Desfiladero del Cares, en la Reserva de la Biosfera de Picos de Europa.
Desfiladero del Cares, en la Reserva de la Biosfera de Picos de Europa. / Javier Prieto

León, el lugar donde la vida se refugia

  • La provincia leonesa atesora la mayor concentraciónde Reservas de la Biosfera del mundo

  • Siete comarcas en las que poder descubrir una naturaleza diferente

Hace ya más de cuarenta años que la Unesco, a la vista de los tiempos que corrían, puso en marcha un programa con el que intentar frenar algo que se veía venir: la capacidad infinita del hombre para convertir el planeta en un desierto de vida. El objetivo fundamental era detener la pérdida de biodiversidad, un problema cada vez más agudizado debido a la presión por extraer del planeta cualquier recurso aprovechable. Es así como nació la idea de las Reservas de la Biosfera, espacios de vida en los que relajar la presión del hombre para que los ecosistemas pudieran conservar al menos una parte de su capacidad de regeneración. Más adelante se vio que no solo la naturaleza entraba a marchas forzadas en vías de extinción; también las formas de vida ancestrales, cada vez más unificadas gracias a los omnipresentes medios de comunicación, necesitaban un ámbito de protección para no desaparecer de la memoria colectiva de los pueblos.

Para que estos espacios pudieran alcanzar tal consideración era necesario que cumplieran tres requisitos: que albergaran en su territorio una diversidad de sistemas ecológicos representativos, que tuvieran relevancia para la conservación de la diversidad biológica, y que ofrecieran la posibilidad de servir como experiencias en las que conjugar desarrollo humano y sostenibilidad al mismo tiempo. Desde entonces hasta ahora, esta organización ha declarado 631 de estas reservas en 119 países de todo el mundo. España, con 45 de estos espacios declarados, es uno de los que cuentan con mayor número de Reservas de la Biosfera. Y dentro de él, la provincia de León, con siete espacios declarados, atesora la mayor concentración de Reservas de la Biosfera en el mundo. Con cerca del 17% del territorio provincial incluido bajo esta figura de protección, puede presumir de contar con las mismas reservas que Portugal y más que otros países de nuestro entorno como Inglaterra, Irlanda o Suiza.

Río Curueño a su paso por Cerulleda.

Río Curueño a su paso por Cerulleda. / J. P.

Algo acorde también con la enorme diversidad paisajística y etnográfica que presenta la provincia. Y, sin duda, una suerte para quien disfruta saboreando el impresionante catálogo de rincones, comarcas naturales, pueblos y espacios singulares que es posible recorrer en unos pocos kilómetros. Estas son las Reservas de la Biosfera que pueden visitarse en la provincia de León.

1. Picos de Europa

No es ninguna casualidad que el entorno montañoso que componen los Picos de Europa, cuyo núcleo orográfico está constituido a su vez por tres macizos, fuera el primer parque nacional declarado en España en 1918. Hoy es una de las piezas clave de la futura Gran Reserva Cantábrica de la Biosfera, que se formará con la suma de las distintas reservas declaradas a lo largo y ancho de la cornisa.

Tiene un total de 64.660 hectáreas, que se reparten entre las provincias de Asturias, Cantabria y León, perteneciendo a esta última la mayor porción de territorio incluido, un total de 24.719 hectáreas. Su núcleo principal está formado por el conjunto de montañas calizas más extensas de la Europa Atlántica. De hecho, han sido descritas como un inmenso monolito calizo quebrado en gargantas, valles altos, laderas, paredes, canales, agujas, jous, llambrías y torres donde el agua desaparece, literalmente, de la superficie dada la porosidad de la roca, dando lugar, a su vez, a un complejísimo sistema kárstico valorado mundialmente por científicos y espeleólogos.

No obstante, atesora también una notable masa forestal, en la que encuentran cobijo casi el 90 por ciento de las especies presentes en la península ibérica. Los núcleos de población del sector leonés, con bellísimos ejemplos de arquitectura tradicional, se distribuyen entre los valles de Sajambre y Valdeón.

2. Valles de Omaña y Luna

Con más de 81.000 hectáreas, es la reserva más extensa de la provincia. Su principal singularidad radica en ejercer de territorio fronterizo entre el área climática mediterránea y la atlántica, con lo que esto conlleva de diversidad natural y también cultural. En su suelo alberga un importante catálogo de especies vegetales, muchas de ellas endémicas. Son notables sus bosques de roble melojo y abedulares que, por su extensión, resultan únicos en la península. Como representantes de la flora mediterránea, sobresalen masas forestales como el Sabinar de Mirantes de Luna, una auténtica reliquia del Terciario que sobrevive a las duras condiciones que impone la roca caliza. Entre los abedulares destacan los de Murias de Paredes, Montrondo y Fasgar.

