas de la ciudad. Eso sí, prepara las piernas, pues tendrás que hacer frente a 285 escalones en forma espiral. La recompensa merecerá la pena.

Cocina típica

La República Checa, al contrario que otros países europeos tiene una marcada gastronomía, ofrece platos típicos muy sabrosos. Si visitas Praga tienes que probar el codillo, lo asan con miel y cerveza dejando la corteza crujiente y el interior muy jugoso. El goulash, carne de ternera estofada con una salsa elaborada con cerveza, acompañada con dumplings, pan típico de la región.

La cerveza es uno de los productos más tradicionales, la más famosa es la Pilsner Urquell. Los amantes del dulce también tienen cabida en Praga, es bastante común encontrarse puestecitos urbanos donde se cocinan a la brasa los conocidos como trdelník, pasteles tradicionales con forma cilíndrica que se acompañan con chocolate o helado.