Las Hurdes, el mundo por descubrir

  • Rincones que no deberíamos perdernos en un viaje a esta atractiva comarca cacereña

Las Hurdes están ahí y, sin embargo, pareciera que media un mundo para viajar hasta ellas. La culpa la tiene una orografía endiablada, repleta de vertiginosos barrancos, escabrosos valles en los que todo es cuesta arriba o cuesta abajo y carreteras en las que la línea recta es un bien bastante escaso. Una orografía tan difícil como propicia al aislamiento en el que vivió sumida durante siglos. Casi, casi hasta hace tan solo unas pocas décadas, cuando las comunicaciones mejoraron notablemente y por fin comenzó a borrarse de la memoria colectiva el recuerdo de terribles leyendas y hambrunas legendarias.

Ahora, Las Hurdes son otra cosa muy distinta y nada tienen que ver con las impactantes imágenes grabadas por Buñuel en 1933 para su documental ‘Tierra sin pan’ o con el territorio descarnado que conocieron el rey Alfonso XIII y su séquito cuando se adentraron a caballo por ellas en 1922.

Cabras de regreso al corral en la localidad de El Gasco.

Cabras de regreso al corral en la localidad de El Gasco. / J. Prieto

Ubicadas al norte de la provincia de Cáceres, en la llamada Alta Extremadura, limitan al norte y por el este con la provincia de Salamanca. Al norte, es el Sistema Central la línea divisoria. Al este, el valle de Las Batuecas. De hecho, Hurdes y Batuecas formaron parte de la misma estructura administrativa hasta que a principios del siglo XX Las Batuecas pasaron a integrarse en el municipio de La Alberca, no sin antes reavivar la secular historia de rivalidad existente entre Las Hurdes y este municipio salmantino. Una historia de rivalidad, o de sumisión más bien, que se remonta al año 1289, en el que el concejo de Granadilla cede la comarca al de La Alberca y queda sometida desde entonces a su jurisdicción, debiendo pagar tributos y derechos sin obtener, a juicio de los hurdanos, prácticamente nada a cambio.

No es fácil –nunca lo ha sido– organizar un recorrido coherente en un territorio que tiene las complicaciones orográficas como una marca de su personalidad. Aun así, para quien desee adentrarse en un viaje de exploraciones lleno de inolvidables descubrimientos, aquí va un posible itinerario.

Paisaje hurdano

Si se llega desde la provincia de Salamanca, Riomalo de Abajo es la puerta de entrada a Las Hurdes. Es también la oportunidad para el primero de los descubrimientos: recorrer los tres kilómetros de pista forestal señalizada que conducen hasta el mirador de La Antigua o del Melero para contemplar el espectacular meandro –casi un círculo completo– que se marca ahí el río Alagón. El camino se toma nada más pasar el puente sobre el Alagón, si llega desde Salamanca, hacia la derecha. El trayecto está señalizado con las marcas de PR31 y puede realizarse en coche.

Meandro del río Alagón en Riomalo de Abajo.

Meandro del río Alagón en Riomalo de Abajo. / J. Prieto

La EX-204 corre paralela al río Ladrillar hasta alcanzar el desvío que, por la CCV-166 conduce hasta la localidad de Las Mestas, donde confluye también la carretera que llega desde Las Batuecas. Comienza después una ascensión en la que, a medida que el río y la carretera remontan el valle, se evidencia el más característico paisaje hurdano: laderas empinadas, tímidos bancales que tratan de arrancar algo de horizontalidad a las montañas, grandes extensiones de matorral arbustivo formado en su mayor parte por jaras y brezos y, en algunas zonas, áreas boscosas especialmente de pino. Sin duda, otra singularidad del paisaje en esta zona de Las Hurdes la aporta el trabajo con las colmenas y la apicultura, una actividad que ha acabado por convertirse en una de las primeras fuentes de ingresos en la comarca.