3. Babia

A los pies de la imponente cumbre de Peña Ubiña (2.417 metros) se extiende el territorio que hacía que los reyes de la Edad Media perdieran la noción del tiempo cada vez que se adentraban en él a cazar. Algo parecido les pasa hoy a los viajeros que lo recorren de pueblo en pueblo descubriendo parajes de gran valor natural y paisajístico. Está formado por los municipios de San Emiliano y Cabrillanes y, más en el pasado que ahora, su historia está ligada a la generosidad de unos pastos de montaña que convirtieron la trashumancia en una de las formas principales de vida.

Precisamente, conservar tradiciones y alentar la memoria colectiva de los pueblos para que mantengan su singularidad es otro de los objetivos que persigue la declaración de Reservas de la Biosfera. Entre las pequeñas localidades hasta las que merece la pena acercarse para disfrutar de sus peculiaridades arquitectónicas esta La Cueta, Torre de Babia o Riolago.

4. Valle de Laciana

Ubicado al norte de la provincia, en la cabecera del río Sil, este espacio se caracteriza por el compromiso adquirido por las poblaciones existentes en él para encontrar formas de desarrollo alternativas, especialmente relacionadas con el turismo de naturaleza y activo, respetuosas con el medio ambiente. Todo el territorio tiene una gran importancia en la conservación del oso pardo.

Una de las propuestas de turismo activo más relevante es la rehabilitación de la Vía Verde de Laciana, un camino acondicionado por donde antaño se asentaron los raíles de este tren hullero y que enlaza las localidades de Caboalles de Arriba y Villablino en 6,5 kilómetros sin desniveles. En Caboalles, además, se encuentra ubicado el Centro del Urogallo, dedicado a esta especie en peligro de extinción pero que aún se localiza en la Cordillera Cantábrica.

5. Alto Bernesga

Hayedo de Ciñera de Gordón.

Hayedo de Ciñera de Gordón. / J. P.

Uno de los rincones más emblemáticos de esta reserva, sobre todo por lo que supone de recompensa al esfuerzo conservacionista de un pueblo, es el Faedo de Ciñera de Gordón, un hayedo con nombre propio y premio: el que recibió como Mejor Bosque del Año en 2007 de manos de la asociación Bosques sin Fronteras. Sin embargo, es solo una pequeña representación del amplio catálogo forestal que atesora. Ubicada en una zona de transición climática entre el Mediterráneo y el Atlántico, comparte catálogo vegetal de ambas áreas. Destaca también por sus características geológicas y por reunir en muy poco espacio un alto número de yacimientos fósiles, hasta 20, declarados de interés geológico.

6. Los Argüellos

El tramo central de la Montaña Leonesa, en el que se ubican los municipios de Vegacervera, Cármenes y Valdelugueros, se caracteriza por la variedad e interés de sus formaciones geológicas, con presencia de numerosas cavidades, algunas tan destacadas como las cuevas de Valporquero, Llamazares y Barredo. La abundancia de cavidades a las que da lugar la disolución de los suelos calizos contribuye a que una de las singularidades de este espacio sea que en sus cavidades se localicen 15 de las 26 especies de murciélagos presentes en la península ibérica. Entre lo más notable del espectáculo paisajístico a que da lugar la acción moldeadora de los ríos que la atraviesan están las vertiginosas y estrechas hoces de Vegacervera y Valdeteja.

7. Ancares

Puerta de una palloza en Balouta.

Puerta de una palloza en Balouta. / J. P.

Las pallozas, rudimentarias viviendas de planta circular, paredes de piedra y tejado de paja de centeno –cuelmo–, son la auténtica seña de identidad de un territorio que se extiende, casi a partes iguales, por las provincias de León y Lugo compartiendo usos, costumbres y lengua. Se piensa que los orígenes de estas formas constructivas son prerromanos y su pervivencia, al menos como elementos de la memoria colectiva, debería preocupar tanto como una especie en vías de extinción. Aunque pueden verse pallozas en distintos rincones de los Ancares leoneses, en los núcleos de Balboa o Balouta destacan por su abundancia y estado de conservación.