Lejano Oeste, solo para auténticos forasteros

Vista del Monument Valley.

Vista del Monument Valley. / Pedro Grifol

  • El suroeste de Estados Unidos, con inmensas praderas, singulares formaciones rocosas y pueblos abandonados, fue el mítico plató natural del wéstern

Antes de iniciar el viaje, conviene revisar la película ‘Pasión de los fuertes’ –un clásico del blanco y negro que rodó John Ford en 1946–, porque en ella aparecen los dos elementos leitmotiv del cine del oeste. En una misma secuencia aparece el sheriff valiente –en este caso Wyatt Earp, sheriff de Tombstone–, y el magnífico paisaje de Monument Valley. Ford acostumbraba a rodar en el espectacular escenario que forman unas gigantescas rocas que surgen como puños a través de la corteza terrestre en el Estado de Utah.

The Mitten (La Manopla) es la más reconocible de esas insólitas y rotundas formaciones pétreas que tantas veces inmortalizó en inolvidables películas desde que rodara ‘La diligencia’ en 1939. Seguirían ‘Fort Apache’ (1948), ‘Río Grande’ (1950), ‘Centauros del desierto’ (1956), ‘El gran combate’ (1964), etc.

Veintidós años más tarde, el director de cine italiano Sergio Leone quiso rodar uno de sus más carismáticos wésterns en los mismos parajes naturales (aunque armonizándolo con el desierto de Almería), y trasladó todo el equipo al mismísimo escenario en el que rodó sus películas más emblemáticas el mítico director de cine americano. Aquella película se tituló en España ‘Hasta que llegó su hora’, aunque era mucho más bonito el título que le dio Leone: ‘C’era una volta il West’.

Aquel valle habitado por monumentos naturales empezó a llamarse Monument Valley cuando una pareja de colonos –los Goulding– se instalaron en aquel territorio en los tiempos en los que aún se podía escuchar a los indios cantar y bailar.

La pareja de visionarios pioneros necesitaba financiación para crear su negocio de trading post, es decir, una especie de parada y fonda con almacén para el trueque de mercancías entre los indios y los rostros pálidos. Harry Goulding tuvo conocimiento que el director de cine John Ford buscaba un lugar para rodar su próximo wéstern, y pensó que el valle donde vivía era el lugar ideal.

Tombstone en la actualidad.

Tombstone en la actualidad. / Pedro Grifol

Se fue al mismísimo Hollywood con unas cuantas fotografías bajo el brazo de las extravagantes formaciones rocosas de aquel magnético lugar para tratar de conseguir el apoyo económico necesario. Por perseverancia convenció al director de cine para que visitara su terruño. Al mes, Ford y su equipo empezaron a rodar el primero de los wésterns que tiene como fondo el paisaje de los monolitos milenarios… y entablando así el principio de una larga amistad.

Los Goulding descubrieron este paraje para la industria del cine. John Ford dio una versión del wéstern, y en Monument Valley, una firma.

Siempre recordaremos las secuencias de películas en las que se veía una hilera de indios a caballo recortando su silueta sobre una meseta a cielo raso… vigilando al 7º de Caballería; a desbocadas diligencias asaltadas por forajidos; a valientes que trotaban solos y escenas de amor enmarcadas por atardeceres rojos… donde el desierto encantado limita con el horizonte.

Carretera hacia el sur... camino a México, cada paisaje sucede a otro más enigmático aún: horizontes de grandeza, sin vallas, diseñados para vaqueros que aman la libertad, donde los milenarios cactus son los centinelas del secarral por el que la mítica Ruta 66 corta el continente americano pegada a las vías del tren. Trenes que ya no paran en los ‘ghost towns’ (pueblos abandonados), pero que cuando los visitamos nos recuerdan los decorados de cualquier clásico wéstern. Están ahí como surgidos de la imaginación... como fantasmas.

En una escena de ‘Conspiración de silencio’, un ‘wéstern contemporáneo’ dirigido por John Sturges en 1955 y filmado en un ‘ghost town’ de cuatro casas, Macreedy (Spencer Tracy) apunta: «Hay pueblos que se levantan y otros no, depende de sus habitantes».

El Sheriff, en la actualidad.

El Sheriff, en la actualidad. / Pedro Grifoll

La frase viene que ni pintada para referirnos a la actividad que en la actualidad tiene el pueblo más legendario de Arizona, la meca de los pistoleros del Oeste. Su nombre es Tombstone.

En la historia –y en la leyenda– del Lejano Oeste hubo muchos tiroteos, pero ninguno ha logrado y mantenido la fama como el conocido como O.K. Corral.

La verdadera ciudad de Tombstone tuvo su esplendor en los últimos 20 años del siglo XIX a raíz del descubrimiento de las minas de plata, convirtiéndose en una próspera ciudad. Sus casas tenían teléfono y en sus calles principales lucían farolas. Tenía hoteles de lujo, teatro, prostíbulos legalizados, casinos y saloons; incluso piscina... ¡la primera piscina pública al oeste del Mississippi!

Todo esto atrajo a gente con ganas de hacerse rico con esfuerzo y también a gente con las mismas ganas de hacerse rico pero de una manera más rápida, como asaltantes de diligencias, atracadores de bancos, ladrones de ganado, jugadores ‘de ventaja’, y pistoleros gatillo fácil. Aquí es donde surgió aquello de: ¿Quién es el más rápido con el revólver?

Malhechores y hombres de ley se enfrentaban constantemente por las calles de la ciudad. El sheriff de Tombstone era el carismático Wyatt Earp, que junto a sus hermanos Virgil y Morgan estaban empeñados en imponer la ley y el orden.

Lejano Oeste, solo para auténticos forasteros

Hasta que llegó su hora: El 26 de octubre de 1881, forasteros como Los Clanton, Los McLaury y algún que otro pistolero contratado –como el famoso Johnny Ringo– se enfrentaron a balazos en un lugar llamado O.K. Corral contra Wyatt Earp, sus hermanos y un aventurero añadido, llamado Doc Holliday. El tiroteo a discreción duró 30 segundos, en el que se dispararon 30 balas. Tres heridos y tres muertos fue el balance de la refriega. El impacto social del tiroteo recorrió el Lejano Oeste encabezando los titulares de los periódicos. Posteriormente, la literatura y el cine lo han recreado en numerosas ocasiones.

Ciento treinta y cinco años después, Tombstone lejos de haberse convertido en un pueblo fantasma, es un lugar de culto para aficionados al cine del Oeste y estudiosos de las hazañas de los pistoleros. A muchos de sus habitantes se les ve vestidos de vaquero paseando a caballo por la calle principal; algunos ciñen cananas y dejan ver su revólver. Se podría decir que es un pueblo de jubilados ‘con marcha’, ya que están ahí porque aman ese tipo de vida y necesitan demostrar sus habilidades con el revólver.

Tombstone tiene algo de melancolía, de romanticismo; incluso el show que representan a la caída de la tarde para los turistas tiene su encanto. Actores lugareños interpretan a los Earp y a los Clanton, emulando a Henry Fonda, Burt Lancaster, Kirk Douglas, Kurt Russell, Van Kilmer o Kevin Kostner... que les han dado vida en la gran pantalla.

«¿Queda claro quién manda en Tombstone?»... pregunta a gritos el actor que interpreta al sheriff Wyatt Earp a una variopinta y estupefacta audiencia al concluir el show. Se hace el silencio. «Ahora que ya lo saben... ¡Vayan corriendo la voz! Que sepan a lo que se exponen quienes vienen aquí, a la ciudad demasiado dura para morir».