Pocas son las instituciones que han mantenido tan fielmente sus costumbres y tradiciones a lo largo de la historia como lo han hecho las tunas en todo el mundo. El espíritu bohemio pícaro y conquistador del tuno, su vestimenta y su repertorio popular ha ido pasando de generación en generación desde la Edad Media hasta nuestros días. Una exposición organizada por la Fundación Centro Etnográfico Joaquín Díaz y con sede en la sala de exposiciones Mercedes Rueda en Urueña repasa, desde ayer y hasta dentro de un año, la historia de estas agrupaciones estudiantiles que nacieron con las universidades en el siglo XIII.
La muestra, denominada 'Arte de tunar', está compuesta por documentos originales -grabados, libros y publicaciones antiguas- de Roberto Martínez del Río, y por instrumentos cedidos, en su mayoría, por el Museo que Luis Delgado dirige en Urueña. Esta exposición monográfica pretende «re- crear la historia y la iconogrfía de las tunas y estudiantinas, estudiar su repertorio e indumentaria y mostrar la visión que la literatura ha dado de la institución universitaria a lo largo del tiempo», según informaron desde el centro etnográfico de Urueña.
Entre los instrumentos expuestos destacan mayoritariamente los de cuerda como guitarras, violines, bandurrias, laudes y mandolinas de siglos pasados, así como panderetas y panderos, útiles característicos de las tunas. En lo referente a obras literarias, el visitante tendrá acceso a las publicaciones que sobre las estudiantinas realizaron Melchor de Santa Cruz en su 'Floresta Española' (1574), López de Ubeda en 'La Pícara Justina' (1605) o Sebastián de Covarrubias en el 'Tesoro de la Lengua Castellana' (1611). El manteo o capa, los bombachos, las calzas, el sombrero de picos y las becas de diferentes colores -amarilla para la facultad de Medicina, roja para la de Derecho, azul para la de Filosofía...- también tienen un espacio reservado en esta original muestra.La Tuna Imperial de Derecho de Valladolid es una de las más antiguas de España. Desde su fundación no ha dejado de cantar, rondar a las jovencitas y cosechar éxitos por todo el mundo. Eduardo Enjuto, vallisoletano de 27 años, lleva 10 practicando con La Imperial 'el arte de tunar'.
-¿Qué le llevó a hacerse tuno?
-La tuna de Derecho nos dio la bienvenida el primer día de clase. Yo ya tenía nociones musicales y decidí apuntarme para tocar un instrumento y para conocer gente nueva.
-Entonces, ¿quien no haya estudiado música previamente no pude unirse a la tuna?
-No, mucha gente ha ingresado sin saber nada de música. En la tuna cada uno aporta lo que puede y unos nos enseñamos a otros, lo importante es pasarlo bien.
-La exposición organizada por la Fundación Joaquín Díaz en Urueña muestra un patron de tuno vividor, mujeriego... ¿Está usted de acuerdo con este modelo?
-No del todo, muchas veces la gente piensa que somos vagos, malos estudiantes... y eso son solo estereotipos. Como a todos, nos gusta viajar y nos gustan las mujeres (risas). Preguntadle a Joaquín Díaz, que es tuno de honor de Derecho.
-¿Ha cantado a muchas mujeres?
-Llevo diez años en la tuna cantándole a muchísimas personas, posiblemente a más gente que Los Rolling (risas), imposible acordarme de cuántas mujeres.
-¿Lleva diez años estudiando, o se puede ser tuno después de dejar la facultad?
-No hombre no, yo ya he terminado, pero uno puede seguir siendo tuno de otra manera, las obligaciones te ponen en otro lugar. Los mayores, por ejemplo, ya no vamos a cantar a las bodas, eso lo hacen los más jovencitos, mientras nosotros acudimos a certámenes...
-¿Uno de los mejores viajes que ha realizado con la tuna?
-Posiblemente a la Expo de Aichi en Japón, debimos gustarles porque nos invitaron dos veces.
-¿Cómo animaría a los jóvenes para que formen parte de la tuna?
-Sobre todo tienen que saber que es una buena oportunidad para hacer amigos, para desarrollar cualidades musicales y para conocer otras culturas. Pero si hace falta decir que se liga mucho para que los chavales de 18 se animen, lo digo (risas).