Naturaleza para perderse en Zamora

Cañón del Parque Natural de los Arribes del Duero en la provincia de Zamora.
sCañón del Parque Natural de los Arribes del Duero en la provincia de Zamora. / Tico Luca
  • La provincia cuenta con cuatro espacios naturales con una gran diversidad paisajística y una fauna donde destaca la mayor población de lobo ibérico de España

De la llanura a la montaña y las sierras, de lagunas glaciares a ríos, grandes acantilados y humedales, y de la trucha al águila real, el lobo ibérico o las palomas y sus refugios de barro en plena Tierra de Campos. Todo ello es posible en Zamora, en un recorrido por los cuatro espacios naturales protegidos con los que cuenta una provincia tan desconocida como variada.

Y es que la situación geográfica de Zamora da lugar a una naturaleza llena de contrastes y a una gran variedad de paisajes que en cada estación del año ofrecen un matiz diferente, y cualquier época es buena para perderse en ellos.

Santa Cruz de los Cuérragos, en la Sierra de la Culebra., localidad abandonada que está siendo recuperada de manera integral.

Santa Cruz de los Cuérragos, en la Sierra de la Culebra., localidad abandonada que está siendo recuperada de manera integral.

El gran Lago de Sanabria, los imponentes cañones de los Arribes del Duero, la belleza alada y migratoria de las Lagunas de Villafáfila y la fauna de la Sierra de la Culebra conforman una especie de paraíso natural que registró cerca de un millón de visitantes durante el año 2013.

El recorrido por los cuatro espacios naturales bien puede comenzar en el noroeste, en la comarca de Sanabria, donde el Parque Natural del Lago que lleva el mismo nombre ocupa casi 23.000 hectáreas y conserva una treintena de lagunas glaciares que por su difícil acceso han permanecido ajenas e inmunes a la alteración por la mano del hombre.

El Lago de Sanabria es la masa de agua que da nombre a este espacio protegido, lo que se justifica por la riqueza de sus paisajes y por sus dimensiones, que alcanzan una longitud máxima de 3.178 metros, una anchura de 1.590 y una superficie de casi 320 hectáreas.

Sobrevuelan el parque 142 especies de aves y habitan en él 41 especies de mamíferos, aunque la presencia más destacada en sus aguas es la de la trucha, que puede alcanzar dimensiones considerables y cuya carne adquiere un toro rosado que recuerda a la del salmón y que es muy apreciada tanto en la pesca deportiva como por los comensales.

Respecto a la diversidad botánica, hay que destacar que cuenta con 1.500 especies vegetales, algunas únicas en la península, y que el bosque dominante es el robledal.

El Parque Natural ofrece diversas alternativas y el tiempo determinará si el visitante puede sofocar el calor del verano en alguna de las playas del Lago o practicar deportes náuticos o si por el contrario verá las lagunas completamente heladas y las sierras y picos repletos de nieve.

Vista parcial del Lago de Sanabria desde una de sus orillas.

Vista parcial del Lago de Sanabria desde una de sus orillas.

Senderismo, paseos en bicicleta de montaña o a caballo o la búsqueda de múltiples variedades de setas harán las delicias también de los amantes de la micología en un espacio que ha inspirado múltiples y populares leyendas, así como a artistas de la talla de Miguel de Unamuno en su obra ‘San Manuel Bueno, mártir’.

En pleno Parque Natural, junto al río Tera, se encuentra la localidad de Ribadelago, donde un monumento y el antiguo cementerio recuerdan a los 144 fallecidos en la rotura de la presa de Vega de Tera el 9 de enero de 1959. A pocos kilómetros, los blancos edificios de Ribadelago Nuevo, construidos para cobijar a los supervivientes de la tragedia, rompen la armonía de la tradicional arquitectura sanabresa.

Y de Sanabria a la Sierra de la Culebra, segunda parada en este recorrido por los espacios naturales de Zamora y donde el lobo ibérico campa a sus anchas en unas tierras en las que llegado el mes de octubre el entrechocar de las cornamentas y el bramido del ciervo anuncian el espectáculo de la berrea.

