El corazón de Carlos Ramírez ha girado durante muchos años a 33 revoluciones por minuto, las veces que un viejo vinilo (un 'long play') daba vueltas sobre uno de sus platos giradiscos. Durante bastantes años regentó la tienda de música Discos K en el centro de Valladolid. Además de experto en música, es un coleccionista que ha convertido el fetichismo del fanático en una forma de vida. Organiza las ya tradicionales ferias del disco de ocasión en varias capitales gracias a su empresa familiar, centrada en casi todas las variantes del coleccionismo.