nortecastilla.es
Viernes, 28 de julio de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares     Página de inicio
PORTADA ACTUALIDAD ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES

EL TIEMPO
AUDIENCIA


DEPORTES
CICLISMO
Landis entierra el ciclismo
El ganador del Tour dio positivo por testosterona en la etapa reina, la de su gesta en Morzine Si el contraanálisis lo confirma, la victoría final sería para Pereiro
Landis entierra el ciclismo
Landis el día que recuperó el jersey amarillo. / JAVIER SORIANO-AFP
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

El ciclismo no es un deporte. Es un paciente. Terminal. Si el contraanálisis confirma que Floyd Landis dio positivo por testosterona en la etapa mágica de Morzine, el Tour de la supuesta resurrección se convertirá en un entierro. Uno más. Más tierra sobre un deporte arrinconado por el dopaje y que camina desnortado hacia el abismo. Sin credibilidad. Marginal.

En 1998, en el Tour maldito del 'caso Festina', un 'pirata', Marco Pantani, salvó aquella edición con una aventura en el gélido Galibier. Tumbó a Ullrich y donó su aliento a una carrera moribunda. Parecía un salvador. Murió años después, solo y deprimido, en la habitación de un hotel barato de la decadente Rímini. Rodeado por cajas de fármacos. Así está ahora Landis, asediado por la testosterona, un hormona revitalizante. Fuerza artificial. De mentira. El Tour que antes de empezar tachó por tramposos a Ullrich, Basso, Mancebo, Sevilla y varios ciclistas del Astaná, ha terminado con un nombre más en la lista maldita: Floyd Landis, el chico menonita, el ciclista con fe. Un salvador llegado desde otro mundo para acabar como todos. Pedaleando sobre la lápida de un deporte que, sin credibilidad, se muere.

Estremece repasar los podios de las últimas ediciones del Tour, la Vuelta o el Giro. Hay más borrones que nombres. A Armstrong, ganador de la Grande Boucle desde 1999 hata 2005, le detectaron EPO en una muestra catada en 1999. Junto a él han figurado en el cajón de París varios apellidos de la 'Operación Puerto', como Ullrich, Basso o Beloki, sus rivales de más talla. Y a Rumsas, tercero en 2002, le echaron del ciclismo por encadenar escándalos. Al reinado de Armstrong le precedieron como vencedores Pantani (1998) -citado también en la operación contra el dopaje de la Guardia Civil-, Ullrich (1997) y Riis (1996), famoso por su elevada tasa de hematocrito. En toda una década, no queda un campeón sin sospecha o sin culpa.

Igual o peor en la Vuelta a España. Hay que remontarse a 1998, a Olano, para localizar un triunfador sin parentesco con el dopaje -al menos demostrado-. Sus sucesores son casi todos miembros de la lista de Eufemiano Fuentes, el médico canario que supuestamente dirigía al red de dopaje desarticulada en la 'operación Puerto', justo antes del inicio del último Tour. Ahí figuran Ullrich (vencedor en 1999), Ángel Casero (2001) y Heras (2000, 2003, 2004 y 2005).

Sólo se libra Aitor González. Se salva de estar en esa lista. Pero no en otra: dio positivo en la Vuelta a Suiza de 2005. Al ciclismo le sobran listas. El repaso al palmarés de la Vuelt a España parece una cicatriz. Purulenta. Un goteo de ocupantes del podio afectados: los vencedores, más Santi Pérez, Nozal, Beloki, Sevilla, Galdeano.... Es como si no hubiera nada que hacer. Como si el ciclismo necesitara su dosis diaria para seguir adelante. Huyendo hacia su final. Empezó como una leyenda y se ha convertido en una crónica de sucesos. La lista de éxitos es una lista de bajas. Son víctimas de su código interno: para los ciclistas no se 'dopa' el que recurre a sustancias o prácticas ilegales, sino el que exagera. El que se pasa. Así funciona el metabolismo de este deporte.

En apenas nueve meses, el Tour, la Vuelta y el Giro han perdido a sus ganadores. El de la Vuelta, Heras, cayó por EPO. El del Giro, Basso, por el apodo de su perro, 'Birillo', cliente habitual del Eufemiano Fuentes. Y el del Tour, Landis, por la vieja testosterona. «El equipo Phonak recibió ayer una comunicación en la que la UCI le informaba de que se había encontrado un contenido muy por encima de lo normal de testosterona/epitestosterona», aclaró ayer la escuadra helvética. Si se demuestra, expulsará al corredor.

El puesto de Landis en el palmarés de la Grande Boucle lo ocupará Óscar Pereiro, seguido por Kloden y Sastre. Pero nadie cubrirá el vacío que dejará este enésimo escándalo. La puntilla. En el peor momento. Ayer se supo que la televisión pública alemana dejará de retransmitir el Tour. Durante la prueba bajaron las audiencias. Menos voces en las cunetas. Más leves. Menos creyentes. Y desde ayer, casi ninguno.

Símbolo caído

Landis era ya un símbolo. Con una infancia sin contaminar. Alejado del consumismo, el dinero y la ambición. Huyó de su pueblo menonita subido en una bicicleta. Y con ella rotuló una etapa legendaria, maravillosa, un día después de desfallecer en La Toussuire. Un campeón humano. Renació camino de Morzine, con cinco puertos y 130 kilómetros. Un reto colosal. Sobrehumano. Pudo con el Caisse d'Epargne de Pereiro, con el CSC de Sastre y con el T Mobile de Kloden. Se le comparó con Merckx. De hecho, fue el campeón belga su cicerone, el que le animó a resucitar. Por unos días, el ciclismo vivió con Landis en un oasis de euforia. Ya tenía un bandera a la que asirse. Un nombre que izar. Un nuevo campeón. Limpio. Un motivo para creer en el ciclismo.

Si el contraanálisis no lo cambia, Landis pasará de mesías a enterrador. El primer vencedor del Tour tachado por dopaje. Sólo Pedro Delgado, en 1988, estuvo a punto de correr semejante vergüenza cuando en su orina aparecieron restos del fármaco 'Probenecid'. El segoviano se salvó por divergencias entre la UCI y el COI sobre ese producto. Landis sabrá en los próximos días si es la última víctima de un sistema de detección de dopaje cada vez más certero. Es la única lectura positiva de este caso: la trampa tiene un precio. Aunque quizá es demasiado elevado para un deporte que agoniza.



Vocento