El ascenso por carretera continúa hasta Riomalo de Arriba, una de las poblaciones más apartadas y despobladas de la comarca y, por esa misma razón, una de las que ha mantenido un número mayor de viviendas tradicionales. Entre sus calles se localiza el Centro de Interpretación de Las Hurdes. La razón de tal aislamiento es que, hasta hace bien poco, Riomalo era el último pueblo al que alcanzaba la carretera y pasar al colindante valle del río Hurdano suponía retroceder por completo hasta el comienzo de la ascensión. Una pista forestal se encargó de eliminar ese impedimento y hoy es posible cambiar de valle desde Riomalo de Arriba a través de Robledo y Carabusino hasta alcanzar Casares de las Hurdes, Asegur y Cerezal.

Desde esta última localidad da comienzo la remontada de otro de los valles hurdanos que ha de llevar, inexcusablemente, hasta la localidad de El Gasco, donde finaliza la carretera. Justo ahí, en uno de los extremos de la plaza donde acaba la carretera, se localiza el panel que indica el camino a seguir hasta la cascada del Chorro de la Meancera, hasta el que se tarda unos 45 minutos a pie y requiere buen calzado de montaña. Si no se dispone de tiempo, calzado o si el chorro no tiene agua, sí merece la pena en cualquier caso seguir las indicaciones hasta el merendero que se indica en el panel. Es un corto paseo que lleva sin dificultad por la orilla del río y permite contemplar la bella estampa del pueblo, una de las más tradicionales de todas Las Hurdes, y los bancales hortícolas aledaños.

Otro rincón imprescindible de esta localidad es el Centro de Interpretación de la Casa Hurdana, ubicado en un conjunto de viviendas y cuadras rehabilitadas con el fin de poder mostrar al visitante cómo se organizaba en su interior la vida cotidiana.

Más destinos

En este rápido viaje a Las Hurdes, en el que aún van a quedar muchas cosas que ver para una próxima ocasión, convendría desde aquí dirigirse hacia la localidad de Pinofranqueado, auténtico motor de actividad de la comarca, y fijar dos nuevos destinos. Por un lado la localidad de Erías, con un interesante conjunto de callejas a menudo unidas por estrechos pasadizos y famosa por la actividad de sus cesteros, y, por otro, el valle de los Ángeles.

Colmenas apiladas en una calle de Cabezo.

Colmenas apiladas en una calle de Cabezo. / J. Prieto

Este último se recorre en el camino hacia Ovejuela. Antes de alcanzar esta alquería, merece la pena desviarse de la carretera para visitar el apartado paraje en el que se ubican los melancólicos restos del convento del Cerro de los Ángeles, se dice que levantado por deseo expreso de san Francisco de Asís, que pudo llegar a conocer el lugar en la visita que realizó a la Península. Quien sí llegó a habitar el convento fue san Pedro de Alcántara. Hasta allí conduce una pista forestal de tierra que surge por la izquierda de la carretera. Tras 6 kilómetros de recorrido, ha de tomarse una nueva pista forestal que nace también por la izquierda y en sentido descendente. Un kilómetro más abajo, un nuevo desvío hacia la izquierda deja de inmediato frente a las ruinas. Se encuentran en el interior de una propiedad privada y solo pueden contemplarse desde fuera, pero las sensaciones que transmite el lugar, apartado del mundo como a mil años luz, bien merece el esfuerzo de llegar a plantarse ante ellas. De regreso a la pista forestal que se traía desde la carretera, puede continuarse el viaje, valle arriba, dos kilómetros más hasta coronar en el mirador de Los Llanos y sentarse a contemplar a lo lejos la caída del Chorro de los Ángeles.

Ovejuela, al final de la carretera y el valle, ofrece la posibilidad de un paseo hasta el salto de agua del Chorritero, uno de los más visitados de Las Hurdes. El camino se busca desde la plaza por la calle que sube hacia la derecha. Existen indicaciones que llevan hasta la plaza de la iglesia, donde se toma el camino que sale entre el templo y las huertas. El paseo se continúa hasta la zona de baño del Charco del Molino, donde se cruza hacia la otra orilla para continuar la remontada por la orilla derecha del arroyo. Cuatro veces más habrá que ir cambiando de orilla, siempre junto al río, hasta alcanzar el salto. Desde el pueblo hay unos 3 kilómetros y puede tardarse una hora y media.