Rodeada por las comarcas zamoranas de Aliste, Sanabria y La Carballeda y la portuguesa Tras Os Montes, se levanta la Reserva Regional de Caza de la Sierra de la Culebra, con 65.891 hectáreas de superficie. Dicen que su relieve, de formas suaves y ondulantes, recuerda al reptil que le da nombre y su mayor altura, en Peña Mira, alcanza los 1.243 metros.

La riqueza vegetal de la Sierra de la Culebra es equiparable a la de la fauna, con diferentes modalidades de pino y especies autóctonas de roble, melojo y castaño. Sus bosques son excelentes también para la práctica de la micología y los recolectores de setas pueden encontrar una amplia variedad de ‘boletus’ y de ‘amanitas cesáreas’.

En busca de setas, el visitante podrá encontrar huellas de lobo, puesto que la Reserva Regional de Caza acoge la población más numerosa de esta especie, además de ejemplares de jabalí, ciervo, corzo, nutria, gato montés, erizos, tejones y comadrejas. Cuenta además la Sierra de la Culebra con 14 especies de reptiles, incluidas cinco de culebras, lo que podría haber dado nombre a la sierra según apuntan algunas teorías.

Centro de Interpretación de las Lagunas de Villafáfila, con parros, ánades y gansos disfrutando de la otañada.

Centro de Interpretación de las Lagunas de Villafáfila, con parros, ánades y gansos disfrutando de la otañada.

El espacio natural se ha convertido en punto de encuentro de naturistas y de aficionados a la observación de estas especies de mamíferos. Para ello pueden aguardar en espacios especialmente seleccionados y habilitados para no molestar a los animales y poder observar la vida del lobo en plena naturaleza o la berrea del ciervo en su medio natural.

Próximamente está prevista además la apertura del Centro de Interpretación del Lobo en la localidad de Robledo, un proyecto que se concibe como un lugar de estudio e investigación de la especie tanto desde el punto de vista científico como etnográfico y cultural.

Otro de los espacios naturales de Zamora es el Parque Natural de los Arribes del Duero, con un total de 106.105 hectáreas compartidas entre las provincias de Zamora y Salamanca en la frontera natural con Portugal.

El paso tenaz del Duero por la roca de la comarca de Sayago durante millones de años ha esculpido este profundo cañón de hasta 200 metros de profundidad y 80 kilómetros de longitud.

El microclima existente, con una temperatura suave, la inexistencia de heladas y unas ciertas condiciones de humedad, ha dado origen a la presencia de animales y vegetales propios de la región mediterránea, por lo que encinares y peñascos se mezclan con cultivos poco frecuentes en la provincia como el olivo, el madroño, los enebros, algún naranjo o el alcornocal de Fornillos de Fermoselle.

Los peñascos y acantilados fruto de la erosión acogen especies como el buitre común, el águila real, la cigüeña negra, el águila culebrera o el búho real, mientras que por la noche es el murciélago el que campa a sus anchas por estos parajes y busca refugio en los paredones de piedra.

El Parque Natural de los Arribes del Duero ofrece al visitante la posibilidad de realizar un crucero medioambiental por el río en un barco desde el que contemplar las mejores estampas del cañón, así como su fauna y su flora.

Y de los Arribes a Tierra de Campos, donde el cereal y los palomares se adueñan de la llanura y donde se encuentra otro de los espacios naturales protegidos de la provincia, las Lagunas de Villafáfila.

Se trata de uno de los más importantes humedales de la Península y lugar de paso de miles de aves acuáticas durante sus viajes migratorios. Con 32.882 hectáreas y una orografía plana y de amplios horizontes, supone un importante enclave para las aves acuáticas en la geografía de Castilla y León y un complejo lagunar de máxima importancia a nivel nacional y europeo.

Los atardeceres del otoño y de la primavera son el momento propicio para la observación de aves en las Lagunas de Villafáfila, a las que regresan diariamente numerosas bandadas para descansar de sus vuelos migratorios.

De entre todas las especies presentes, la más numerosa es el ánade real, aunque también se pueden encontrar avefrías, cigüeñas blancas, garzas reales, la grulla común, ánsares y cigüeñas blancas. Aun así, la avutarda es la reina de la reserva, que cuenta con la mayor población estable de esta especie de todo el continente europeo.