Fernando García sabía que su abuelo estaba enterrado en un paraje cercano a la localidad burgalesa de Villamayor de los Montes, porque así se lo contó el interventor de la cárcel de Aranda a su padre, que estaba preso en los primeros meses de la Guerra Civil. Muchos años más tarde y con ese único recuerdo, buscó el lugar donde estaba «una caseta de camineros cerca de la autovía», aunque después se enteró de que el cuerpo de su abuelo estaba en una gravera cercana. García localizó el lugar y acudió con una máquina para comprobar si la fosa se encontraba allí. «No esperaba encontrarme tantos cuerpos», reconoce.